Bruselas

En vísperas de la decisiva cumbre del 17 y 18 de octubre, las negociaciones del brexit se han convertido en una montaña rusa de emociones: en cuestión de horas puede pasarse de las cotas más altas de optimismo a tocar el fondo más sombrío. La reunión el jueves pasado entre el primer ministro británico, Boris Johnson, y su homólogo irlandés, Leo Varadkar, disparó las expectativas de una solución rápida. Las negociaciones técnicas del fin de semana naufragaron y abocaban de nuevo a un callejón sin salida. Pero en las últimas horas las señales positivas vuelven a cotizar al alza, sin ninguna explicación clara que explique estos cambios repentinos de humor.

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"Aunque será difícil llegar a un acuerdo, cada vez más difícil, todavía es posible lograrlo esta semana", ha asegurado este martes el negociador de la UE para el brexit, Michel Barnier, antes de informar a los ministros de Asuntos Europeos de los 27 sobre el estado de las negociaciones en una reunión celebrada en Luxemburgo.

"Obviamente, cualquier acuerdo debe funcionar para todo el mundo, para el conjunto  de Reino Unido y para el conjunto de la Unión Europea. Es el momento de convertir las buenas intenciones en un texto legal", ha agregado Barnier, sin dar más información del contenido del diálogo con Londres. Las negociaciones del brexit han entrado en modo túnel, lo que significa que se han intensificado pero a la vez se han vuelto totalmente opacas: apenas hay detalles de lo que están discutiendo Bruselas y Londres.

"Las conversaciones continúan y debemos dejarles espacio para que sigan. Hay en marcha conversaciones exhaustivas y un acuerdo todavía es muy posible", ha dicho a la prensa el negociador británico, Steven Barclay.

Según las filtraciones de las que se ha hecho eco la prensa británica, Johnson ha propuesto este fin de semana a Bruselas que Irlanda del Norte se convierta en una zona aduanera dual, que aplicaría a la vez las reglas de la UE y de Reino Unido. Eso permitiría cumplir el compromiso asumido por Bruselas y Londres de no erigir una frontera aduanera con infraestructuras físicas en la isla de Irlanda, que las dos partes temen que se convierta en blanco de ataques terroristas.

En la práctica, esto significa hacer un seguimiento de todas las mercancías que entren desde Gran Bretaña a Irlanda del Norte y aplicarles diferente tratamiento aduanero según si se quedan en Irlanda del Norte o van a entrar después en el mercado único comunitario.

Para Bruselas, este sistema es muy complicado y deja muchos flancos vulnerables al fraude. Por eso, los europeos todavía intentan convencer a Johnson de que vuelva a la salvaguarda irlandesa original, que consistía en mantener a Irlanda del Norte tanto en el mercado único como en la unión aduanera: la solución más fácil para evitar una frontera. Tampoco se han resuelto las diferencias entre UE y Reino Unido sobre el papel del Parlamento norirlandés a la hora de dar su consentimiento a cualquier pacto.

¿Es inevitable una tercera prórroga?

"No creo que sea inevitable que no podamos conseguir un acuerdo antes de la cumbre", ha declarado el ministro de Exteriores irlandés, Simon Coveney, al término del encuentro en Luxemburgo. "Lo que ha dicho Michel Barnier es muy claro: que es difícil pero posible tener un acuerdo entre los dos equipos negociadores antes de la cumbre de los líderes. Eso significa que debe haber muchos progresos hoy, pero creo que es factible si hay voluntad en las dos partes de concluir este proceso", ha resaltado.

Mucho más escéptica se ha mostrado la ministra francesa de Asuntos Europeos, Amélie de Montchalin, que asegura que no se inclina "ni por el optimismo, ni por el pesimismo, sino por la responsabilidad". "Buscamos un acuerdo, pero no a cualquier precio", ha subrayado.

"Tenemos tres principios muy simples. En primer lugar, garantizar la paz en Irlanda. En segundo lugar, el mercado interior no debe permitir una competencia ilegal mañana debido a que un país no imponga los controles regulatorios necesarios. Y en tercer lugar, la relación futura. Porque habrá una relación futura: Reino Unido siempre estará a 50 kilómetros de Calais y el túnel del Canal de La Mancha no se hará más largo. Esta relación futura debe ser leal y equilibrada", ha reclamado De Montchalin.

Si al final no hay acuerdo en las próximas horas, a los jefes de Estado y de Gobierno de la UE se les plantean dos opciones. En primer lugar, preparar ya una tercera prórroga del brexit. Johnson ya ha dicho muchas veces que no piensa pedirla y que Reino Unido se irá el 31 de octubre pase lo que pase. Pero la ley Benn aprobada por el Parlamento británico le obliga a solicitar un aplazamiento.

La otra alternativa es que Bruselas y Londres sigan negociando la semana que viene y convocar otra nueva cumbre el 29 y 30 de octubre, ya casi en tiempo de descuento, para sellar un posible compromiso de último minuto.