Los grandes temas ya están sobre la mesa, las palabras ya no impresionan tanto. Han pasado cinco años desde que Jorge Mario Bergoglio subió al balcón de San Pedro y saludó a sus fieles con un sencillo “buenas tardes”. Sus formas siguen siendo frescas, la conexión con el público se mantiene, pero ese italiano espontáneo se ha transformado en un lenguaje más medido en el que los anuncios han quedado dichos. Para los conservadores los cambios han ido demasiado lejos, a los más progresistas les sabe a poco. No esperen a estas alturas nuevos saltos mortales, la revolución de Francisco es la que es. El pontificado de Bergoglio ha introducido importantes novedades, aunque ahora entra en una segunda fase en la que no se mide tanto la novedad sino el alcance de lo prometido. Se dice que la segunda legislatura es la que hace que los presidentes pasen a la historia y Francisco, al fin y al cabo, es un jefe de Estado.

Pederastia

Uno de los primeras lemas que difundió el Vaticano fue el de la “tolerancia cero” con las acusaciones de pederastia por parte del clero. Poco después del inicio de su llegada Francisco creó del Comité de Abusos a Menores –un órgano consultivo que se encarga de estudiar estos casos- y en 2015 se abrió juicio en el Vaticano contra el ex nuncio en República Dominicana, Josef Wesoloswki. Fue la primera vez que se celebraba un proceso de este tipo en el Vaticano, aunque tras la primera sesión el acusado murió de forma súbita.

En 2016 Francisco firmó un decreto para expulsar a obispos que cometan “negligencia”, sobre todo “con los casos de abusos sexuales”. Sin embargo, hace sólo un par de meses subió el tono ante un grupo de periodistas al asegurar que las acusaciones de encubrimiento del obispo chileno Juan Barros “son todo calumnias”. Después -en un mensaje pocas veces escuchado- reconoció que se equivocó en las formas, pidió disculpas y envió al arzobispo Charles Scicluna a estudiar el caso.

El Vaticano no ofrece datos sobre las denuncias de abusos que llegan a la Congregación para la Doctrina de la Fe, aunque se calcula que son varios miles. Tres miembros independientes del Comité de Abusos a Menores han dimitido al considerar que sus recomendaciones no se están cumpliendo, mientras que el prefecto de la Secretaría de Economía, George Pell –nombrado por Francisco- está siendo juzgado en Australia por delitos de pederastia, por lo que se puede afirmar que éste sigue siendo uno de los asuntos más espinosos del pontificado. El papa asegura que cada viernes se reúne con víctimas, ya que considera que se trata de “la desolación más grande que está pasando la Iglesia”.

Homosexuales

Si hay una frase que pasará a la historia es: “Si una persona es gay y busca a Dios, ¿quién soy yo para juzgarlo?”, pronunciada al regresar de Brasil, su primer viaje internacional. Un cambio de rumbo que quedó después detallado en la exhortación apostólica Amoris Laetitia -la mejor aproximación a la visión pastoral de Francisco-, en la que sostiene que “toda persona independientemente de su tendencia sexual ha de ser respetada en su dignidad”, mientras que las familias en las que hay homosexuales deben recibir un “acompañamiento” por parte de la Iglesia.

El papa añade en este mismo texto y lo ha remarcado en más ocasiones que en ningún caso las uniones entre parejas del mismo sexo pueden equipararse con el matrimonio. Un ejemplo que podría resumir la revolución de Francisco, según el vaticanista Marco Politi: “No tenemos a un papa obsesionado por los métodos anticonceptivos, los homosexuales, el divorcio… Simplemente entiende que la Iglesia no puede ser un organismo judicial represivo, pero tampoco cambia nada la doctrina ni el catequismo”.

Divorciados y aborto

También en Amoris Laetitia está el ensayo más completo del papa hacia los matrimonios truncados. Debe existir un “discernimiento” en el caso de “las personas divorciadas que viven en una nueva unión”, a las que “es importante hacerles sentir que son parte de la Iglesia, que no están excomulgadas y que no son tratadas como tales”. Es, probablemente, la aportación teórica que más suspicacias ha levantado en el clero, hasta el punto de que el cardenal ultraconservador Raymond Burke anunció que pediría una corrección formal del papa y cuatro cardenales escribieron una carta pidiendo aclaraciones que nunca recibió respuesta. “Se le acusa de ambigüedad y es cierto, porque él impone siempre la teoría de la comparación, del discernimiento y esto implica ambivalencia”, afirma la teóloga Marinella Perroni.

En esa misma línea, Francisco pidió que los sacerdotes estudiaran caso por caso y pudieran perdonar a las mujeres que hubieran interrumpido voluntariamente el embarazo y buscaran la absolución, una medida antes reservada sólo a los obispos. "Quiero enfatizar con todas mis fuerzas que el aborto es un pecado grave, porque pone fin a una vida humana inocente", puntualizó, sin embargo, Francisco en la misma carta apostólica.

Mujer

Con motivo del pasado Día Internacional de la Mujer, el papa afirmó en Twitter –un nuevo cambio en la comunicación de la Santa Sede- que “las mujeres tratan cada día de construir una sociedad más humana y acogedora”. Otra de las frases más repetidas por Francisco es que ellas deben jugar un papel importante en la Iglesia, porque “la Iglesia es madre” y es un concepto femenino.

La biógrafa de Bergoglio, la periodista argentina Elisabetta Piqué, recuerda que “la vicedirectora de comunicación de la Santa Sede [la española Paloma García Ovejero] y la directora de los Museos Vaticanos son mujeres”. También hay dos nuevas vicesecretarias de dicasterios, los ministerios vaticanos. Sin embargo, cada vez son más las voces de las católicas que piden una mayor inclusión, al margen del debate abierto por Francisco sobre las diaconisas, como quedó patente en un reciente congreso llamado Voices of Faith (Voces de Fe), organizado por asociaciones religiosas femeninas. “El papa habla de las mujeres, el trabajo, la violencia, pero no supera el paternalismo del amor. Desde un punto de vista antropológico, no creo que sea un papa que mire y entienda los problemas de las mujeres”, opina Marinella Perroni.

Asuntos internos

Otras dos grandes prioridades de Francisco fueron la reforma de las finanzas vaticanas y de la Curia romana, que están estrechamente relacionados. En cuanto al tema financiero, se creó la Secretaría de Estado de Economía y se encargó a PricewaterhouseCoopers que auditara las cuentas, pero a menudo han chocado con el APSA (el organismo que gestiona los bienes inmuebles vaticanos) y la Secretaría de Estado. Por otra parte, la autoridad europea Moneyval reconoce progresos en la transparencia y en la lucha contra el reciclaje del IOR, el llamado banco vaticano. Éste ha sido otro foco de escándalos y pese a que se han cerrado cientos de cuentas sospechosas, en los últimos meses se han producido ceses sin apenas explicaciones de directivos que habían sido contratados del sector privado.

Vaticanistas como Paolo Rodari afirman que la gestión económica ha vuelto a manos de la jerarquía vaticana, contra la que Francisco, por otra parte, ha lanzado dardos envenenados en más de una ocasión. En su mensaje anual a la Curia, Bergoglio ha hablado de “enfermedad”, de las “resistencias” y en el último de ellos aseguró que “hacer las reformas en Roma es como limpiar la Esfinge de Egipto con un cepillo de dientes”.

Balance y próximos retos

El papa ha insistido mucho en otros temas como la defensa de los migrantes, el interés en las periferias o la aproximación a otras confesiones cristianas y diferentes religiones. También en su horizonte está un mayor acercamiento a los jóvenes, a los que dedicará este año el Sínodo de los Obispos, y desde el punto de vista político, la firma de un acuerdo histórico con China, con la que el Vaticano no tiene relaciones desde 1951.

Son temas en los que Francisco viene trabajando de forma continuada, sin el alboroto de los primeros días. “Su mayor aportación es que ha cambiado la orientación del papado, ya que ha pasado de una visión imperial o de gran monarca al simple obispo de Roma”, estima Marco Politi. Sin embargo, para él Bergoglio está actuando como “el líder que siembra, que abre el debate. El momento de recoger los frutos será otro, aunque la oposición es talmente cainita que se puede comparar a la del Tea Party en la época de Obama”. El vaticanista se pregunta si después del pontífice argentino llegará otro Francisco y pensando en su ejemplo se responde que después del Tea Party vino Trump.