¿Un virus de generación espontánea o fruto de un accidente en un laboratorio? La versión oficial localiza el origen del coronavirus en un mercado de animales salvajes de Wuhan, en China, pero la administración Trump revisa ahora unos cables diplomáticos de enero de 2018 que podrían abrir otra línea de investigación. 

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Dos años antes de que estallara la pandemia que ha infectado ya a más de dos millones de personas en todo el mundo, diplomáticos estadounidenses enviaron una señal de alarma a Washington: detectaron "graves problemas de seguridad y alto riesgo" en el Instituto de Virología de Wuhan, un laboratorio que investigaba con distintos patógenos de coronavirus de murciélagos. 

Lo que vieron los especialistas estadounidenses de la embajada en China en el citado laboratorio les empujó a enviar dos cables diplomáticos clasificados como información sensible. Los documentos, a los que ha tenido acceso el Washington Post, advertían de fallos de seguridad y del alto riesgo de transmisión entre humanos que conllevan los experimentos con coronavirus.

"Durante la visita al Instituto de Virología de Wuhan, los científicos comunicaron la ausencia de técnicos e investigadores debidamente entrenados para operar con seguridad", se lee en el informe fechado el 19 de enero de 2018.

La delegación estadounidense que realizó esta visita estaba encabezada por Jamison Fouss, cónsul de Wuhan, y Rick Switzer, consejero de ciencia, tecnología y salud. La web del Instituto de Virología de Wuhan borró de su web un comunicado sobre la expedición estadounidense, según ha constatado el diario estadounidense. 

El origen del enemigo invisible

"Lo más importante", describe uno de los documentos es que "los investigadores demostraron que los virus SARS-Coronavirus pueden interactuar con ACE2, un receptor de las células humanas. Este dato sugiere que los coronavirus de los murciélagos podrían transmitirse a los humanos y generar enfermedades parecidas al SARS".

La investigación del laboratorio chino tenía como objetivo prevenir el desarrollo de una epidemia como la del SARS, que causó casi 800 muertos en 2003. No hay ninguna evidencia científica que sugiera que el Covid-19 fuera fabricado en un laboratorio. Más bien al contrario, la comunidad científica coincide en que se trata de un virus de origen animal.

El Departamento de Estado no ha querido realizar ningún comentario sobre los cables adelantados por el rotativo estadounidense, que indica que varios asesores de seguridad de la Casa Blanca han vuelto a hacer circular estos informes de hace dos años. 

El autor de esta investigación periodística difundida por el Washington Post, Josh Rogin, denuncia también que las autoridades chinas han impuesto un cerrojazo informativo sobre el origen del coronavirus y aún no han remitido a EEUU muestras de los primeros casos registrados. 

Mientras el Instituto de Virología de Wuhan niega con rotundidad que su laboratorio fuera responsable del brote por accidente, la comunidad científica busca respuestas sobre el origen de la pandemia para conocer a fondo al enemigo invisible.

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