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Las claves

El presidente Donald Trump publicó este domingo un mensaje en la red Truth Social ordenando reducir sustancialmente los ejercicios militares conjuntos con Corea del Sur. Se trata de las maniobras Escudo de Seguridad Ulchi que se celebran anualmente en las regiones fronterizas del norte.

Aseguró que no le parecía bien la participación de EEUU en las maniobras, teniendo en cuenta las "muy buenas relaciones" que mantiene con el líder supremo de Corea del Norte, Kim Jong Un. Trump corteja al archienemigo de sus aliados a costa de abandonarlos tras más de siete décadas de apoyo estratégico.

Trump, dio a entender este miércoles que prevé celebrar un encuentro con el líder norcoreano antes de que acabe el año. Según EFE, The Wall Street Journal apunta a un encuentro entre ambos mandatarios en la reunión de líderes del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) que se celebrará a mediados de noviembre en Shenzhen, China.

En su mensaje, recordó que Seúl no quiso participar en la liberación del estrecho de Ormuz. "¿Tenemos allí 39.000 soldados protegiéndolos de Kim Jong-un y no nos ayudan en una operación muy sencilla en Irán?", se lamentó delante de los periodistas este lunes. "Kim Jong-un siempre me ha tratado con gran respeto. Yo le entiendo y él me entiende", añadió.

Quienes no le entienden bien son los analistas y comentaristas especializados en el Indopacífico. Sobre todo por la forma de comunicar la decisión: horas antes del inicio de las maniobras y a través de un post en su red social.

En su mensaje, Trump aludía al enorme coste de las maniobras. Según él, EEUU soporta la mayor parte de los gastos de la operación. Pero, sobre todo, hizo hincapié en que era una "mala señal" y un mensaje "hostil" hacia un país cuyo comportamiento ha sido "respetuoso y no amenazante" mientras él ha ocupado la Casa Blanca.

La decisión es un 'golpe de castigo' contra la insolencia de Seúl por no acudir en su ayuda de Trump cuando la necesitó en Ormuz. También puede ser una advertencia porque Corea del Sur no ha cumplido con las inversiones prometidas cuando el presidente visitó el país en octubre pasado.

En aquella ocasión, Trump regresó a Washington con planes para invertir hasta 350.000 millones de dólares en construcción naval y en la expansión de una megafábrica de semiconductores de Samsung en Texas, entre otras cosas. Una vez más, el presidente usa la política como arma negociadora.

El episodio hay que contemplarlo a la luz de acontecimientos anteriores: el viernes pasado, el Ministerio de Exteriores norcoreano había calificado las maniobras como "un ensayo para una guerra agresiva". Según Pionyang, estas maniobras son "de naturaleza más seria y provocativa que las de años anteriores".

Un día después, el sábado, Trump publicó en Truth Social una foto suya acompañado del mandatario norcoreano durante el encuentro que tuvieron en la zona desmilitarizada entre las dos Coreas en 2019. Los dos mostraban un semblante serio.

"A pesar del aspecto poco amigable de esta foto, hay muchas en las que estamos sonriendo", escribe en el cuerpo del mensaje. "¡Kim Jong-un y yo nos llevamos GENIAL!", añade. Las mayúsculas aparecen en el mensaje original.

El presidente Donald Trump y el líder supremo Kim Jong-un con semblante serio durante su encuentro de 2019 en la zona desmilitarizada . Imagne de RRSS. RRSS:

No se descarta que, además de la retórica impostada de las declaraciones públicas, Pionyang hubiera hecho llegar a Washington un mensaje de parte del líder supremo pidiendo un gesto más contundente. Trump respondió con la foto, reforzando la idea de que, para él, la relación entre ellos es importante.

El presidente volvió a la carga este lunes enviando un post en el que se ve la imagen de Kim Jong-un hablando por un teléfono de campaña en lo que parece un ejercicio militar. Sobre ella se ha escrito una frase: "Hey Donald, we cool... right?" ("Hola Donald, nosotros guay... ¿Verdad?").

Se desconoce si se trata de una invitación al líder supremo coreano para acercar la relación o una confirmación de que su mensaje riñendo a Corea del Sur se daba por recibido y por aceptado en Pionyang.

Para los analistas internacionales, este es un rompecabezas difícil de resolver. Joel Wit, diplomático del Departamento de Estado que participó en las conversaciones de desarme del primer mandato de Trump, declaró a The New York Times que Trump parece no darse cuenta de que Kim no tiene interés en mejorar sus relaciones con EEUU.

"Kim está empeñado en conservar sus armas nucleares, enviar tropas a Ucrania para apoyar a su aliado ruso y amenazar a Corea del Sur" aseguró Wit al medio. Según el presidente Volodímir Zelenski, Pionyang habría enviado entre 30.000 y 50.000 efectivos al frente de Ucrania.

La inteligencia surcoreana y el Instituto para la Estrategia de Seguridad Nacional (INSS), el Gobierno de Pionyang recibe entre 2.800 y 5.000 dólares mensuales de Rusia en concepto de salario para soldados y oficiales. Además, Moscú aporta una compensación que oscila entre 6.000 y 10.000 dólares si el militar muere en el frente.

La mayor parte de estos ingresos se quedan en manos del Gobierno norcoreano, quien se encarga de pagar a sus militares. La guerra de Ucrania se ha convertido en un negocio muy rentable para Corea del Norte. Además, los militares que sobreviven, adquieren una experiencia valiosísima de comportamiento en la guerra moderna.

Corea del Norte también obtiene un gran rendimiento de la guerra de Irán. El mayor beneficio se encuentra en el aprendizaje estratégico.

Según declaró Victor Cha, profesor de la Universidad de Georgetown que trabajó con George W. Bush en la política asiática, la guerra de Irán sirve para confirmar a Kim la necesidad de tener armas nucleares. "La verdadera vulnerabilidad de Irán fue no tener desarrolladas las armas atómicas", aseguró Cha.

También aporta aprendizajes tácticos, como la importancia de una estructura subterránea reforzada, dispersar las lanzaderas de misiles y reforzar el uso de drones. Por otro lado, la guerra es siempre una magnífica oportunidad de mercado para las potencias que cuentan con una floreciente industria armamentística, aunque sea de una generación anticuada.

Trump presume constantemente de sus excelentes relaciones con Kim, pero hasta la fecha no ha conseguido su propósito de llegar a un acuerdo sobre las armas nucleares.

Durante su primer mandato se planteó como objetivo la desnuclearización de Corea del Norte. No sólo por su relación estratégica con el sur, también por la amenaza constante que supone para Japón, aliado regional al que debe apoyar militarmente porque su constitución, redactada por EEUU al final de la Segunda Guerra Mundial, prohíbe la creación de un ejército poderoso.

Sin embargo, no solo fracasó en el intento, sino que Kim se dio prisa por reforzar su arsenal atómico: según las últimas estimaciones, cuenta con 60 armas nucleares y ya dispone de misiles balísticos intercontinentales. Las grandes ciudades estadounidenses están ahora al alcance de sus mortíferos artefactos.

Trump maltrata a sus amigos y mima a sus enemigos. En menos de dos años, ha logrado enemistarse con Europa, ridiculizar a la mayoría de sus mandatarios, amenazar a Omán con arrasar su país, declarar que se anexionaría Canadá y Groenlandia y retirar su apoyo militar a Corea del Sur.

En cambio, asegura que "se ha enamorado" de Kim Jong-un, presume de mantener unas relaciones excelentes con el presidente ruso Vladímir Putin que llevarán al final de la guerra de Ucrania o adula públicamente al presidente chino Xi Jinping. "Es un honor estar contigo. Es un honor ser tu amigo", le dijo cuando se encontraron en mayo en Pekín.

Pruebas de lanzadores de misiles balísticos tácticos norcoreanos. Imagen de archivo. Korean Central News Agency. Vía Reuters.

James Blanchard fue embajador de EEUU en Canadá y gobernador demócrata de Michigan. "Si alguien me hubiera dicho alguna vez que nuestros amigos eran los rusos y nuestros enemigos los canadienses, le habría contestado que vivía en 'el mundo al revés'", declaró este martes.

Richard Fontaine, director ejecutivo del Centro para la Nueva Seguridad Americana, explicó a The New York Times que Trump no ha cumplido ninguna de las amenazas que ha proferido: no se ha salido de la OTAN ni ha bombardeado Omán.

Tampoco ha ocupado Canadá o Groenlandia. Es cierto, aunque también lo es que no ha derrocado al régimen iraní, ni ha anulado su capacidad nuclear y no ha llegado a un acuerdo de desnuclearización con Pionyang.

Los analistas se echan las manos a la cabeza por lo que consideran una estrategia equivocada, pero el presidente argumenta que su plan tiene sentido para EEUU. Por una lado, asegura que la estrategia de confrontación de toda la vida no ha funcionado hasta la fecha. Por otro, se lamenta de que su país siempre ha pagado la factura de los costes del orden mundial.

No se puede contemplar el nuevo orden mundial capitaneado desde la Casa Blanca y Mar-a-Lago solo con los ojos de la geopolítica. Quien lo plantea, lo ve con la mirada de un promotor inmobiliario neoyorquino y, bajo esa perspectiva, todo parece más sencillo.

Para Trump, la paz mundial no se consigue a base de sostener ingentes medios militares estadounidenses en Europa, Oriente Medio o Extremo Oriente. Cada región y cada país debe velar por su propia seguridad y pagar sus gastos de defensa.

Él prefiere basar el equilibrio con Rusia y China en una relación personal de respeto y comprensión mutua, trasladando la rivalidad al ámbito comercial o tecnológico, donde EEUU domina la situación. La cuestión es si Donald Trump está dispuesto a aceptar el desafío que le lanzó el presidente Xi en la cumbre de mayo.

"El mundo ha llegado a una nueva encrucijada", declaró. "¿Pueden China y Estados Unidos superar la 'trampa de Tucídides' y crear un nuevo paradigma de relaciones entre grandes potencias?". La pregunta está pendiente de respuesta.