Con uno de los discursos más cortos de las últimas tomas de posesión de un presidente de Estados Unidos, Donald Trump mostró este viernes al mundo cuáles serán las claves de su mandato en La Casa Blanca. Frente a los discursos emocionales y visionarios del ya expresidente Obama, Trump se ha presentado como el defensor de las clases medias y trabajadoras y su discurso ha seguido la línea de lo que ha sido su campaña electoral.



Toda su intervención ha estado impregnada de tintes populistas. Para ello, Trump se ha presentado como el representante del pueblo estadounidense frente a la casta de Washington y su discurso ha tenido como centro de atención las clases medias y trabajadoras norteamericanas, donde Trump ha captado la gran mayoría de sus votos.



Con un tono plano y un semblante serio y agresivo, Trump se ha dirigido a ellos para garantizarles que él será quien devuelva la riqueza al pueblo estadounidense. “Traeremos de vuelta nuestros empleos, nuestras fronteras, nuestra riqueza, nuestra prosperidad, nuestros sueños”, dijo el presidente. Unas palabras que recuerdan no sólo a los mensajes que Trump lanzó durante su campaña electoral, sino también a los discursos populistas que venimos oyendo en nuestro país y también en Reino Unido, en Francia o en Italia por parte de formaciones de distinto signo político. De esta forma, el populismo se instala en la Casa Blanca.



Pero al margen del tono populista, el discurso de Trump significa el fin de la era del eslogan de Obama: “Yes, we can” (Sí podemos) ha sido sustituido por el “Make America Great Again” (Haz EEUU grande de nuevo). El exitoso eslogan de su campaña que le ha llevado a la Casa Blanca ha sido una de las ideas fuerza de su discurso junto con otra idea clave del ya presidente, “America First” (EEUU primero).



En torno a estas dos ideas, el presidente Trump ha construido un discurso en el que apenas ha habido referencias a la política internacional y mucho menos a Rusia y China, lo que, sin duda, no despeja las preguntas que la comunidad internacional alberga sobre cuál va a ser la posición de Estados Unidos en el mundo.



Y es que toda la intervención de Trump ha estado dirigida al pueblo estadounidense sin ninguna mención al resto del mundo. Al contrario del primer discurso que pronunció Obama como presidente en el año 2009, que aprovechó no sólo para dirigirse a los estadounidenses sino también al resto del mundo, Trump ha dirigido su discurso únicamente al pueblo norteamericano. Frente a los discursos visionarios, optimistas y emocionales de Obama, la primera intervención de Trump como presidente ha estado repleta de tintes pesimistas y apocalípticos. Así, hemos pasado de la visión optimista del mundo que encarnaba Obama al pesimismo de Donald Trump.



En cuanto al resto del contenido de su discurso, Trump no ha hecho referencia a cuestiones que han marcado su campaña electoral como han sido las relaciones con China o Rusia o la construcción del muro con México.



Pese a que no había grandes esperanzas depositadas en el discurso de Donald Trump, las palabras que pronunció tras ganar las elecciones el 8 de noviembre invitaban a albergar la esperanza de que hoy podríamos ver a un Trump distinto, a un Trump presidencial, pero no ha sido así, lo que invita a pensar que Estados Unidos entra en una nueva etapa diametralmente opuesta a los ocho años de Barack Obama.

*Rubén Rodríguez es experto en comunicación política y socio de la consultoría Mas Consulting