Bruselas

La precaria tregua comercial que firmaron el pasado verano la Unión Europea y Estados Unidos podría tener los días contados. El pasado 25 de julio, el presidente norteamericano, Donald Trump, y el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, sellaron en la Casa Blanca un pacto de mínimos para frenar la escalada de aranceles y medidas de represalia mutuas que amenazaba con bloquear el comercio transatlántico. El objetivo que se fijaron consistía en firmar un miniacuerdo que se centraría únicamente en la reducción de los recargos tarifarios a los productos industriales y del que se excluía explícitamente a la agricultura, con la excepción de la soja.

Tras más de medio año de contactos exploratorios, Trump se ha desdecido de sus compromisos y reclama incluir la agricultura en las negociaciones, presionado por los agricultores estadounidenses que se han visto perjudicados por la guerra comercial paralela entre EEUU y China. Al mismo tiempo, el presidente norteamericano mantiene su amenaza de imponer recargos arancelarios de hasta el 25% a los coches importados desde Europa. El Departamento de Comercio estadounidense tiene previsto presentar a mediados de febrero su informe sobre si los coches de la UE suponen una amenaza para la seguridad nacional de EEUU, primer paso para las sanciones.

"Creo que el presidente se inclina por hacerlo", ha dicho esta semana el senador republicano Chuck Grassley, experto en política comercial y muy cercano a Trump. "Europa está muy muy preocupada por esos aranceles (a los coches). Podrían ser el instrumento que obligue a Europa a negociar", sostiene Grassley. "Yo no estoy a favor de los aranceles, pero son una realidad cuando Trump está en la Casa Blanca y pueden resultar una herramienta eficaz", alega el senador.

No a un nuevo TTIP

Imponer recargos a los coches europeos "tendría un efecto muy perjudicial en nuestras negociaciones", ha respondido este viernes la comisaria de Comercio, Cecilia Malmström. Pero lo cierto es que Bruselas no descarta en absoluto este escenario. "Si eso ocurre, estamos muy avanzados en nuestros preparativos internos sobre una lista de medidas" de represalia, avisa Malmström. Es decir, la UE impondría a su vez recargos tarifarios a un gran número de productos estadounidenses como ya hizo tras los aranceles de EEUU al acero y el aluminio de la UE. Unos aranceles que siguen en vigor pese a la tregua comercial entre Bruselas y Washington.

Los seis meses de contactos exploratorios desde el pacto entre Juncker y Trump ni siquiera han servido para pactar la agenda de temas en las negociaciones entre la UE y EEUU. El mandato negociador presentado este viernes por Malmström, que ahora debe ser aprobado por los Gobiernos europeos, se ciñe a dos miniacuerdos: el primero, centrado estrictamente en la eliminación de los aranceles aplicados a los productos industriales, excluyendo a la agricultura; el segundo para facilitar a las empresas la demostración de que sus productos cumplen los requisitos técnicos a ambos lados del Atlántico, eliminando así barreras comerciales no arancelarias.

"Los aranceles para productos industriales en ambos lados del Atlántico ya son bastante bajos, de media un 4,2% en la UE y un 3,1% en EEUU. Pero los volúmenes de comercio son muy significativos, casi 600.000 millones de euros en 2017, así que esto sería importante para las dos partes", ha señalado Malmström.

Sin embargo, el mandato negociador aprobado la semana pasada por la Casa Blanca es mucho más amplio e incluye como objetivo "garantizar un acceso integral al mercado de la UE para los productos agrícolas de EEUU reduciendo o eliminando los aranceles". Washington también quiere suprimir las restricciones europeas a los transgénicos y a las importaciones de carne de ternera tratada con hormonas. La agricultura fue uno de los puntos conflictivos que hizo naufragar el controvertido tratado de libre comercio (TTIP) que la UE negociaba con el expresidente Barack Obama y que se archivó tras la llegada de Trump. Una experiencia que Bruselas no quiere repetir.

La disputa sobre la agricultura

"No estamos proponiendo ningún tipo de negociación con EEUU para reducir o eliminar los aranceles sobre los productos agrícolas. Esta área ha quedado fuera como muchas otras cuestiones en las que sería difícil lograr acuerdos, como las indicaciones geográficas protegidas o la propiedad intelectual", ha subrayado la comisaria de Comercio en rueda de prensa.

"¿Por qué hacemos esto? Porque pensamos que ésta es una agenda comercial bien enfocada que puede cerrarse rápidamente, que facilitaría el comercio transatlántico y ayudaría a evitar una escalada en nuestras tensiones comerciales", alega Malmström. "No estamos, y quiero ser muy clara sobre esto, proponiendo reiniciar las negociaciones sobre un acuerdo comercial amplio con EEUU", insiste.

El sector agrícola español tampoco ve prioritario incluir la agricultura en las negociaciones comerciales con Washington. "Nosotros tenemos intereses exportadores como es el vino, el aceite o frutas y hortalizas, pero también intereses defensivos como la carne de vacuno o los cereales. No consideramos que sea muy importante porque nosotros vamos a seguir comerciando con EEUU, el comercio no está cerrado", explica a EL ESPAÑOL el director de la oficina de ASAJA en Bruselas, José María Castilla. "Además hay que tener en cuenta que está el conflicto de las aceitunas de mesa de por medio", resalta.

La administración Trump impone desde el pasado agosto un recargo arancelario del 35% a las aceitunas negras de mesa españolas, muy populares para pizzas y sándwiches, lo que ha hecho que las ventas se desplomen. Alega que se venden por debajo del precio de mercado gracias a las subvenciones europeas. Bruselas considera injustificables las tarifas y sopesa recurrirlas en breve ante la Organización Mundial del Comercio.

Al margen de este conflicto, la UE sostiene que está cumpliendo "al pie de la letra" su parte del trato entre Juncker y Trump. En particular, las importaciones a la UE de semillas de soja procedentes de EEUU han aumentado un 112% entre julio y diciembre de 2018, en comparación con el mismo periodo del año anterior. EEUU es ahora el principal proveedor de soja de Europa y pronto podrá ampliar su mercado tras la decisión de Bruselas de iniciar el proceso de autorización del uso de habas de soja norteamericanas para biocombustibles.

Las cifras más recientes también ponen de manifiesto un fuerte aumento de los envíos de gas licuado de EEUU en octubre y noviembre del año pasado. En ambos casos, los incrementos se deben a la demanda del mercado más que a la actuación de las instituciones de la UE.

Bruselas está dispuesta además a reducir a cero los aranceles a los coches importados de EEUU (actualmente en el 10%) si la Casa Blanca hace lo propio con los europeos. "Estamos dispuestos a poner nuestros aranceles a vehículos en la mesa de negociación como parte de un acuerdo más amplio si EEUU acepta trabajar con nosotros para lograr un arancel del 0% en todos los productos industriales", ha anunciado Malmström. Los coches estaban en principio excluidos en el preacuerdo entre Juncker y Trump.

¿Serán estos argumentos suficientes para convencer al presidente norteamericano de excluir a la agricultura de las negociaciones comerciales? ¿O consumará Trump su amenaza de imponer aranceles a los coches europeos? En Bruselas se preparan para todos los escenarios: si hay algo seguro es que la política del inquilino de la Casa Blanca hacia la UE es impredecible.