En las estaciones de tren de Tokio y su área metropolitana cada vez es más habitual encontrar pequeñas cabinas cerradas donde los pasajeros pueden trabajar, conectarse a una videollamada o mantener una reunión mientras esperan el tren. Son espacios pensados para una ciudad en la que el tiempo entre dos trayectos también puede convertirse en tiempo de trabajo.
Se reservan durante unos minutos y están equipadas con conexión a internet, enchufes y pantalla para quienes necesitan disponer de cierta privacidad en medio de la actividad constante de las estaciones. Pero esa privacidad también ha tenido otros usos.
Una investigación publicada en Japón ha puesto el foco en el caso de una mujer que utilizó una de estas cabinas para grabar contenido sexual que posteriormente fue puesto a la venta en internet. La grabación se realizó en una cabina individual situada en una estación de la red de JR East y acabó formando parte de una plataforma de contenidos para adultos.
El caso resulta especialmente llamativo porque estos espacios no son habitaciones privadas ni establecimientos destinados a este tipo de actividades. Son pequeñas oficinas de uso temporal instaladas dentro de las estaciones, pensadas sobre todo para trabajadores que necesitan resolver alguna cuestión laboral entre dos trenes.
El servicio parte de una idea simple: pagar unos cientos de yenes para disponer durante unos minutos de un espacio cerrado en una ciudad donde la privacidad es un bien escaso.
Las cabinas pertenecen a un servicio conocido como Station Booth, desarrollado para ofrecer un puesto de trabajo individual allí donde más sentido tiene para muchos de sus usuarios: las propias estaciones. El funcionamiento es sencillo.
Station booth in #Kanda station are mini share offices. ¥275 (about $2.10) for 15 minutes. I wonder if it’s quiet in the booth as the station is quite busy and noisy. #Japan @NatBCo for your column and next trip to #Tokyo.🥰 https://t.co/kMSeZv85DM
— 🌾Food Sake Tokyo🍙🌻坂本ゆかり (@YukariSakamoto) June 2, 2022
Permiten trabajar con cierta tranquilidad sin tener que salir de la estación ni buscar una cafetería. En algunas ubicaciones, el precio parte de los 330 yenes (1,86 euros) por 15 minutos.
El episodio que ha llamado la atención en Japón se remonta a una grabación que comenzó a comercializarse en internet en abril del año pasado.
El vídeo fue puesto a la venta en FC2, una de las plataformas utilizadas en Japón para la distribución de contenidos digitales, por unos 800 yenes. La autora se presentaba como estudiante universitaria y ofrecía también otros vídeos de contenido sexual grabados en distintos lugares.
'Station booths' en una estación de Nagoya.
El interés del caso no está únicamente en el contenido del vídeo, sino también en el lugar elegido para grabarlo. Las cabinas están situadas dentro de espacios públicos y, aunque ofrecen privacidad a quien paga por utilizarlas, no dejan de encontrarse en el interior de una estación por la que pasan diariamente decenas de miles de personas.
El cristal de las puertas permite además que, dependiendo de las condiciones de la cabina y de lo que ocurra en su interior, parte de lo que sucede pueda resultar visible desde fuera.
El fenómeno encaja, además, con el crecimiento en Japón de los contenidos para adultos producidos y comercializados directamente por sus propios protagonistas. Frente a las grandes productoras de la industria pornográfica, las plataformas digitales permiten a particulares grabar y vender sus propios vídeos con una infraestructura mínima.
Para algunos creadores, el atractivo está precisamente en buscar escenarios poco habituales y situaciones que puedan llamar la atención de los usuarios. En este caso, la cabina de una estación de tren se convirtió en el escenario elegido.
El caso también plantea una cuestión jurídica. No hay una acusación formal ni un procedimiento abierto contra la mujer, pero los hechos pueden encajar en un delito de exhibicionismo público.
Las condiciones de uso de los espacios de trabajo de JR East dejan poco margen para determinadas actividades. El reglamento prohíbe cualquier conducta que vulnere o pueda vulnerar las leyes y reglamentos, así como aquellas actuaciones que puedan considerarse contrarias al orden público o a las buenas costumbres.
También contempla la posibilidad de intervenir cuando el operador considere que se está haciendo un uso inadecuado del servicio.
La compañía ferroviaria asegura que no tenía conocimiento del caso hasta que los medios se pusieran en contacto con la protagonista del vídeo.
■ 🇯🇵 【Japan Now-16】 Mini Office Booths at Shin-Osaka Station! ■ I found two compact office booths, about the size of a phone box, inside the Shinkansen area of Shin-Osaka Station! ■ Earlier, I posted about a similar booth at Takasaki Station, part of a system called “STATION WORK” that lets you reserve tiny office spaces: https://t.co/onqHqJCHmR ■ Here in Shin-Osaka, two booths are lined up side by side. Unfortunately, no one was using them — both were vacant. ■ It made me wonder: “Why are we working so hard?” “Is this business even sustainable?” #Shinkansen #TakasakiStation #StationWork #SharedOffice #EverySecondWorking #EverySecondResting #ValueOfASecond #Japan
— 栗田昌裕 (@kurita88) June 28, 2025
JR East Building, la empresa encargada de las instalaciones de JR East, explicó al medio japonés que estaba recopilando información sobre lo ocurrido y que tomaría las medidas correspondientes de acuerdo con las condiciones de uso del servicio.
No precisó, al menos en la respuesta recogida por la publicación, qué tipo de medidas podría adoptar.
El caso plantea una cuestión mucho más concreta para JR East: determinar qué ocurrió y si se incumplieron las condiciones de uso de las cabinas. También queda por saber si las autoridades consideran que los hechos pueden constituir una infracción.
