Bruselas

El runrún circula desde hace días por la prensa anglosajona. Se ha publicado en Bloomberg y también en The Times. La Unión Europea se dispondría a hacer nuevas concesiones en el último minuto a Boris Johnson con el fin de salvar las negociaciones del brexit, sostiene esta historia atribuida siempre a fuentes anónimas. Una oferta final imposible de rechazar que consistiría en poner un límite temporal a la salvaguarda para evitar el cierre de la frontera irlandesa. Un volantazo inesperado, dado que Bruselas ha rechazado sistemáticamente esta posibilidad durante los últimos tres años. Una maniobra desesperada con el fin de evitar una salida salvaje de Reino Unido sin acuerdo el 31 de octubre, que hundiría la economía europea.

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La concesión definitiva consistiría en un estatus especial para Irlanda del Norte, que se quedaría en el mercado único y la unión aduanera mientras que el resto de Reino Unido se marcha. Es decir, tendría que aplicar las leyes de la UE y no las de Londres. Un estatus que haría innecesarios los controles aduaneros y reglamentarios en la isla y protegería a la vez el Acuerdo de Paz del Viernes Santo y el mercado único europeo. Se trataría de volver a la salvaguardia irlandesa original (backstop) que diseñó Bruselas y que Theresa May descartó por considerar que ponía en riesgo la integridad territorial del país. 

La gran novedad es que la UE estaría ahora dispuesta a conceder al parlamento norirlandés de Stormont el derecho a abandonar unilatelarmente la salvaguarda a partir de 2025. Para ello se requeriría una doble mayoría de los partidos unionistas y republicanos en Belfast. Sin embargo, la asamblea de Stormont lleva cerrada más de dos años precisamente por la falta de acuerdo entre las dos comunidades. Si se sortea este problema e Irlanda del Norte decide salirse del backstop, el resultado sería de inmediato una nueva frontera en Irlanda. Es decir, el backstop no cumpliría su función de póliza de seguros para evitar la frontera en cualquier circunstancia.

La UE se ha esforzado otra vez este miércoles en pinchar este nuevo globo sonda, que parece que está difundiendo el propio Gobierno de  Johnson para ver si podría volar tanto en Bruselas como en Londres. De hecho, en su plan para el brexit ya figura el consentimiento de Stormont y el alineamiento legislativo de Irlanda del Norte con la UE. La única pieza que faltaría sería que Irlanda del Norte se quede también en la unión aduanera, algo que hasta ahora Johnson rechaza pero que podría aceptar en el último minuto.

Boris Johnson se reunió este martes con el presidente de la Eurocámara, David Sassoli Aaron Chown/Reuters

Sin embargo, las filtraciones, manipulaciones y tretas varias del primer ministro británico no impresionan en Bruselas. Los dirigentes comunitarios han dejado claro que no tienen ninguna intención de hacer más concesiones a Johnson. Ni se plantean lanzarle un salvavidas o un balón de oxígeno que le permita cantar victoria ante la opinión pública británica. Eso sí, mantendrán las apariencias de diálogo hasta el último minuto del 31 de octubre para que Londres no pueda culpar a la UE del caos del brexit.

La UE no acepta un juego de culpas

"La salvaguarda irlandesa no puede tener un límite temporal, ni puede condicionarse a una votación unilateral por parte de las instituciones de Irlanda del Norte", ha dicho el comisario alemán, Günther Oettinger, cuando se le ha preguntado en rueda de prensa por esta presunta oferta final de la UE para salvar las negociaciones del brexit.

En un debate posterior ante el pleno de la Eurocámara, el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, se ha quejado de las maniobras de Johnson para endosar a la UE el fracaso del diálogo. "No aceptamos este juego de culpas que ha empezado en Londres. No se nos puede culpar a nosotros", ha avisado Juncker.

"Para decir las cosas de forma simple y franca, con objetividad, en el momento en el que les hablo no estamos a punto de encontrar un acuerdo", ha declarado en el mismo debate el negociador de la UE para el brexit, Michel Barnier. El plan de Johnson no constituye una base adecuada para seguir negociando porque plantea "tres problemas importantes".

Jean-Claude Juncker, durante el debate en la Eurocámara este miércoles Yves Herman/Reuters

El primero es sacar a Irlanda del Norte de la unión aduanera, lo que en teoría obligaría a establecer una frontera aduanera con sus correspondientes controles. Sin embargo, el primer ministro británico sostiene que no habrá controles ni infraestructuras en la misma frontera. "Nosotros compartimos este objetivo, pero lo que se nos está pidiendo en realidad es aceptar un sistema que no está desarrollado y que no se ha probado de controles dispersos en la isla de Irlanda", alega Barnier.

El acuerdo es muy difícil

El segundo problema es que la alternativa que plantea Johnson a la salvaguarda irlandesa no es jurídicamente operativa, sino que todavía deberá concretarse durante el periodo de transición, lo que "supone un riesgo significativo para la integridad del mercado único". Es decir, los controles previstos no serán suficientes para garantizar la protección de los consumidores y las empresas comunitarias, dejando a la UE con importantes agujeros en su mercado interior.

El tercer problema se refiere precisamente a la exigencia de consentimiento del parlamento de Irlanda del Norte. Finalmente, Barnier alerta de que Johnson ha dado marcha atrás en el compromiso asumido por Theresa May de que Reino Unido mantendrá estándares sociales y medioambientales similares a los de la UE tras el brexit. Una actitud que dificulta cualquier acuerdo comercial futuro. "No aceptaremos el riesgo de dumping fiscal, social o medioambiental", ha avisado el negociador.

Pese a todos estos escollos en apariencia insalvables, la UE todavía simula que es posible un divorcio amistoso de aquí a la cumbre de líderes europeos del 17 y 18 de octubre. Barnier se reúne este jueves con su homólogo británico, Steven Barclay: "Nos mantendremos vigilantes y constructivos y vamos a continuar respetando al Reino Unido y a sus dirigentes. Seguiremos disponibles 24 horas al día en los próximos días".

"Aunque es muy difícil, si hay voluntad en ambos lados, un acuerdo con los británicos sigue siendo posible", sostiene el negociador de la UE.