Bruselas

"Si el problema está en Londres, la solución no puede venir de Bruselas", asegura un alto diplomático europeo. Los líderes de la UE no saben qué hacer para ayudar a Theresa May a lograr que el Parlamento británico ratifique el acuerdo del brexit firmado el 25 de noviembre. La votación estaba programada para el 11 de diciembre, pero se ha aplazado indefinidamente ante la evidencia de que May iba a sufrir una derrota humillante: los conservadores euroescépticos, los laboristas y los unionistas irlandeses rechazan el texto. Desde Bruselas se observa el debate en Reino Unido con una mezcla de incredulidad e impotencia

"Hay que rebajar la temperatura. Esos ataques que llegan desde Westminster hacia Europa y hacia la Comisión Europea no serán respondidos de la misma manera por la Comisión y la UE, aunque me gustaría hacerlo", ha dicho el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker. El primer ministro luxemburgués, Xabier Bettel, ha criticado el oportunismo de los euroescépticos radicales. "Por razones políticas, hay gente en Londres que está dispuesta a jugar con la relación futura entre Reino Unido y la UE. Eso es malo", sostiene Bettel.

Durante el Consejo Europeo que ha concluido este viernes en Bruselas, el último del año, Theresa May ha sido incapaz de dar garantías a sus socios de que el Tratado de Retirada pueda aún salvarse. "Hemos escuchado a la primera ministra y no hemos recibido indicaciones sólidas de que el Parlamento británico aprobará el acuerdo. Hay enormes dudas", se quejaba el primer ministro belga, Charles Michel. La UE se pasa ya al plan B: un brexit caótico sin acuerdo el 29 de marzo de 2019 es ahora el escenario más probable.

Encontronazo entre Juncker y May

"Hemos trabajado sobre el no acuerdo. Mi impresión es que nuestros preparativos deben acelerarse, porque ahora es una opción realista", sostiene Michel. "Los riesgos de no ratificación son reales habida cuenta de la postergación de la votación del acuerdo en el Parlamento británico", coincide el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. El Gobierno español lleva ya una decena de reuniones ministeriales para prepararse: su prioridad es proteger los derechos de los españoles que residen en Reino Unido. Por su parte, la Comisión Europea publicará el próximo 19 de diciembre los planes de contingencia a nivel de la UE.

May todavía ve posible salvar el acuerdo del brexit

Pese a todo, la primera ministra británica no tira la toalla. Todavía confía en recibir garantías jurídicas de Bruselas que convenzan a la Cámara de los Comunes de ratificar los papeles del divorcio. Un compromiso vinculante de que Reino Unido no quedará atrapado indefinidamente en una unión aduanera con la UE, la solución de último recurso que se ha ideado para evitar una frontera dura entre Irlanda e Irlanda del Norte.

"Mi discusión con colegas hoy ha mostrado que es posible lograr más aclaraciones", ha dicho la primera ministra británica. Unas garantías que deben llegar rápidamente porque, según ha explicado, la votación en el Parlamento británico será antes del 21 de enero. No obstante, no ha dado ninguna precisión más sobre el tipo de declaración que reclama ni cuándo o cómo espera obtenerla.

Sin embargo, los líderes europeos no comparten en absoluto esta interpretación. Ni siquiera hay previstas más discusiones sobre las garantías jurídicas que pide May. "No tengo ningún mandato para organizar negociaciones adicionales. Tenemos que excluir cualquier tipo de reapertura de las negociaciones sobre el Acuerdo de Retirada, pero por supuesto estaremos aquí en Bruselas y siempre estoy a disposición de la primera ministra May", ha afirmado el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk.

"Ya hemos llevado a cabo una negociación y este es un buen acuerdo y el único posible", señala el presidente francés, Emmanuel Macron. "Ahora corresponde al Parlamento británico tomar una posición clara sobre el acuerdo negociado por Theresa May y su equipo", agrega. Los líderes de la UE creen que las garantías jurídicas que reclama la primera ministra británica supondrían reabrir el Tratado de Retirada por la puerta de atrás y ni siquiera resultarían suficientes para que Westminster lo ratifique. Sería un esfuerzo fútil.

El choque entre Juncker y May, paso a paso

La incomunicación total que se vive estos días entre Bruselas y Londres se ha reflejado de nuevo en el encontronazo ante las cámaras que han protagonizado Juncker y May este viernes durante la cumbre de la UE. En las imágenes se ve a una May con rostro indignado abroncando a Juncker. El presidente de la Comisión trata de calmarla cogiéndole del brazo. Detrás de ellos, el primer ministro italiano, Giuseppe Conte, les observa pero no se atreve a interrumpir la pelea. Al final de la secuencia, el primer ministro holandés, Mark Rutte, se dirige hacia ellos en lo que parece un intento de poner paz.

Todo fue un malentendido. Juncker se quejó el jueves por la noche en rueda de prensa de que el debate británico era "nebuloso e impreciso". A May le contaron que se trataba de un insulto personal contra ella. "He mantenido una discusión enérgica con Jean-Claude Juncker. Es el tipo de discusión que se puede tener con alguien con que has desarrollado una relación de trabajo y con quien trabajas bien. El resultado es que él me aclaró que cuando usó esa frase estaba hablando del nivel del debate en general", ha explicado la primera ministra al término de la reunión.

"No estábamos bailando", ha ironizado el presidente de la Comisión en referencia al intento de baile de May en la última conferencia de su partido al ritmo de Dancing Queen. "Ella creía que la había criticado diciendo que la posición británica era nebulosa. Pero yo ni siquiera sabía que esta palabra existe en inglés. No me refería a ella sino al estado del debate en Reino Unido. Durante la mañana, tras verificar lo que dije, estaba besándome", asegura Juncker.

"Hemos tratado a la primera ministra May con el mayor respeto, todos nosotros. Y realmente apreciamos sus esfuerzos para ratificar nuestro acuerdo común. Mi impresión es que de hecho hemos tratado a la primera ministra May con mucha más empatía y respeto que algunos diputados británicos", ha zanjado el presidente Tusk.