Bruselas

El brexit ya no tendrá lugar el próximo viernes 29 de marzo de 2019. Esta era la fecha supuestamente irreversible, marcada a sangre y fuego en el calendario desde hace dos años por decisión del Gobierno de Theresa May. En la cumbre de primavera que ha terminado este viernes en Bruselas, los jefes de Estado y de Gobierno de la UE han aprobado retrasarla al menos unas semanas.

El aplazamiento supone una nueva humillación para May: los líderes europeos han rechazado sus planes y toman el control del proceso con el fin de tratar de amortiguar en la medida de lo posible el impacto de un brexit abrupto sin acuerdo.  

A primera vista, el nuevo calendario parece innecesariamente enrevesado. Una prórroga con varias fechas clave diferentes. Una estrategia que genera confusión, difícil de interpretar. En realidad, el mecanismo está cuidadosamente diseñado con el objetivo de dar una última oportunidad al Parlamento británico para que se deshaga de May, asuma las riendas y reconsidere el brexit. Ya no se fían de que la primera ministra británica pueda lograr la ratificación del acuerdo de divorcio.

La segunda prioridad de los líderes europeos es impedir que la crisis política que vive Reino Unido se eternice y se contagie al continente. "Queremos garantizar sobre todo la protección de nuestros ciudadanos y empresas, trabajando al máximo para una salida organizada, pero clarificando también las fechas y las modalidades para evitar que el proyecto europeo quede bloqueado o se convierta en rehén" de Londres, ha dicho el presidente francés, Emmanuel Macron. Por eso el aplazamiento es en realidad muy breve. La nueva hora de la verdad llegará en tres semanas: el 12 de abril.

En tercer lugar, la UE traslada toda la responsabilidad a Westminster y evita así que nadie en Reino Unido pueda culparle de un brexit abrupto sin acuerdo.

Viernes 29 de marzo: tercera votación fallida del brexit

El viernes 29 de marzo es el plazo tope que se le da a la Cámara de los Comunes para ratificar el acuerdo de divorcio que May firmó con la UE en noviembre. El Parlamento británico ya lo ha rechazado dos veces y por amplio margen. ¿La tercera será la vencida? En Bruselas nadie se lo cree.

En el debate a puerta cerrada del jueves, Macron dijo a sus homólogos que, antes de viajar a Bruselas, pensaba que May tenía un 10% de posibilidades de ganar la votación. Pero tras escuchar la intervención de la primera ministra durante la cumbre, redujo su estimación al 5%. El presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, le replicó que estaba siendo "demasiado optimista", según ha informado Reuters.

Ni siquiera el Gobierno de May confía en que el Acuerdo de Retirada se apruebe, aunque la primera ministra aseguró a sus homólogos en Bruselas que ese es su único plan. Su gabinete aún no ha confirmado la fecha de la votación (se especula con el martes o el miércoles de la semana que viene). Downing Street sopesa incluso someter a voto en la Cámara de los comunes hasta siete opciones diferentes, entre ellas un segundo referéndum, revocar el brexit, una salida abrupta sin acuerdo o una unión aduanera con la UE.

En el altamente improbable caso de que Westminster apruebe el acuerdo de May, la nueva fecha de salida de Reino Unido sería el miércoles 22 de mayo.

Viernes 12 de abril: o Westminster se deshace de May o brexit caótico

Si como todo apunta, May vuelve a sufrir una derrota humillante en la Cámara de los comunes la semana que viene, la UE concederá a Reino Unido una prórroga muy corta, de apenas tres semanas: hasta el 12 de abril. Es el tiempo del que dispondrá el Parlamento británico para deshacerse de May, asumir el control y tratar de consensuar una estrategia sobre el brexit que supere las divisiones partidistas. La fecha no se ha elegido al azar: es el último día que, según su legislación nacional, Londres puede convocar elecciones al Parlamento Europeo. 

"Hasta el 12 de abril, todo es posible: un acuerdo, una prórroga larga si Reino Unido decide repensar su estrategia o revocar el artículo 50", ha resaltado el presidente del Consejo Europeo. "Les hemos dado la oportunidad de repensarlo todo", sostiene el primer ministro danés, Lars Lokke Rasmussen. En este escenario, Reino Unido pediría una prórroga larga, de entre uno y dos años, y estaría obligado a convocar elecciones al Parlamento Europeo. Como May ha dicho que no quiere hacerlo, está claro que ella ya no sería primera ministra.

Sin embargo, la UE no va a dar a Londres una prórroga gratis: tiene que haber algún plan claro y viable. La alternativa favorita de los líderes europeos es la convocatoria de elecciones británicas anticipadas. También serviría que Westminster acuerde un brexit suave, con permanencia en la unión aduanera o incluso en el mercado único, siguiendo el modelo de Noruega. Los Veintisiete deberían autorizar esta nueva extensión en otra cumbre extraordinaria, probablemente el 10 de abril. ¿Es un escenario creíble?

"Sería un milagro. No digo que no crea en ellos, pero sé que los milagros son poco frecuentes", sostiene el primer ministro belga, Charles Michel. "Este milagro querría decir que en los próximos días habría una sorpresa en el debate político británico que hasta ahora no se ha producido", ha dicho.

El 12 de abril es por tanto la fecha clave del brexit. "Si para esa fecha no se ha aprobado el acuerdo de divorcio ni los británicos presentan un plan alternativo, se producirá automáticamente una salida desordenada de Reino Unido", explican a EL ESPAÑOL fuentes diplomáticas.

Miércoles 22 de mayo: el escenario ideal que no se producirá

Esta es la fecha de salida que prefieren los líderes europeos. Supondría que el Parlamento británico apruebe por fin la semana que viene el Acuerdo de Retirada tal y como está. El tiempo extra serviría únicamente para que Londres pueda completar los trámites legislativos de su salida, recoger sus cosas y marcharse.

Reino Unido estaría fuera de la UE un día antes de que los europeos empiecen a votar para la Eurocámara: sin posibilidad de interferir en los comicios ni en la elección de los futuros altos cargos de la UE o en la negociación del presupuesto plurianual. Los líderes europeos dejarían atrás los debates bizantinos del brexit y podrían por fin ocuparse de los problemas urgentes, como el frenazo económico, la política migratoria, la guerra comercial con EEUU o el auge de China. Esta alternativa es ahora poco más que un espejismo.

De hecho, el negociador de la UE para el brexit, Michel Barnier, les ha dicho a los líderes europeos que su escenario central es una salida caótica, según el Financial Times. Por su parte, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, cree que la UE ha dado una "nueva oportunidad" al acuerdo, pero admite que la última palabra la tiene el Parlamento británico.

En todo caso, Sánchez sostiene que España está preparada para un brexit desordenado. "Tenemos las suficientes herramientas, los necesarios instrumentos para abordar un eventual cliff edge (escenario de precipicio) en caso de que el Parlamento británico decida cerrar la puerta a cualquier tipo de entendimiento".

Una vez más, Tusk ha sido el mandatario que mejor ha sabido condensar el estado de ánimo de los líderes europeos. "El destino del brexit está en manos de nuestros amigos británicos. Nosotros, en tanto que UE, estamos preparados para lo peor, pero esperamos lo mejor. La esperanza es lo último que se pierde".