Bruselas

Pedro Sánchez se estrenará en Bruselas como presidente del Gobierno el próximo domingo 24 de junio con una minicumbre de emergencia sobre la crisis migratoria. La reunión ha sido convocada este miércoles por el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, a petición de la canciller Angela Merkel, con el objetivo de que los países más afectados busquen soluciones antes del decisivo Consejo Europeo del 28 y 29 de junio.

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Además de España y Alemania, el resto de países que han confirmado su asistencia son Francia, Grecia, Italia, Bulgaria, Austria y Malta, según aseguran a EL ESPAÑOL fuentes europeas. También se ha sumado posteriormente al encuentro el primer ministro holandés, Mark Rutte.

"Invito a una reunión de trabajo informal sobre los temas de migración y asilo a un grupo de Estados miembros interesados. El objetivo de la reunión, que tendrá lugar este domingo en Bruselas, es trabajar en soluciones europeas de cara al Consejo Europeo", ha escrito Juncker en su cuenta de Twitter. El presidente de la Comisión ha decidido convocar la minicumbre urgente tras reunirse este martes en la localidad alemana de Meseberg con Merkel y el presidente francés, Emmanuel Macron.

La decisión de Sánchez de acoger a los 630 migrantes del Aquarius, cuyo desembarco había sido rechazado tanto por Italia como por Malta, ha situado a España en el centro del debate migratorio en la UE. La mayoría de los dirigentes comunitarios han elogiado el gesto del presidente del Gobierno español, aunque todos coinciden en que se necesita una auténtica política europea común de migración y asilo. Sánchez viajará a Bruselas tras reunirse el sábado con Macron en París, su primer viaje al exterior desde su elección.

La UE, dividida por la migración

La disputa por el Aquarius ha puesto al descubierto las profundas divisiones dentro de la UE en materia de política migratoria. En apenas unos días, el nuevo Gobierno populista italiano, y en particular su ministro del Interior, el ultra Matteo Salvini, se ha peleado con Malta y con Francia tras decretar el cierre de los puertos a los barcos de ONGs que rescatan inmigrantes en el Mediterráneo. La minicumbre de Juncker es un intento de rebajar la tensión. 

La crisis migratoria ha debilitado también en los últimos días la posición de Merkel en Alemania. Su ministro del Interior, Horst Seehofer, del partido hermano bávaro CSU, le ha dado a la canciller un plazo de dos semanas para pactar medidas en la UE que frenen los flujos migratorios. De lo contrario, amenaza con actuar unilateralmente y rechazar en frontera a los demandantes de asilo que ya hayan sido registrados en otro Estados miembro, lo que podría provocar la caída del Gobierno alemán. Los líderes europeos buscan soluciones que salvaguarden la estabilidad de Merkel.

En este sentido, los Gobiernos europeos tienen previsto adoptar nuevas medidas para evitar los "movimientos secundarios" de demandantes de asilo entre los Estados miembros, según figura en el borrador de conclusiones del Consejo Europeo del 28 y 29 de junio. Unas medidas que de momento no se ha detallado y que podrían discutirse también en la minicumbre del domingo. 

Los líderes europeos tienen previsto además dar luz verde a la creación de campos de refugiados fuera de la UE, en países como Túnez o Libia, donde se conducirá en el futuro a los migrantes rescatados en alta mar, para evitar nuevos casos como el Aquarius. Allí se separaría a los migrantes económicos, a los que se denegaría la entrada a territorio comunitario, de los refugiados, que sí podrían acceder a la UE.

La idea ha sido puesta sobre la mesa por el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, que se reunió con Sánchez este martes en Madrid. "Todos podemos aprender de España cómo gestionar la migración de forma eficaz", asegura Tusk. En Bruselas se considera un modelo la política de España de cerrar acuerdos con los países de origen y tránsito como Marruecos, Senegal o Mauritania para frenar la llegada de migrantes.

De hecho, en lo único en lo que parecen estar de acuerdo los líderes europeos es en las medidas para reforzar los controles en las fronteras exteriores de la UE y reducir los flujos migratorios. En cambio, ya no se habla en Bruselas de iniciativas como el reparto de demandantes de asilo para aliviar la presión que sufren Italia y Grecia. Las cuotas obligatorias han sido vetadas por países como Hungría, Polonia, República Checa o Austria y podrían quedar definitivamente enterradas en el Consejo Europeo.