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Katie Zacharia ya es la secretaria de Prensa más fugaz de la historia de la Casa Blanca. Tan solo duró cinco días en el puesto, tras un desastroso estreno ante los periodistas de apenas 14 minutos. Pero la polémica no ha terminado con su dimisión. Hasta la foto de despedida que ha publicado en redes sociales ha sido otra metedura de pata.

La exportavoz difundió una imagen junto a Donald Trump y después otra con su familia, cuya presencia ha despertado sospechas de montaje digital. En la segunda había desaparecido un mapa del escritorio presidencial que parece mostrar los planes para remodelar un campo público de golf junto al río Potomac, en Washington.

El problema es que la reforma ya está en los tribunales por el posible incumplimiento de la normativa ambiental y de protección del patrimonio. El Gobierno sostiene que todavía no hay un diseño definitivo. Ese mapa podría poner en duda su versión.

El mapa que sobraba

Zacharia se marchó el viernes, después de que a las críticas por su estreno se sumaran las dudas sobre sus credenciales como abogada. Había reconocido que no había aprobado el examen para ejercer en California.

En su despedida, sin embargo, colmaba de elogios al presidente que acababa de prescindir de ella. Lo describía como un hombre "maravilloso" y deseaba que más estadounidenses lo valorasen. El sábado le daba las gracias por recibir a su familia y por los regalos a sus hijos.

La atención se desvió hacia el escritorio. Save East Po, la plataforma ciudadana contraria a la reforma, identificó en el documento borroso la silueta del parque. Su fundador señaló que los colores y otros detalles recordaban a los diseños que ya habían circulado.

La comparación de las fotografías añadió más preguntas. Trump aparecía con una sonrisa y una posición de las manos prácticamente idénticas, lo que alimentó las sospechas de que la familia se hubiera incorporado mediante un montaje.

El retoque parecía haber alcanzado incluso la cubierta del libro sobre el que descansaba el mapa. Su desaparición planteaba otra cuestión: por qué borrar un documento que la Casa Blanca consideraba inofensivo.

La respuesta oficial llegó en forma de reproche a la prensa. El director de Comunicación, Steven Cheung, ha acusado a los medios de obsesionarse con una fotografía inocua. Zacharia también ha protestado porque se hubiera convertido una imagen "entrañable" en una controversia.

Ninguno ha aclarado qué mostraba exactamente el mapa ni por qué desapareció de la segunda fotografía.

Más de 400 árboles menos

En el campo de East Potomac se juega al golf desde hace más de un siglo. Es público y asequible, y sus usuarios temen que convertirlo en sede de grandes campeonatos traiga unos precios que les impidan seguir jugando allí. El parque está reservado al disfrute de la población desde una ley de 1897.

Una asociación de defensa del patrimonio y dos vecinos llevaron el proyecto a los tribunales en febrero. Acusan al Gobierno de haber empezado a transformar el recinto sin someter la reforma a los controles que exige la ley.

La tala de más de 400 árboles ha agravado el enfrentamiento. El Gobierno avisó de los trabajos a última hora del viernes 9 de octubre, antes de un fin de semana festivo. Al día siguiente empezaron a caer los árboles.

Golfistas en el East Potomac. REUTERS/Nathan Howard

La jueza federal Ana Reyes había pedido que cualquier intervención importante se comunicara con tiempo suficiente para examinarla antes de que se ejecutara. El aviso apenas dejó margen para reaccionar.

El Departamento del Interior sostiene que la tala responde a un informe de 2019 para recuperar el paisaje original del campo y que no guarda relación con la reforma de Trump. Reyes ha puesto en duda esa explicación y ha prohibido cortar más árboles hasta el 26 de octubre.

En ese contexto podría resultar relevante la fotografía. Si se confirma que el documento muestra el rediseño, podría ayudar a esclarecer hasta dónde había avanzado el proyecto y si las actuaciones sobre el terreno formaban parte de él.

Trump estropea el guion

A los abogados del Gobierno se les ha añadido una dificultad menos borrosa: los anuncios del propio presidente. El domingo pasado, Trump publicó un dibujo del futuro campo y aseguró que Interior había elaborado un plan con el arquitecto de campos de golf Tom Fazio.

También adelantó el calendario. El recinto cerraría el 15 de noviembre y reabriría unos 15 meses después, preparado para albergar grandes torneos. Seguiría siendo público, prometió.

Árboles talados en el East Potomac, REUTERS/Kevin Lamarque

Ese mismo día, los abogados presentaron un escrito ante la jueza en el que defendían que el proyecto aún podía cambiar. El Servicio de Parques, responsable del recinto, no había terminado de revisarlo.

Este lunes, 19 de octubre, Trump volvió a intervenir. Llamó a Reyes "lunática desquiciada" y anunció que los trabajos comenzarían "inmediatamente". La contradicción marcó una vista que se prolongó durante más de siete horas.

"¿Creo al presidente de Estados Unidos o le creo a usted?", preguntó la magistrada al abogado del Gobierno. El letrado intentó hacer compatibles las dos versiones: el anuncio de Trump era cierto, pero el plan todavía no era definitivo.

Ni siquiera la responsable interina del Servicio de Parques parecía estar al tanto del calendario presidencial. Declaró que desconocía los planes para empezar las obras en noviembre.

El Departamento de Justicia había intentado apartar a Reyes por supuesta parcialidad. Ella rechazó la recusación el domingo.

Al terminar la vista del lunes, la jueza contó que su madre y su hermano le habían escrito preocupados por su seguridad. "Una jueza federal está recibiendo amenazas de muerte por un campo de golf", lamentó.

En el Washington de Trump, hasta la reforma de un campo de golf acaba en un pulso con la Justicia.