Berlín

Angela Merkel no se complica a la hora de comer. Su plato favorito es la sopa de patatas. No hace falta una larga lista de ingredientes para satisfacer su paladar. Complacer su apetito político, que lleva meses pidiéndole un cuarto mandato de canciller, resulta mucho más complicado.

Después de las elecciones del pasado mes de septiembre, la lideresa germana aún debe dar con la receta que combine el programa de su conservadora Unión Cristiano Demócrata (CDU) y el de su hermanada Unión Social Cristiano de Baviera (CSU) con el de los liberales del FDP y el de la formación ecologista de Los Verdes.

Todos los ingredientes están sobre la mesa. Ahora uno tiene que mezclar estos muy pero que muy abundantes ingredientes en una masa lo más sabrosa posible”, decía a principios de mes Michael Kellner, uno de los jefes negociadores de Los Verdes. Pero en casi tres semanas de “rondas de diálogo exploratorias” entre conservadores, liberales y ecologistas, las partes apenas han logrado poner los ingredientes sobre la mesa. La idea es que cocinen un acuerdo para gobernar juntos.

Aunque este viernes esté previsto que se apunten los primeros resultados de esas aproximaciones, no es menos cierto que las cuestiones políticas más espinosas – política de inmigración, medioambiente y fiscal – pueden envenenar la sopa que quieren hacer en forma de acuerdo gubernamental cuatro de los siete partidos presentes en la 19ª legislatura del Bundestag. Tanto es así que parece que dar plantón a la cocina es una opción.

Con hacer eso mismo han amenazado ya, más o menos vehementemente, todas las partes. En Los Verdes, por ejemplo, lo hacía esta semana su jefa en la Cámara Baja, Katrin Göring-Eckartd, en una entrevista con el diario conservador Frankfurter Allgemeine Zeitung. Para ella, si las negociaciones debían acabar en un consenso de mínimos, “entonces uno debería dejarlo”, señalaba la ecologista, aludiendo al trabajo en cocina de Los Verdes junto a liberales y conservadores.

De no formarse con éxito una Coalición Jamaika, nombre que recibe en Alemania la unión de democristianos con liberales y ecologistas, el país se podría ver abocado a unas nuevas elecciones. Esta posibilidad sería algo inédito. Pero también lo es un Gobierno federal compuesto por la CDU/CSU, FDP y Los Verdes.

Nadie quiere llegar a repetir unas elecciones generales, “pero si eso llega a producirse, nosotros seremos una formación unida y fuerte para competir”, según los términos de Wolfgang Kubicki, brazo derecho de líder liberal, Christian Lindner. Animado por este tipo de afirmaciones, el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) ha metido baza. Al líder del que quiere ser el principal partido de la oposición una vez haya Gobierno, Martin Schulz, se le ha escuchado recordar eso de que “si Merkel no logra formar un Gobierno, debe haber nuevas elecciones”.

La propia Merkel ha tenido que coger la sartén por el mango y poner orden en los fogones de su partido esta semana alertando que hay peligro de quemarse con las especulaciones sobre una nueva cita con las urnas, según ha informado el diario berlinés Tagesspiegel.

Amenazas retóricas

Pero no es tan fácil que los alemanes vuelvan a votar antes de lo previsto. “El político que dice eso de ir a nuevas elecciones, o no se ha leído la Constitución, o miente a sabiendas”, dice a EL ESPAÑOL Nils Diederich, politólogo y profesor de la Universidad Libre de Berlín. “Las amenazas de ir a nuevas elecciones sólo tienen un significado retórico y propagandístico. Porque el Bundestag no se puede disolver él solo, hace falta que sea una medida del presidente, y antes han de explorarse otras alternativas”, explica Diederich.

Entre esas opciones figura que vuelva a formarse una gran coalición entre CDU/CSU y SPD, algo que los defensores de la línea oficial de los socialdemócratas se esfuerzan en desestimar. “En el SPD todavía hay políticos importantes que dicen que, en caso de urgencia, hay que formar una gran coalición para que haya Gobierno”, abunda Diederich.

Sea como fuere, la ligereza con la que ha venido abordándose la posibilidad de que fracasen a la hora de cocinar su acuerdo conservadores, liberales y ecologistas tiene efectos en la población. Son una mayoría los que piensan que habrá una coalición jamaicana. Pero, dadas las circunstancias, esa mayoría no es aplastante. El 64% de la población piensa que un gobierno 'jamaicano' terminará tomando las riendas del Ejecutivo, según un reciente estudios de opinión del instituto de sondeos FORSA.

Otro mes, o más, sin Gobierno

Si ha crecido el número de personas que creen que una coalición gubernamental así no es posible es porque los propios actores políticos han manifestado tener dudas al respecto”, dice a EL ESPAÑOL Peter Matuschek, investigador responsable de estudio de opinión pública en FORSA. Contribuye a la incertidumbre de algunos que “no hayan empezado todavía las negociaciones para formar una coalición gubernamental, porque hasta ahora lo que hemos visto son sólo rondas exploratorias”, añade Matuschek.

El próximo viernes Merkel y Horst Seehofer, el jefe de la CSU, quieren presentar a sus diputados en el Bundestag una receta sobre el acuerdo donde figuren los resultados de esta primera fase de negociación que parece eternizarse. De hecho, los hay que estiman que el diálogo entre las partes dure otro mes y medio, si todo va bien.

Merkel en una imagen reciente Reuters

Por lo menos, hasta dentro de tres o cuatro semanas no vamos a saber cómo va a funcionar el próximo Gobierno”, según Diederich. Según los cálculos de Julian Zuber, investigador de la prestigiosa Hertie School of Governance de Berlín, no habrá Gobierno, “como mínimo hasta finales de año”.

Es la primera vez en décadas que hay cuatro partidos en busca de una coalición gubernamental, además, la diversidad de los partidos implicados hace las negociaciones aún más complicadas, sin olvidar que FDP y Los Verdes llevaban mucho tiempo sin estar en un Gobierno y necesitan más tiempo para debatir internamente”, dice Zuber a EL ESPAÑOL. Los Verdes dejaron el Gobierno en 2005, tras las dos legislaturas en coalición gubernamental con el SPD que liderara el socialdemócrata Gerhard Schröder. El FDP volvía este año al Bundestag tras haber quedado fuera del Parlamento tras las elecciones generales de 2013.

La fase exploratoria en cocina ha puesto de manifiesto que hay temas en los que los partidos implicados pueden encontrar puntos de acuerdo de orden socio-económico y otros en los que coincidir parece menos probable. No hay que perder de vista que Los Verdes es el partido que, entre conservadores y liberales, que quiere “otra política energética, de inmigración, agrícola y otra Europa”, según escribía en un reciente editorial Jasper von Altenbockum, responsable de política nacional del Frankfurter Allgemeine Zeitung. “Exploración Jamaica: razón para el pesimismo”, se titulaba su texto sobre las dificultades que entraña unir las recetas de ecologistas, liberales y conservadores.

Merkel, chef de cuisine y moderadora

Los ecologistas, eso sí, parecían renunciar a mediados de esta semana a dos importantes ingredientes de su programa. A saber, ponerle fecha de caducidad a los motores de combustión – en el programa ecologista se ponía como tope 2030 – y a liquidar las centrales termoeléctricas de carbón.

Si esto puede ser motivo para mejorar las perspectivas de conservadores y liberales, no es menos cierto que los ecologistas esperan ahora contrapartidas. “El FDP ha renunciado a la idea que tenía de hacer una reforma de grandes rebajas fiscales, pero hay que esperar a lo que la CDU/CSU pueda ofrecer”, plantea Zuber.

Hasta ahora las partes han querido ponerle poco picante al plato jamaicano que preparan, especialmente a los ingredientes políticos más importantes, entre los que también se encuentra qué hacer con los impuestos para incentivar el consumo y las infraestructuras. Como chef de cuisine en funciones, Merkel está haciendo, sobre todo, de “moderadora”, según Diederich.

“Su estrategia consiste en no decir lo que quiere y esperar a que los otros se pongan de acuerdo”, agrega este politólogo. Por lo pronto, Merkel aún debe esperar para que quede en su punto la sopa que la mantendrá en el poder.

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