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Las claves

El presidente del Tribunal Supremo de EEUU, John Roberts, firmó el pasado viernes una orden autorizando a la Casa Blanca a continuar las obras de construcción del salón de baile. La orden responde a una solicitud presentada por la Administración Trump alegando que la paralización de las obras afectaba al complejo militar subterráneo que se construye bajo la sala.

El presidente Donald Trump ha argumentado repetidas veces que el nuevo salón de baile es indispensable por motivos de seguridad. Bajo sus cimientos se edifica un complejo de seis pisos preparado para resistir bombas perforadoras, ataques electromagnéticos y explosiones nucleares.

Sin embargo, este lunes ha salido a la luz la noticia de que la Casa Blanca hace años que tiene un búnker de esas características enterrado a más de 20 metros bajo el jardín del Ala Norte. Se mandó construir en secreto tras los ataques del 11S. Las obras concluyeron durante el mandato de Barack Obama.

Fuentes oficiales amparadas por el anonimato declararon este domingo al Washington Post que el refugio está diseñado para albergar a docenas de personas durante meses. Se diseñó para resistir un ataque nuclear y proporcionar al presidente y su Gabinete la capacidad de dirigir el país bajo condiciones de crisis extrema.

Los informadores ofrecieron detalles sobre la instalación que el medio oculta por motivos de seguridad nacional. La existencia del búnker desmonta el argumento que justifica la construcción del salón de baile por motivos de seguridad.

Ante las preguntas de los periodistas, la Casa Blanca defendió el proyecto al tiempo que criticó las declaraciones de funcionarios que se referían a instalaciones de seguridad existentes. "El proyecto de modernización del Ala Este está ligado indisolublemente a la seguridad del presidente", declaró Davis Ingle, portavoz de la Casa Blanca.

Ingle argumentó que acontecimientos recientes, como el ataque frustrado contra el evento UFC Freedom 250, evidencian la necesidad de modernizar las instalaciones del Ala Este . "El plan contempla infraestructuras antidrones y bases para estas aeronaves, entre otras mejoras cruciales de seguridad", añadió.

El salón de baile

La exportavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, anunció a finales de julio de 2025 la construcción de un nuevo salón de baile en el lugar donde se levantaba el Ala Este. En su resumen diario a la prensa, Leavitt aseguró a los periodistas que las obras darían comienzo en septiembre.

Ese mismo día, tras la firma de una orden ejecutiva, Trump explicó a los medios presentes en el Despacho Oval que la obra se "había deseado durante 150 años". Aseguró que el proyecto no se había abordado porque "nunca tuvieron a nadie con experiencia inmobiliaria real".

Las referencias al asunto han sido constantes: "Será el salón de baile más grande del mundo. No habrá otro igual". El presidente quería disponer de un lugar majestuoso para celebrar banquetes y recepciones con los mandatarios de otros países y demostrar al mundo la grandeza de la capital de EEUU. El proyecto original prevé un aforo de unas 800 personas.

Las excavadoras comenzaron a derribar los muros de la vieja Ala Este a mediados de octubre. En menos de una semana quedó completamente demolida.

El Fondo Nacional para la Preservación Histórica (NTHP por sus siglas en inglés), un organismo dedicado a la conservación del patrimonio histórico de EEUU, presentó en diciembre una demanda exigiendo la paralización de las obras. Alegó que la Administración había puesto en marcha el proyecto sin la aprobación del Congreso y que no se habían evaluado los impactos medioambientales.

Recreación digital del futuro salón de baile. Casa Blanca. Casa Blanca.

En marzo de 2026, el juez federal Richard Leon del Tribunal de Distrito de Columbia concedió una orden preliminar que bloqueaba la construcción sobre el nivel del suelo, señalando que "ningún estatuto otorga al presidente la autoridad que él reclama tener". La Administración apeló, pero la Corte de Apelaciones ratificó la orden del juez a primeros de agosto.

Esa orden es la que ha quedado en suspenso, permitiendo que las obras en superficie continúen "por ahora". Aunque la realidad es que las máquinas y los operarios no han dejado de trabajar en todo este tiempo.

El complicado litigio cobró una dimensión nueva en enero: La cadena CNN reveló entonces que las excavadoras habían desmantelado el Centro Presidencial de Operaciones de Emergencia (PEOC por sus siglas en inglés). Salió a la luz que bajo el ansiado salón de baile se estaba construyendo un complejo militar subterráneo de seis niveles.

Trump acusó al NTHP de "traición" por haber destapado información militar que debería haberse mantenido en secreto. "Les dije que el problema con el juicio es que en el salón de baile hay muchas cosas que no debería ser reveladas", declaró desde su despacho oval el pasado lunes.

Sin embargo, funcionarios del organismo afirmaron al medio que nunca fueron informados de la existencia de una instalación militar bajo el salón. Tampoco recibieron indicaciones de la Casa Blanca o del presidente de no emprender acciones legales.

El Fondo asegura que la petición para detener las obras se basa exclusivamente en que el mandatario carece de la autoridad para cambiar el patrimonio del Estado sin la autorización previa del Congreso.

Cuando se presentó la demanda, funcionarios de la Casa Blanca aportaron la documentación relacionada con la construcción militar subterránea. Como resultado de esta acción, el juez Leon ordenó la suspensión de las obras del salón, pero autorizó las del búnker.

El Centro de Operaciones demolido en octubre era una vieja instalación subterránea construida durante la Segunda Guerra Mundial para proteger al presidente Franklin Roosevelt ante un hipotético ataque. Se utilizó durante los atentados del 11S. Allí se resguardaron el vicepresidente Dick Cheney, la primera dama Laura Bush, funcionarios civiles y militares.

Trump fue trasladado a sus subterráneos en mayo de 2020 ante la violencia que se desató en Washington durante las protestas por la muerte de George Floyd a manos de la Policía. Algunas de sus dependencias se han utilizado durante los ataques a Venezuela en enero y a Irán en febrero.

Fue, precisamente, el 11S lo que provocó la decisión de construir bajo la Casa Blanca un refugio preparado para todas las contingencias de la guerra moderna. La obra comenzó en 2010 y se mantuvo en secreto durante años. Una valla alta ocultó completamente el emplazamiento y se comunicó a los medios que se trataba de una renovación del cableado y las instalaciones eléctricas del edificio.

Aunque se especuló sobre el verdadero objeto de las obras, la información no se confirmó hasta 2018. Contrasta el secretismo de entonces con la exposición de la obra actual, a la vista de todos.

El periodista Ronald Kessler hace referencia a esta construcción en su libro La Casa Blanca de Trump: cambiando las reglas de juego. En él describió que el refugio cuenta con alimentos para varios meses y está equipado con una instalación autónoma de renovación de aire.

Quienes conocen su existencia denuncian que el argumento de que el salón de baile se justifica por motivos de seguridad es falso. El búnker del Ala Norte cumple perfectamente los requisitos necesarios para garantizar la continuidad del mando en la gestión de una crisis grave.

Joshua Fisher, el responsable del proyecto en la Casa Blanca afirmó ante el Tribunal que detener la construcción en este momento podría sabotear todo lo avanzado hasta ahora. El juez Leon, sin embargo, arremetió contra los funcionarios de la Administración Trump a quienes acusó de crear este "riesgo de seguridad coordinado y gestionado" para justificar la obra del salón de baile.