El presidente iraní, Masud Pezeshkian, aterrizó este viernes en Nueva Delhi para participar en la XVIII cumbre de los BRICS, y fue recibido en el aeropuerto por Shantanu Thakur, ministro indio de Estado de Puertos, Transporte Marítimo y Vías Navegables.
Horas antes, había llegado Vladímir Putin, que se quedará tres días, y este sábado lo hará Xi Jinping, cuya última visita a la India data de 2019.
La reunión de jefes de Estado y de Gobierno se celebra sábado y domingo en el Bharat Mandapam, dentro del recinto ferial de Pragati Maidan, bajo presidencia india y con el lema "Construir para la resiliencia, la innovación, la cooperación y la sostenibilidad".
El presidente iraní Pezeshkian y su homólogo ruso Putin asisten al Foro Empresarial de los BRICS en Nueva Delhi
El grupo lo forman hoy once miembros: a los cinco fundadores —Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica— se sumaron en enero de 2024 Egipto, Etiopía, Irán y Emiratos Árabes Unidos; en enero de 2025, Indonesia; y Arabia Saudí figura en la nómina desde aquella misma ampliación sin haber aceptado nunca la condición de miembro de pleno derecho.
Tres de estos once no mandan a su jefe de Estado o de Gobierno: Lula da Silva no viaja a la India porque Brasil celebra elecciones presidenciales la primera semana de octubre y ha delegado en su ministro de Exteriores, Mauro Vieira.
Emiratos Árabes Unidos manda al príncipe heredero de Abu Dabi, Jaled bin Mohamed bin Zayed Al Nahyan, y Arabia Saudí, a su ministro de Exteriores, Faisal bin Farhan.
Asisten, además, como invitados, el secretario general de la ONU, António Guterres, y otras diecisiete delegaciones ajenas al bloque encabezadas por ministros o vicepresidentes.
Quien también está, y desde el mismo viernes, es Putin, quien aprovechó el foro empresarial previo a la cumbre para acusar a los competidores occidentales del bloque de intentar recuperar su antiguo liderazgo "de manera indecorosa", y les atribuyó la destrucción de instalaciones y gasoductos, además de la incautación de buques.
Pezeshkian, que intervino en el mismo foro junto a su anfitrión Narendra Modi y el presidente sudafricano Cyril Ramaphosa, pidió que el comercio interno del grupo se haga en monedas nacionales para esquivar el uso del dólar y sostuvo que "el objetivo de los BRICS es enfrentarse al unilateralismo" y propuso financiación conjunta.
No es una ocurrencia solo iraní: el banco central indio ha propuesto conectar las monedas digitales de los once socios, según fuentes citadas por la agencia Reuters.
De hecho, la parte sustantiva del fin de semana no está tanto en las sesiones oficiales como en sus márgenes.
El primer ministro indio Narendra Modi estrecha la mano del presidente ruso en la cumbre de los BRICS de Nueva Delhi.
Modi y Putin se vieron este viernes —segundo encuentro en once días, tras el de la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái, celebrada en Bishkek el 31 de agosto— para repasar el Programa de Cooperación Económica 2030 y la colaboración en infraestructuras, energía, tecnología y defensa.
Con Pezeshkian, el primer ministro indio insistió en la libertad de navegación y en la seguridad de los marineros. El sábado le toca a Xi. La cumbre se cierra el domingo con la Declaración de Nueva Delhi.
Un presidente en guerra
Irán, como decíamos, es miembro de pleno derecho de los BRICS desde enero de 2024 y Pezeshkian debutó en la cumbre de Kazán, en octubre de aquel año, donde mantuvo su primer bilateral con Modi.
Dos años después, su presencia en Nueva Delhi tiene otro alcance: acude como presidente de un país en guerra con Estados Unidos desde el 28 de febrero, con sus puertos sometidos a bloqueo naval estadounidense desde el 14 de julio y con el estrecho de Ormuz convertido en el frente principal.
Es su segundo cara a cara con Modi en once días, después del que mantuvieron en Bishkek durante la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái.
Allí, Modi, Xi, Putin y el propio Pezeshkian firmaron una declaración conjunta que condenaba la campaña militar estadounidense e israelí contra Irán y las sanciones occidentales.
Aquel texto salió adelante porque, aunque Emiratos Árabes Unidos forma parte de los BRICS, no pertenece a la Organización de Cooperación de Shanghái.
No en vano, cuando los ministros de Exteriores de los BRICS se reunieron en Nueva Delhi el pasado mayo, Irán exigió condenar a Estados Unidos e Israel, Abu Dabi exigió condenar los ataques iraníes y el encuentro terminó sin comunicado.
Desde agosto, además, los emiratíes mantienen suspendidas todas sus transacciones comerciales y financieras con Teherán tras meses recibiendo misiles.
El desafío a Occidente y en concreto a Estados Unidos llega en el peor momento posible para los vecinos árabes de Irán.
Los rebeldes hutíes de Yemen.
Los hutíes tomaron este jueves el puerto de Moca, en la costa occidental de Yemen, y las islas Zuqar; este viernes desembarcaron en Mayyun, la isla que domina el centro de Bab el-Mandeb, mientras las fuerzas del Gobierno yemení se replegaban hacia Dhubab.
Por ese estrecho circularon 8,1 millones de barriles diarios de crudo y líquidos del petróleo en el segundo trimestre de 2026, según la Administración de Información Energética estadounidense: en torno al 8% de la oferta mundial.
El Consejo de Seguridad de la ONU se reunió de urgencia el jueves por los ataques hutíes contra territorio saudí.
Hans Grundberg, enviado especial de las Naciones Unidas para Yemen, avisó de que la milicia terrorista ha conseguido "una presencia directa en las orillas" de uno de los estrechos más importantes del mundo, y Abdulaziz Alwasil, embajador saudí ante la ONU, cifró en 73 los civiles heridos en Abha, Jamis Mushait, Yizán y Nayrán.
La Organización Internacional para las Migraciones cifra en 46.000 los desplazados desde que se reanudaron los combates.
No deja de ser curioso que Riad, que pidió el jueves en Nueva York una respuesta firme contra los aliados de Teherán, vaya a sentar el sábado a su ministro de Exteriores, el mencionado Faisal bin Farhan, a la misma mesa que el presidente iraní.
Quién paga la hostilidad
A su vez, China e India tienen sus propios problemas con esta situación. Si lo de Riad es una incomodidad política que se resuelve eligiendo con cuidado las palabras de un comunicado, lo de Pekín y Nueva Delhi es una factura que llega todos los meses.
Los dos socios que sostienen el peso económico del grupo, los dos que llevan tres décadas tejiendo relaciones comerciales con medio mundo para convertirse en superpotencias del comercio, son también los dos que más están pagando la guerra de un tercero al que arropan este fin de semana en la foto.
China ha perdido su barril barato y ha respondido comprando mucho menos petróleo: sus importaciones marítimas de crudo se quedaron en 7,14 millones de barriles diarios en agosto, frente a los 11,1 millones de media diaria de los tres meses previos al ataque del 28 de febrero, un 36% menos.
De Irán, que le vendía a precio de saldo, apenas recibe ya 530.000 barriles al día, un 72% por debajo del máximo de octubre de 2024. Las refinerías independientes, las que vivían de ese descuento, eligen ahora entre pagar más o reducir carga.
Pezeshkian, Putin y Modi asisten al Foro Empresarial de los BRICS en Nueva Delhi
Pekín, en definitiva, ha absorbido casi en solitario el ajuste del mercado asiático. Otra cosa es cuánto le duele: su máquina exportadora firmó en agosto un superávit comercial récord de 119.090 millones de dólares, de modo que el golpe del crudo le llega amortiguado.
La India no tiene ni siquiera esa capacidad de maniobra, porque importa más del 85% del crudo que consume y carece de margen para dejar de comprar.
Cuando empezó la guerra, casi la mitad de esas compras cruzaba Ormuz; hoy ronda el 30%, pero esos barriles no han desaparecido, sino que se han desviado hacia proveedores más caros o más lejanos.
El resultado se vio en julio, último mes con datos publicados: el desfase entre lo que el país compró y lo que vendió al exterior llegó a 31.980 millones de dólares, el mayor desde que empezó la guerra.
Y además hay que sostener a Moscú
Por su parte, Putin llega a Nueva Delhi necesitando a sus anfitriones más de lo que ellos le necesitan a él.
Su economía de guerra entra en el quinto año y ha dejado de crecer: el Gobierno ruso rebajó en mayo su propia previsión oficial para el próximo ejercicio del 1,3% al 0,4%, y los ingresos por petróleo y gas del primer semestre apenas alcanzan el 64% de los que entraban hace dos años.
El presupuesto que paga los misiles depende de vender crudo, y Europa dejó de comprarlo hace tiempo. Solo quedan dos clientes con capacidad de absorber esos volúmenes, y los dos estaban este viernes en la misma sala.
La India es hoy el primero de ellos. En julio, más de la mitad del petróleo que compró al exterior era ruso, un récord absoluto y un 62% más que un año antes.
Lo notable es que eso ocurre después de que Modi se comprometiera en febrero con Washington a dejar de comprarlo: a cambio, Trump le rebajó los aranceles del 50% al 18% y retiró el recargo que había impuesto precisamente por ese motivo. El compromiso duró semanas.
Tropas rusas en Mariúpol.
Con Ormuz disputado y el Mar Rojo amenazado, el barril ruso se convirtió en el único que llegaba a puerto sin sobresaltos.
Ahí está el círculo completo, y conviene verlo entero. Irán cierra el estrecho; los refinadores indios pierden su suministro del Golfo; se refugian en el crudo ruso… y ese dinero financia la guerra de Ucrania.
China ha hecho el mismo recorrido y compite ya por los mismos cargamentos. Es decir, que los dos socios que más están pagando la guerra de Irán acaban sosteniendo, de paso, la de Rusia. Ninguno de los dos lo ha buscado: es la consecuencia mecánica de que el único proveedor fiable sea el que está en guerra en Europa.
Una unión basada en el enemigo común
Con estas cuentas, la aritmética del club no cuadra por ningún lado: lo que para Moscú es ingreso, para Nueva Delhi es factura, y quien provoca las dos cosas se sienta a la misma mesa.
A esa contradicción se suma la del tamaño del propio grupo. Michael Kugelman, investigador del Atlantic Council, sostiene que la ampliación "podría hacer al grupo menos eficaz", porque las decisiones se toman por consenso y los nuevos socios no se ponen de acuerdo en nada.
Lo que mantiene unido al bloque no es, por lo tanto, lo que sus miembros quieren construir juntos, sino lo que temen por separado: Donald Trump ha amenazado con un 10% de aranceles adicionales a quien se alinee con el grupo y con un 100% a quien intente sustituir al dólar, y ninguno de los once puede permitirse esa factura.
Por eso siguen todos sentados a la mesa pese a no coincidir en casi nada. Xi, sin ir más lejos, negocia por su cuenta con Washington y viajará a Estados Unidos a finales de mes para reunirse con Trump. La Declaración de Nueva Delhi se publica el domingo. Lo previsible es que solo haya unanimidad en una cosa: que la culpa es de Occidente.
