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Las claves

Durante ocho años, Michael Cohen ha convertido su ruptura con Donald Trump en toda una industria. Dos libros, varios podcasts y cuatro millones y medio de dólares facturados.

El antiguo abogado personal y hombre para todo del presidente, convertido después en testigo clave de su única condena penal, vuelve ahora a su lado. Se ha reunido dos veces con Trump, acusa de coacción a los fiscales ante los que declaró y lo defiende en pleno escándalo por Jeffrey Epstein.

El acercamiento ya tiene un primer resultado: este verano presenta un programa en una emisora favorable al presidente que puede devolverlo a la órbita de poder de la que salió entre insultos, cárcel y acusaciones de traición.

Desde hace unas semanas, Cohen presenta When You Know, You Know, un espacio dominical en WABC, una histórica emisora neoyorquina de tertulias políticas con una línea conservadora.

Sustituye durante el verano al exgobernador Andrew Cuomo, pero ya pretende convertir el programa en diario y llevar hasta allí los cerca de un millón y medio de seguidores que asegura reunir en internet.

El propietario de la cadena, el multimillonario y aliado de Trump John Catsimatidis, ha adelantado que probablemente aceptará la oferta.

Antes de contratarlo consultó a la Casa Blanca y recibió como respuesta que no existía ninguna objeción. Cohen sostiene incluso que el presidente lo recomendó porque lo considera capaz de convertirse en el próximo Rush Limbaugh, la gran figura de la radio conservadora estadounidense durante décadas.

El abogado de Trump, Michael Cohen. Reuters

El programa culmina un acercamiento que comenzó el verano pasado, cuando Cohen mantuvo una breve conversación con Trump en su club de golf de Bedminster, Nueva Jersey.

El gesto decisivo llegó en enero: el antiguo abogado personal del presidente acusó a la fiscal general de Nueva York, Letitia James, y al fiscal de Manhattan, Alvin Bragg, de haberlo presionado para que su testimonio encajara en los procesos contra su antiguo jefe.

El giro le costó unos 50.000 seguidores y sus dos programas en MeidasTouch, una importante red audiovisual progresista nacida para combatir políticamente a Trump. También recibió críticas por asegurar que, durante los años que trabajó para el presidente, nunca vio a Epstein en sus oficinas ni tuvo conocimiento de que ambos mantuvieran el contacto.

Su testimonio es limitado porque llegó al entorno de Trump en 2006, cuando este afirma que ya había roto con el financiero.

La reacción de sus antiguos aliados llegó al presidente a través de un conocido común. Trump transmitió que sentía "empatía" por Cohen y ambos mantuvieron después una segunda reunión, más larga y personal, en Mar-a-Lago. El estreno radiofónico de este verano ha convertido aquella reconciliación privada en pública.

De prometer que recibiría una bala a ayudar a condenarlo

Cohen trabajó para Trump entre 2006 y 2018 como abogado personal y hombre para todo. Se definía como su "pitbull", amenazaba con demandas, negociaba con periodistas y apagaba los escándalos antes de que alcanzaran a su jefe. Llegó a asegurar que recibiría una bala por él.

Su encargo más conocido fue el pago de 130.000 dólares a la actriz porno Stormy Daniels para silenciar una supuesta relación con Trump antes de las elecciones de 2016.

Cohen adelantó el dinero mediante una línea de crédito sobre su propia vivienda y después recibió el reembolso de la Organización Trump a través de facturas que lo presentaban como servicios jurídicos.

La alianza se rompió en abril de 2018, cuando el FBI registró su domicilio, su despacho y la habitación de hotel en la que se alojaba. Cohen se declaró culpable de varios delitos fiscales, bancarios y electorales, además de mentir al Congreso, y fue condenado a tres años de cárcel e inhabilitado para ejercer como abogado.

Trump lo llamó "rata"; él respondió describiéndolo como "racista, estafador y tramposo".

La guerra llegó también a los tribunales. Un juez ordenó liberar a Cohen después de considerar que su regreso a prisión constituía una represalia por preparar un libro sobre Trump.

El presidente le reclamó posteriormente 500 millones de dólares por revelar confidencias, pero retiró la demanda antes de tener que declarar bajo juramento.

El enfrentamiento culminó en 2024, cuando Cohen se convirtió en el testigo principal del juicio por los pagos a Stormy Daniels. Aseguró que Trump había autorizado la operación y explicó cómo se ocultó el reembolso.

La defensa expuso sus numerosas mentiras y consiguió que admitiera que había sustraído otros 30.000 dólares a la Organización Trump inflando un pago. Pese a ello, el jurado consideró creíble el núcleo de su relato y declaró al presidente culpable de 34 delitos de falsificación documental.

Michael Cohen, exabogado de Donald Trump, declarando en el Comité de Supervisión y Reforma de la Cámara Baja. Reuters

Trump recibió una condena sin cárcel, multa ni libertad vigilada, pero el veredicto se mantuvo.

Cohen no ha retirado su testimonio ni ha dicho que mintiera durante el proceso. Sin embargo, sus nuevas acusaciones contra los fiscales permiten al presidente cuestionar la investigación y sembrar dudas sobre la única condena penal de su historial.

Un indulto y el hombre que ahora ocupa su lugar

La reconciliación todavía no ha devuelto a Cohen al equipo de Trump. Tampoco puede regresar inmediatamente como abogado: Nueva York lo inhabilitó en 2019 y, aunque ya puede solicitar su readmisión, deberá convencer a un tribunal de que vuelve a reunir las condiciones éticas necesarias.

Cohen ya ha dejado algunas pistas sobre lo que espera obtener. Ha propuesto un indulto colectivo para los condenados por delitos no violentos que hayan cumplido sus penas, una medida que, según sus cálculos, beneficiaría a 70 millones de estadounidenses, incluido él mismo.

También ha preparado una solicitud para cobrar del fondo de casi 1.800 millones creado por la Administración para compensar a supuestas víctimas de la utilización política de la Justicia. Esa posibilidad parece remota: un tribunal bloqueó el fondo y el Departamento de Justicia asegura que no lo pondrá en marcha.

Su antiguo puesto pertenece ahora a Boris Epshteyn, el asesor que coordina a los abogados personales de Trump, controla el acceso al presidente y decide qué estrategias jurídicas llegan hasta él.

Cohen no puede disputarle todavía la dirección del equipo jurídico, aunque sí puede regresar como consejero informal, intermediario y defensor público.

Su programa de radio funciona como una prueba de fidelidad: cuanto más cuestione a los fiscales y se enfrente a sus antiguos aliados progresistas, más útil resultará para Trump.

El acercamiento beneficia a los dos. Trump recupera al testigo que puede sembrar dudas sobre su condena; Cohen obtiene una nueva audiencia, una posible vía hacia el indulto y la oportunidad de acercarse nuevamente al poder.

Para volver deberá desmontar parte del relato que le proporcionó dinero y notoriedad durante ocho años. Trump, a cambio, no necesita perdonarlo: le basta con volver a encontrarlo útil.