Roma

Él menciona como punto de partida el manifiesto liberal con el que Silvio Berlusconi transformó la política italiana en 1994. Y desde las tribunas de prensa hablan de un Olivo –la coalición de centroizquierda formada a partir de 1996 para derrotar al Cavaliere- de centroderecha. Ambos, movimientos contrapuestos. Pero Stefano Parisi pretende incorporar la naturaleza transformadora del primero y el carácter moderado del segundo en su nuevo proyecto para resucitar al tradicional electorado conservador italiano.

El llamado Tangentopoli, un macroproceso judicial que afectó a todos los partidos, acababa de derrumbar el sistema político italiano cuando apareció un nuevo líder mesiánico llamado Silvio Berlusconi. Apostó por un modelo definido como “liberalismo popular”, con el que convenció a los italianos de que con un paradigma en el que el mercado se llegara a confundir con el propio Estado, todos podrían convertirse en ricos de la noche a la mañana, como él lo había hecho.

Fue un sistema moldeado para sí mismo. Pero el berlusconismoacabó a fin de cuentas con la hegemonía de la democracia cristiana, que había servido durante décadas de cortafuegos ante la amenaza del comunismo. Acababa de caer el Muro de Berlín, eran otros tiempos. Y aunque la comparación pueda resultar excesiva, la premisa de Parisi no está tan alejada.

Ante el declive actual del centroderecha y el auge de movimientos de protesta como el 5 Estrellas o la Liga Norte, el primer ministro, Matteo Renzi, ha ocupado un espacio más grande del que ideológicamente podría abarcar. Y es a su derecha donde busca ganar terreno este recién llegado, como lo hizo el Olivo de Romano Prodi por la izquierda de Berlusconi.

PARISI NO ES ‘IL CAVALIERE’

De los usos y costumbres del antiguo Cavaliereya se ha escrito demasiado. Stefano Parisi tiene poco que ver. Nació en Roma en 1956 y allí se licenció en Economía y Comercio en la Universidad de La Sapienza. Se le conoce por ser un hombre serio, aplicado y pragmático. Su carrera la comenzó en el servicio de estudios del sindicato CGIL, de tradición comunista. En los 90 mantuvo varios encargos como asesor económico de la Presidencia, mientras que en la década posterior se pasó al sector privado.

Allí se ganó la fama de buen gestor. Primero como director general de la patronal Confindustria y después como administrador delegado de Fastweb, una empresa de telecomunicaciones en plena expansión por Italia. Tampoco se libró de alguna investigación posterior por financiación irregular, aunque todo quedó archivado. Nada que ver con Berlusconi. Y eso que se especuló con que el magnate le ayudó a mantener la buena salud de sus empresas.

Ambos han mantenido siempre buena relación. Y en las últimas elecciones municipales, celebradas la pasada primavera, Parisi asumió el reto lanzado por el líder de Forza Italia y respaldado por el resto de partidos de derechas para aspirar a la alcaldía de Milán. Perdió por un estrecho margen contra el candidato del socialdemócrata Partido Democrático, Giuseppe Sala. Pero su honrosa derrota fue el mejor resultado de la derecha moderada –absorbida por la Liga Norte en algunas capitales septentrionales- en todas las ciudades importantes.

El primer ministro italiano, Matteo Renzi, ve peligrar su liderazgo.

Milán siempre como referencia moral y capital político, por lo que no podía ser en otro lugar donde presentara su candidatura a relanzar el centroderecha. Lo hizo además en el tipo de acto en el que se siente más cómodo. Rodeado de empresarios, en un centro de convenciones repleto que acogía unas jornadas tituladas “Energía para Italia”.

Allí proyecta un mensaje de “salvación del país”. Y dice de Renzi que “no es tanto un riesgo para la democracia, sino para la economía. No tememos que logre asaltar las instituciones, sino que provoque la muerte del país, que es mucho más grave”.

Parisi no aclara si la idea es formar un nuevo partido o tomar las riendas de Forza Italia, pero recoge de nuevo el guante que Berlusconi le había lanzado pocos meses antes. En este caso, darle una mano de pintura a su obra, que no tirarla abajo.

El nuevo líder asegura que hacen falta nuevos nombres, lo que pone ya de uñas a los viejos guardianes de Forza Italia. Pero sobre todo, al líder de la Liga Norte, Matteo Salvini, con quien Berlusconi había terminado entendiéndose en los últimos tiempos.

Salvini, que intenta monopolizar el voto de derecha, evita a Parisi en su tradicional convención de Pontida (sí, esa en la que sus incondicionales solían disfrazarse de vikingos para reivindicar la independencia de una entelequia territorial llamada Padania) y sostiene que su único interlocutor es Berlusconi. Y sin pensárselo dos veces, se va a ver a su colega a su mansión de Arcore, donde el mandamás zanja la polémica afirmando que “el jefe” sigue siendo él.

Ante el habitual desbarajuste de los conservadores italianos, Parisi sostiene que si Renzi fracasa en el órdago lanzado en forma de referéndum constitucional, “el centroderecha debería estar listo para gobernar, pero sólo lo logrará si está unido”. Sin embargo, su postura ante esta cita electoral ha sido bastante tibia porque nunca ha terminado de cerrar las puertas a Renzi. En caso de derrota de su reforma, como alternativa estable de Gobierno; y ante una hipotética victoria del primer ministro, para sumarse a un nuevo sistema bipolar en el que el eje vuelva a ser centroizquierda contra centroderecha.

EL DESEO DE RENZI

Las tendencias electorales no auguran lo mismo, pero este escenario no sólo lo sueñan Parisi y los suyos, sino también el propio Renzi. Tras los resultados de las últimas elecciones municipales y ante el ascenso del Movimiento 5 Estrellas, el líder del PD remarcó: “el centroderecha sigue existiendo, Forza Italia es una realidad”.

El columnista del diario La Repubblica, Stefano Folli, así lo piensa. “El centroderecha moderado remodelado en la figura de Parisi representa por su propia naturaleza el aliado ideal del pacto por Italia trazado por Napolitano [ex presidente de la República] después del referéndum: no desde la mayoría en la Cámara, pero sí como elemento de cohesión parlamentaria”, escribió.

Tras la irrupción de Donald Trump, Marine Le Pen, Viktor Orbán o Norbert Hofer, la aparición de un líder mesurado en la derecha italiana tranquiliza a un amplio espectro del país. Pero en un contexto dominado por estas personalidades, sus críticos le reprochan que para refundar un movimiento de este calibre le falta el carácter que podrían tener estos personajes. De momento, sólo se ha postulado a resucitar el cadáver en que se ha convertido Forza Italia. Fueron muchos los delfines que ha tenido Berlusconi, a punto de cumplir 80 años, y todos ellos se quedaron en el intento.

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