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Las claves

La "Junta de Paz" se estrenó este jueves con el esperable despliegue de adulación a Donald Trump, su gran valedor.

El órgano, pensado en un principio para resolver el conflicto en Gaza, pero con aspiraciones globales, se reunió en el llamado Donald Trump Institute of Peace de Washington y se vieron cosas tan llamativas como que el enviado de Kazajistán pidiera que la Junta otorgara un Premio Donald Trump al propio Donald Trump. Todo demasiado empalagoso.

Estuvo presente hasta Gianni Infantino, el presidente de la FIFA.

El objetivo, más allá de complacer al magnate, era exponer los pasos adelante que se habían dado respecto a la situación en la Franja desde la formación de la Junta el pasado 22 de enero.

Al respecto, Trump se felicitó del dinero que habían puesto casi todos los países árabes y anunció el despliegue inminente de 5.000 voluntarios, formados en Egipto y Jordania, que servirían de policía gazatí para acabar con Hamás y servir al Gobierno de transición.

Nadie explicó exactamente de dónde salían esos voluntarios ni cuáles eran sus nacionalidades. Tampoco quedó claro cómo iban a imponer la paz en todo el territorio apenas unos pocos miles de hombres.

La banda terrorista Hamás parece haber recuperado el pulso en los últimos meses, aprovechando precisamente el alto el fuego impuesto en la Franja, y aunque Indonesia, Marruecos, Kazajistán, Kosovo y Albania, todos países musulmanes, se hayan comprometido a enviar tropas, no es fácil que en 60 días esté todo ya preparado.

La idea, según el administrador jefe del Comité Nacional para la Administración de Gaza, Ali Shaath, de origen palestino, es que la Fuerza Internacional de Estabilización colabore con la policía gazatí para formar, en algún momento, un conjunto de 32.000 unidades, que no solo deben acabar con Hamás, la Yihad Islámica y los distintos grupos armados que aún controlan la Franja, sino vigilar que la reconstrucción no sea torpedeada.

Sin reconstrucción, al fin y al cabo, no habría inversiones que venderle a nadie.

Diez días para decidir sobre Irán

Con todo, las miradas del mundo estaban puestas principalmente en lo que Trump tuviera que decir sobre las negociaciones con Irán. Después de dos días de reuniones en Ginebra, la comunidad internacional se prepara para lo que puede ser un ataque inminente de Estados Unidos.

El primer ministro polaco, Donald Tusk, pidió este jueves a sus ciudadanos que abandonen el país inmediatamente: "Puede que, en unas horas, no sea posible".

A eso hay que sumarle el hecho de que el senador republicano, Lindsey Graham, íntimo amigo de Trump, afirmara el pasado miércoles que "ya hay una decisión tomada respecto a Irán", a lo que el adjunto al presidente del parlamento iraní contestó: "Estamos preparados para una pelea histórica".

Todos estos indicios no parecen encajar con los diez días que Trump ha dado de margen a los ayatolás para ver si sigue la vía diplomática o directamente opta por un ataque.

Hay que recordar que Estados Unidos, mientras negociaba en Ginebra o en Doha, ha ido enviando sus mejores portaaviones a la zona, rodeando prácticamente la salida de Irán al mar Arábigo.

Teniendo en cuenta lo laxas que son las fechas de los ultimátums de Trump, que casi siempre habla de "diez días" o "dos semanas" para decisiones que toma al día siguiente o no llega a tomar nunca, no se puede descartar que el presidente estadounidense estuviera jugando al despiste.

En principio, el ataque debería ser autorizado por el Congreso, que aún ni siquiera ha sido consultado al respecto.

Aparte, dentro del movimiento MAGA, son muchas las voces que claman contra una intervención que puede empujar a Estados Unidos a una guerra cuyo final es difícil de predecir y que puede prolongarse en el tiempo.

La "derecha alternativa" siempre ha criticado duramente las intervenciones en Oriente Próximo, especialmente en Afganistán e Irak. No quieren saber nada de mandar más estadounidenses a morir a miles de kilómetros de su tierra.

Un sustituto para la ONU

Estaría por ver, además, qué posición adopta Rusia en caso de que su aliado se vea atacado.

Es cierto que, hasta ahora, ha preferido mirar para otro lado tanto en el derrocamiento de Bashar Al Asad en Siria como en el de Nicolás Maduro en Venezuela o en los ataques que Israel y Estados Unidos lanzaron sobre las instalaciones nucleares iraníes en junio del año pasado.

Si Vladímir Putin se decidiera a mandar más armas y más barcos a la zona, estaríamos ante una escalada que tal vez Trump no esté calculando del todo bien. Al fin y al cabo, él sigue pensando que Putin es su amigo y que la admiración es mutua.

Más allá de la ironía que supone el hecho de que estas amenazas de guerra se hagan públicas en la Junta de Paz, lo cierto es que nadie se opuso a las pretensiones de Trump, pues, al fin y al cabo, prácticamente todos los ahí presentes —no sabemos qué opina Infantino— odian a Irán y a los ayatolás.

Sí se echa de menos que estas cuestiones no se diriman en el marco más amplio de las Naciones Unidas, que parece estar dando sus últimas bocanadas.

El pasado 30 de enero, António Guterres, secretario general desde 2017, urgía a los países a pagar sus cuotas o la organización entraría en quiebra técnica.

El país que más dinero debe es, con diferencia, Estados Unidos, con 2.190 millones de dólares adeudados. Sin embargo, Trump, que aseguró que su Junta de Paz tenía el encargo de "supervisar" lo que se decidía en la ONU, no fue capaz más que de pagar 160 millones hace pocos días… lo que no le ha impedido prometer una aportación de 10.000 millones de dinero público a su Junta.

De nuevo, esa promesa debería necesitar de la aprobación del Congreso, al que Trump ha puesto en un considerable aprieto.

No son pocos los representantes republicanos que ven con incredulidad el ninguneo al que les somete su propio presidente, aunque una posible rebelión está aún muy lejos de producirse… o eso parece.