Las claves
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En agosto de 2024, una revolución estudiantil arropada por las Fuerzas Armadas puso fin a los quince años de gobierno autoritario de la primera ministra Sheikh Hasina, una de las dos hijas del fundador de Bangladés, Sheikh Mujibur Rahman, que sobrevivieron al asesinato de su padre y de varios miembros de su familia en el golpe militar de 1975.
Dieciocho meses después de la Revolución del Monzón, el país celebra unas elecciones ensombrecidas por el ascenso de los islamistas de Jamaat-e-Islami, que lideran una amplia coalición de la que forma parte el Partido Nacional Ciudadano (PNC), cuyo germen, el movimiento Estudiantes contra la Discriminación, protagonizó el estallido social que Hasina intentó sofocar a través de una brutal campaña de represión que se cobró la vida de 1.400 personas, según el recuento de la ONU.
Pero muchos albergan esperanzas en el incierto proceso democratizador encabezado por el premio Nobel de la Paz Muhammad Yunus, que desembocó en las elecciones legislativas del jueves, en las que compitieron más de 1.900 candidatos por los 350 escaños en juego en el Parlamento.
Ninguno de los contendientes representa las siglas de la Liga Awami, el partido de Hasina, proscrito en el nuevo Bangladés. Su militancia se divide entre el exilio y la cárcel, un factor por el que muchos cuestionan la integridad democrática de las elecciones.
Ante la exclusión de la Liga Awami son sólo dos los candidatos que parten con opciones de encabezar el próximo Gobierno. El gran favorito es Tarique Rahman, heredero de la otra gran dinastía política del país y líder del Partido Nacionalista de Bangladés (BNP), perseguido durante la era Hasina. Por detrás figura Shafiqur Rahman, líder de Jamaat-e-Islami, otro partido prohibido en el antiguo régimen.
Tarique Rahman vaticinó este jueves "una victoria aplastante" de su BNP. Confesó en declaraciones a la BBC que llevaba "más de una década esperando este día". Vástago de la ex primera ministra Jaleda Zia, la primera mujer en ocupar el cargo en la historia de Bangladés, fallecida en diciembre, Rahman decidió abandonar el país hace diecisiete años. La caída de Hasina le pilló en Londres.
También encarcelado durante el régimen de Hasina, su rival Shafiqur Rahman preconiza una cruzada anticorrupción. Por eso, los islamistas han conseguido hacer bandera de la Justicia y la limpieza institucional, y presumen de haber modernizado las siglas del partido gracias a su alianza con los activistas estudiantiles.
"La alianza de Jamaat con el PNC es estratégica: busca atraer a votantes de la generación Z aficionados a la tecnología y proyectar una imagen de inclusión más allá de su núcleo islamista", escriben los investigadores Rubiat Saimum y Taufiq E. Faruque en la revista East Asia Forum. De todos modos, ni siquiera se han molestado en eliminar de los estatutos de su partido la intención de establecer la ley sharía.
Además, entre los más de 200 candidatos que presentaron a las legislativas no figura ni una sola mujer. A sus socios del PNC sólo les permitieron presentar a dos en las 30 candidaturas que les correspondían. No en vano, Shafiqur Rahman ha llegado a equiparar el trabajo de las mujeres fuera del hogar con ejercer la prostitución.
Bien es cierto que el BNP no mejora demasiado su registro. Entre las 250 candidaturas del partido de centroderecha sólo hay diez mujeres.
Tarique Rahman criticó a Shafiqur Rahman por usar la fe como arma política, pero su campaña intentó atraer a las minorías religiosas y las sectas musulmanas de tendencia sufí con la intención de compensar la posible pérdida de votos a su derecha hacia las filas de Jamaat. También a los sectores laicos de la sociedad civil, caladero de votos de la proscrita Liga Awami.
Existe la posibilidad de que ambos bloques colaboren o incluso gobiernen en coalición. No sería la primera vez. En la década de los noventa y a comienzos de los años 2000, los islamistas fueron el socio menor de una coalición liderada por el BNP. Aunque sin la presencia de Liga Awami, la dinámica de cooperación puede dar pie a la confrontación directa.
"Jamaat está capitalizando el lastre reputacional del BNP, en particular las persistentes acusaciones mediáticas de corrupción y extorsión por parte de sus activistas", escriben Saimum y Faruque. "Mientras, el BNP ha tratado de contrarrestar a Jamaat subrayando la colaboración histórica de este último con las fuerzas pakistaníes durante la guerra de liberación de Bangladés de 1971".
Recuento en curso
Más de 120 millones de personas —de las cuales alrededor de 48 millones no sobrepasan los 37 años— pudieron ejercer este jueves su derecho a voto en Bangladés, el séptimo país más habitado del planeta.
Además de las legislativas, los bangladesíes votaron un referéndum constitucional sobre el paquete de reformas posrevolucionarias conocido como la Carta de Julio, que busca sentar las bases para el regreso de la democracia.
Los expertos de la ONU advirtieron este jueves del "tsunami de desinformación" que había levantado la jornada electoral, y denunciaron el clima electoral de "creciente intolerancia, amenazas y ataques". Nada que alterara el curso de la votación, sin embargo.
El recuento siguió su curso tras el cierre de los colegios electorales, pero la comisión electoral no publicará el resultado de la votación de la que depende el destino de 172 millones de almas hasta este viernes.
En cuanto las autoridades confirmen el ganador, Yunus dará un paso al lado. A sus 85 años, el Premio Nobel de la Paz tomó las riendas del país tras la caída del régimen de Hasina. Se rodeó de académicos y líderes de la sociedad civil para formar un Gobierno interino de corte técnico capaz de estabilizar la situación.
Su misión acaba hoy. Después de ejercer su derecho a voto, Yunus aseguró que el país había "terminado la pesadilla y comenzado un nuevo sueño".
Condenada a muerte in absentia por crímenes de lesa humanidad, Hasina denunció, en cambio, que la "farsa" electoral era "ilegal e inconstitucional". "Un gobierno nacido de la exclusión no puede unir a una nación dividida", lamentó desde su exilio en la India.
