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Las claves

Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores se declararon inocentes este lunes en su primera comparecencia ante el Tribunal Federal del Distrito Sur de Nueva York. "Fui capturado", denunció en español el líder chavista. "Soy un hombre decente, el presidente de mi país", insistió Maduro, que se declaró "no culpable de los cuatro cargos" por los que está acusado.

"Soy completamente inocente", replicó también en español su esposa, que reafirmó ante el juez Alvin Hellerstein su condición de "primera dama de la República de Venezuela".

Los abogados de la defensa —Barry Pollack, en el caso de Maduro; Mark Donnelly, en el de Flores— hicieron saber al tribunal que ambos padecen problemas de salud que necesitarán atención médica. Según Donnelly, la esposa de Maduro podría tener una fractura o hematomas graves en las costillas.

El juez Hellerstein dio por terminada la primera audiencia —que duró algo menos de 30 minutos— y citó a los acusados el próximo 17 de marzo. El letrado Pollack comunicó al tribunal que no pediría libertad bajo fianza para su cliente, por lo que Maduro permanecerá hasta entonces en prisión.

A la salida de la corte, Maduro —ataviado con pantalones caqui y camisa azul de manga corta sobre una camiseta naranja— se encaró con Pedro Rojas, un varón de 33 años que había seguido la comparecencia desde el interior de la sala. Rojas, que dijo ser ante la prensa un represaliado del chavismo, llamó a Maduro presidente "ilegítimo", y este le respondió que era "un presidente secuestrado, un prisionero de guerra".

Narcoterrorismo

Estados Unidos acusa a Maduro y su esposa por narcoterrorismo, conspiración para la importación de cocaína y conspiración para poseer ametralladoras y dispositivos destructivos, según el pliego de cargos que el Departamento de Justicia hizo público el pasado sábado.

El auto de procesamiento, de 25 páginas, recoge que Maduro y sus socios se enriquecieron con el tráfico de "miles de toneladas de cocaína" a Estados Unidos haciendo uso de "su autoridad obtenida ilegalmente y de las instituciones que corrompió".

Su juicio recuerda a la causa que enfrentó hace más de tres décadas el general panameño Manuel Noriega, condenado en los tribunales estadounidenses a 40 años de prisión —después reducidos a 17— por tráfico de drogas, lavado de dinero y asociación para delinquir.

Según los cálculos del Departamento de Estado, que elevó en agosto a 50 millones de dólares la recompensa por información que facilitara la captura de Maduro, hasta 2020 cruzaban la frontera de Estados Unidos cada año entre 200 y 250 toneladas de cocaína. Venezuela era, en teoría, el origen de la droga.

En la misma causa también está imputado el primogénito del líder chavista, Nicolás Maduro Guerra, mencionado en el escrito de acusación del Departamento de Justicia como "Nicolasito" o "El Príncipe".

Maduro Guerra rompió su silencio este domingo, cuando habían pasado más de 24 horas de la captura del matrimonio presidencial. "Después se verá, la historia, la historia dirá quiénes fueron los traidores, la historia lo develará", declaró a través de un audio difundido en redes sociales, en el que parecía confirmar las sospechas de que otro miembro destacado del régimen había pactado con la Administración Trump la salida de Maduro. "Lo veremos".

Juez de prestigio

El juez Hellerstein, un judío ortodoxo de 92 años, dirige la causa. El magistrado, experto en crimen organizado y delitos transnacionales, ocupa la plaza desde 1998. Es reconocido en el circuito judicial por su independencia. "Mi trabajo es asegurar que este sea un juicio justo", declaró en la primera audiencia de este lunes. "Ese es mi trabajo y eso es lo que pretendo".

Nombrado por el entonces presidente Bill Clinton, Hellerstein tiene una amplia experiencia en dirigir casos mediáticos, como los litigios civiles derivados de los atentados del 11-S, el caso contra el productor de Hollywood Harvey Weinstein o el proceso contra Hugo El Pollo Carvajal, el exjefe de inteligencia militar de Venezuela.

Era previsible, por otra parte, que el abogado defensor de Maduro, uno de los miembros de la defensa de Julian Assange que negoció la liberación del fundador de WikiLeaks, argumentara que su cliente goza de inmunidad frente a un proceso penal por ser jefe de Estado soberano de un país extranjero, un principio fundamental del derecho internacional y estadounidense.

No obstante, en los tribunales estadounidenses suele primar el criterio del Departamento de Estado, que colgó sobre Maduro el cartel de fugitivo. Además, como se ha encargado de recordar estos días el secretario de Estado, Marco Rubio, la Administración Trump ni siquiera reconoce la legitimidad del líder chavista.

Maduro y su esposa habían sido trasladados unas horas antes desde el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn, una cárcel federal de máxima seguridad por la que han desfilado en los últimos meses otros presos de renombre, como Sean Diddy Combs o Luigi Mangione.

Dos horas antes de la primera audiencia, se produjeron en los aledaños de la corte de Manhattan una serie de enfrentamientos entre dos grupos de manifestantes. Uno, en contra de Maduro, celebraba su captura. El otro, en contra de la intervención de Estados Unidos en el país caribeño, portaba pancartas con el lema "No a la sangre por el petróleo".