Para una boda íntima, Donald Trump Jr. y Bettina Anderson necesitaron dos islas privadas en Bahamas. También helicópteros e hidroaviones, una tarta de cinco pisos traída desde Florida y bailarinas entaconadas con gorros de marinero.
Durante tres días el hijo del presidente ofreció a los asistentes clases de pesca submarina, fiestas exclusivas y fuegos artificiales sobre el mar. La lista rondaba los cincuenta invitados y tan solo una de las islas donde tuvo lugar la celebración se alquilaba por unos 100.000 dólares la noche.
Con un patrimonio estimado en 300 millones de dólares, el novio tenía margen para pagar. Aun así, contó con un benefactor especialmente generoso. Umar Kremlev, un empresario ruso de 43 años cercano a Vladímir Putin, asumió cientos de miles de dólares en gastos.
Los recién casados reconocen que financió dos noches de celebraciones posteriores a la ceremonia. Lo presentan como un regalo de bodas porque son buenos amigos, pero sin duda, ha dado mucho de qué hablar. El pagador dirige la Asociación Internacional de Boxeo, tiene negocios favorecidos por el Kremlin y busca ampliar su influencia en Estados Unidos.
Kremlev está acostumbrado a que lo fotografíen regalando cosas. Coches a desconocidos, premios a deportistas, presentes a sus seguidores y al propio Putin, al que obsequió con un guante de boxeo con diamantes.
En sus redes alterna vuelos privados con visitas a iglesias y vídeos en los que boxea con avestruces. En sus eventos deportivos aparecen celebridades como Naomi Campbell o Rick Ross. Los regalos y las celebridades tienen algo en común: él también sale en la foto.
Hasta 2010 se llamaba Umar Lutfulloyev. Una investigación sobre su pasado le atribuye condenas por extorsión y agresión anteriores al cambio de apellido. Su oficina sostiene que su historial judicial está limpio.
Dear friend Umar Kremlev https://t.co/B03HcJOaGz pic.twitter.com/nj7UJttMrn
— UnitedAgainstTyranny (@UAgainstTyranny) September 14, 2026
Después llegaron los combates organizados por su promotora, la secretaría general de la Federación Rusa de Boxeo en 2017 y la presidencia de la Asociación Internacional de Boxeo, conocida como IBA, en 2020.
El cargo le puso en el escenario mundial. Cambió el nombre y el logotipo de la organización y multiplicó los actos que él mismo protagonizaba.
Su relación con Trump Jr. tiene, según sus representantes, un origen más campestre: los presentó un conocido común del mundo de la caza. El entorno del estadounidense niega que hagan negocios juntos, mientras que la oficina del empresario asegura que se conocen desde hace un par de años.
En Bahamas, Kremlev pagó el alquiler de una isla y los fuegos artificiales mediante IB Challenger, una entidad de Dubái vinculada a la IBA. Su oficina afirma que la asociación no asumió gastos de la boda, que regalo era personal; aunque la vía de pago pasaba por una estructura vinculada a su organización deportiva.
El negocio de tener a Putin de su parte
La amistad que ayuda a explicar su fortuna es anterior al hijo de Trump. En los Lobos de la Noche, un club de motoristas nacionalistas respaldado por el Kremlin, Kremlev conoció a Alexei Rubezhnoi, el jefe de la seguridad presidencial de Putin.
Rubezhnoi facilitó su llegada a la dirección del boxeo ruso, y su amistad con la cúpula rusa continuó entre entrenamientos y celebraciones familiares. Pronto, los favoritismos fueron más allá del deporte.
En 2021, Putin concedió a una empresa vinculada a Kremlev la exclusiva para gestionar los pagos de las apuestas legales rusas. Además, de otras tres grandes casas a través de intermediarios.
También acabó en sus manos Rolf, la mayor cadena de concesionarios de Rusia. Primero, el Estado ruso tomó el control de la compañía y la nacionalizó. En septiembre de 2024, Kremlev se convirtió en su propietario.
En el boxeo contó con el dinero de Gazprom, el gigante estatal del gas. Su patrocinio ayudó a pagar las deudas de la IBA, pero no resolvió los problemas de gestión y financiación de la asociación.
En 2023, el Comité Olímpico Internacional le retiró el reconocimiento, confirmando su exclusión de la organización del boxeo en los Juegos. Fue entonces cuando el empresario empezó a buscar apoyo en Washington.
Con el regreso de los republicanos al poder, encontró el filón. Hace poco más de un año, con Trump ya de presidente, le pidió ayuda en su enfrentamiento con el Comité Olímpico. Meses después, compartió escenario con Trump Jr. en Estambul. Y la IBA anunció que habría más iniciativas conjuntas.
Mientras estrechaba lazos con los Trump, seguía exhibiendo su cercanía a Putin. En abril recibió una condecoración rusa, la Orden de la Amistad. Y el 24 de mayo, durante las celebraciones de boda que financiaba en Bahamas, publicó una fotografía paseando por un bosque con una camiseta con la cara del presidente ruso. Sus simpatías venían ilustradas.
Los demócratas piden algo más que las fotos
Para ser una fiesta entre íntimos, no todos sabían quiénes eran los rusos que acompañaban a Kremlev y acapararon todas las miradas. El empresario coincidió allí con Jared Kushner, yerno de Trump, que participa en las negociaciones con Moscú sobre la guerra de Ucrania.
Algunos amigos de toda la vida de la pareja se habían quedado sin invitación. Incluso Trump ya había anunciado que no iría.
En aquella lista tan selecta sí figuraban varios de sus socios empresariales, incluidos directivos de la empresa de criptomonedas de los Trump y del fondo de inversión al que está vinculado. Había sitio para parte de la familia y también para los negocios.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, habla mientras está sentado junto a la jefa de gabinete de la Casa Blanca, Susie Wiles.
A los demócratas todo esto les huele a chamusquina. El congresista Robert Garcia ha pedido explicaciones a Trump Jr. y a Susie Wiles, jefa de gabinete de la Casa Blanca. Quiere las facturas, la lista de invitados y los mensajes con Kremlev.
La pregunta que pretende resolver es si el empresario ofreció dinero o regalos a cambio de favores del Gobierno o de información interna.
También quiere saber qué conocía la Casa Blanca de esa amistad y si la presencia del ruso influyó en la ausencia de Trump. Pregunta, además, si su hijo tiene autorización para acceder a información secreta y si declaró su relación con Kremlev.
La iniciativa parte de los demócratas de la comisión de la Cámara de Representantes que supervisa al Gobierno. El problema es que los republicanos tienen la mayoría, lo que limita su capacidad para exigir documentos.
Los recién casados han respondido con una precisión: Kremlev pagó las dos noches de fiestas posteriores, no la ceremonia. Según su versión, el viaje ya estaba organizado e, inicialmente, no estaba planteado como una celebración nupcial y, por tanto, lo consideran un regalo "extraordinariamente generoso".
El resto de la familia, intentan echar balones fuera. Trump asegura que nunca ha oído hablar de Umar. Melania niega cualquier relación con él y cualquier participación en los preparativos. Eric, hermano del novio, también afirma no saber quién es.
Para alguien que había pagado cientos de miles de dólares por una celebración familiar, las presentaciones quedaron pendientes.
Eric Trump, durante la Super Bowl LIX
El presidente ha intentado quitar importancia al asunto: era una fiesta posterior a la boda. "No es para tanto", sostiene. No se ha demostrado que hubiera un intercambio de favores ni que Kremlev actuara por orden del Kremlin.
Pero la preocupación de Frank Montoya Jr., antiguo alto cargo de contrainteligencia del FBI, es el compromiso que puede crear una generosidad semejante. Su explicación cabe en una frase: "Si yo pago tu boda, en algún momento tú me vas a deber algo".
