Bruselas

Los auspicios sobre la minicumbre de Bruselas dedicada a la crisis migratoria eran tan negativos que el resultado ha sido mucho mejor de lo que se esperaba. Tras varios días en los que el nuevo Gobierno populista de Italia ha cruzado reproches con Francia, Alemania o España, su primer ministro, Giuseppe Conte, ha mantenido este domingo "una actitud constructiva y nada conflictiva". "No ha habido fricciones, ni negatividad, ni peleas de gallos. Ha sido una reunión muy útil", ha explicado un alto funcionario presente en la reunión.

Los 16 países participantes (España, Alemania, Francia, Grecia, Italia, Bulgaria, Austria, Malta, Bélgica, Holanda, Dinamarca, Finlandia, Suecia, Croacia, Eslovenia y Luxemburgo) han llegado a un principio de acuerdo para blindar las fronteras de la UE y reducir los flujos migratorios, al que se ha sumado también el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en su estreno en Bruselas.

Además, existe un consenso creciente para crear campos de retención de inmigrantes en países de África (como Libia, Túnez o Níger) donde se conducirá en el futuro a los migrantes rescatados en alta mar, para evitar que se repitan disputas como la del Aquarius, explican las fuentes consultadas. Finalmente, los líderes han dado una acogida positiva al plan del presidente francés, Emmanuel Macron, apoyado por Sánchez, de poner en marcha centros de internamiento en los países fronterizos de la UE, en particular Italia, España y Grecia.

"Todos estamos de acuerdo en que queremos reducir la inmigración ilegal, en que queremos proteger nuestras fronteras", ha dicho la canciller Angela Merkel al término de la minicumbre, que ha durado algo más de cuatro horas. Macron ha explicado que hay "consenso" para "mejorar la cooperación con los países terceros y los países de tránsito y acelerar el refuerzo de las fronteras comunes". Este principio de acuerdo se transmitirá ahora a la cumbre del 28 y 29 de junio, en la que ya participarán los 28 Estados miembros, y en la que está previsto concretar estas decisiones.

En contraste, los Gobiernos europeos siguen sin acercar posturas sobre cómo repartirse a los demandantes de asilo y a los migrantes económicos que consigan llegar a la UE. El primer ministro italiano, apoyado por el griego Alexis Tsipras, ha reclamado más solidaridad al resto de socios. Alega que es injusto que los países en primera línea de la frontera deban soportar toda la carga y reclama algún tipo de cuotas de reparto.

Conte presentó al resto de líderes un plan detallado de Italia para reformar el sistema migratorio europeo con más solidaridad. "Qu¡en desembarca en Italia, desembarca en Europa. Hay que reafirmar la responsabilidad-solidaridad como un binomio, no como una alternativa. Está en juego Schengen. Debe haber una responsabilidad común de los Estados miembros en caso de naufragio en alta mar. No puede recaer todo el peso sobre el país de primera llegada", dice el plan italiano.

Pero sobre este problema no ha habido avances y el debate se aplaza de nuevo al menos hasta septiembre.

Pese a ello, el primer ministro italiano se ha declarado "muy satisfecho" con el resultado de la minicumbre. "Hemos conferido la dirección correcta al debate actual. Nos vemos el jueves en el Consejo Europeo", ha escrito Conte en su cuenta de Twitter. Los países del denominado grupo de Visegrado (Hungría, Polonia, República Checa y Eslovaquia), que rechazan las cuotas de refugiados, han boicoteado el encuentro de este  domingo.

Refuerzo de Frontex y acuerdos con países africanos

Por lo que se refiere al blindaje de las fronteras exteriores, los jefes de Estado y de Gobierno están de acuerdo en que la UE debe asumir un papel de control más importante. Para ello se reforzará la dotación y los poderes de la Guardia Europea de Fronteras y Costas (FRONTEX) con el fin de convertirla en una auténtica policía común de fronteras. Bruselas ya ha propuesto ampliar su plantilla de 1.500 a 10.000 personas y presentará nuevas ideas en septiembre. También se darán nuevas competencias a la Oficina Europea de Apoyo al Asilo (EASO).

En cuanto a los centros de retención de inmigrantes en África, el mandato que sale de la minicumbre es que hay que concretar más cómo se pondrán en marcha. Allí se desembarcará a las personas rescatadas en alta mar para evitar nuevas disputas como la del Aquarius. Su función será la de separar a los demandantes de asilo, que sí podrían viajar a la UE, de los migrantes económicos, que tendrán que ser devueltos a sus países de origen. Los líderes europeos esperan además que reduzcan los incentivos para embarcarse en viajes peligrosos.

La intención de Bruselas es que sean gestionados por el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados y la Organización Internacional para las Migraciones. "No van a ser agujeros negros, se ajustarán al derecho internacional y europeo", explica el alto funcionario. Sin embargo, de momento ningún país africano ha aceptado albergar un campo de este tipo y algunos como Túnez lo han rechazado expresamente.

Los líderes europeos esperan convencerlos cerrando acuerdos globales para combatir la inmigración irregular. El modelo es el pacto que se firmó con Turquía en 2016 y que ha permitido reducir en un 975 las llegadas de migrantes a las islas griegas. "El acuerdo entre la UE y Turquía sirve como ejemplo", ha dicho Merkel. Otros países con los que Bruselas quiere negociar son Marruecos, Argelia, Egipto o Níger. 

También se ha acordado seguir trabajando sobre la propuesta francoespañola de crear centros de retención de migrantes en Italia, Grecia y España. Una idea que no es incompatible con los campos en África, sino que podría desarrollarse de forma simultánea. En cambio, se ha rechazado la tercera opción planteada por Austria de centros en los Balcanes para devolver a los demandantes de asilo localizados en el centro de Europa y tramitar allí su solicitud. Se considera que no respeta el derecho humanitario internacional.

Sin embargo, para poder llevar a cabo todas estas iniciativas falta dinero. La Comisión Europea ha recordado a los Estados miembros que todavía tienen que poner 500 millones de euros para financiar los acuerdos con países africanos y otros 3.000 millones para el pacto entre la UE y Turquía. Los Gobiernos están arrastrando los pies a la hora de poner estos fondos.

Merkel no logra su objetivo

La incógnita ahora es si estas iniciativas serán suficientes para apuntalar a Merkel, cuyo Gobierno se tambalea por la crisis migratoria. Su ministro del Interior, Horst Seehofer, ha puesto de plazo a la canciller hasta el final de esta semana para encontrar soluciones europeas que frenen la llegada a Alemania de demandantes de asilo ya registrados en Italia. De lo contrario, amenaza con actuar de forma unilateral para rechazarlos en la frontera, lo que probablemente provocaría la caída del Gobierno alemán.

La canciller había pedido al comienzo de la minicumbre, que se convocó a petición suya, "acuerdos bilaterales o trilaterales" para resolver esta cuestión. Pero en el encuentro no se ha logrado ninguna solución para frenar estos "movimientos secundarios" de refugiados entre Estados miembros de la UE. La cita definitiva será el Consejo Europeo que tendrá lugar el próximo jueves y viernes, en el que los líderes buscarán avances decisivos hacia una política de asilo y migración comunes.