Si Barack y Michelle Obama pensaban que con el final del traspaso de poderes a la nueva Administración republicana iban a perder de vista a la familia Trump por una temporada, estaban muy equivocados. La lujosa mansión que hace unos meses eligieron para residir en Washington una vez que abandonen la Casa Blanca, en el exclusivo barrio de Kalorama, está literalmente a un minuto caminando de la casa en la que se va a instalar la hija favorita del nuevo presidente, Ivanka Trump, junto a sus tres pequeños y su esposo Jared Kushner, que será asesor de su padre. Un retiro tranquilo en el que, paradójicamente, convivirán cinco veces al día con la comunidad musulmana de la capital del país.

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Estos días, cualquier curioso que se acerque a esta selecta zona de la ciudad, donde se encuentran ubicadas numerosas embajadas y lujosas viviendas de misiones diplomáticas, podrá comprobar cómo varios camiones de mudanza se afanan en transportar los bienes personales de dos nuevos vecinos muy especiales, dejando a la vista de todos las cajas con sus pertenencias más íntimas, desde la vajilla china de los Kushner-Trump, a las alfombras y obras de arte del ya ex matrimonio presidencial, que ya está en Palm Springs (California) para pasar unos días de vacaciones.

Pero antes de acercarnos a las casas de ambas familias, conviene explicar que Kalorama, a un cuarto de hora de la Casa Blanca, es una de las áreas más elitistas y tranquilas de Washington, pese a estar rodeado por los ajetreados distritos de Woodley Park, Adams Morgan, Foggy Bottom, Georgetown o Dupont Circle. No estamos en un vecindario al uso, sino en uno de los pocos núcleos residenciales históricos donde todavía quedan mansiones de principios del siglo pasado a lo largo de sus calles amplias e impolutas, de cuidado césped y frondoso arbolado, por las que no transitan ni demasiados vehículos ni peatones.

A eso de las cuatro de la tarde, cuando la jornada laboral va llegando a su fin en DC, se puede ver salir de algunas viviendas al personal del servicio mientras los jardineros cortan el césped o adecentan las entradas. Alex y Nobella, una joven pareja de estudiantes veinteañeros, residentes en Silver Spring (Maryland), pasea tranquilamente tomando fotos de las casas.

“No vivimos aquí, pero nos gusta venir de vez en cuando porque nos encanta este tipo de arquitectura y contemplar estas mansiones pensando que quizá algún día podamos vivir aquí”, relata a EL ESPAÑOL Alex, que asegura que hay pocas áreas parecidas a esta en la capital, “con la ventaja además de estar a pocos minutos de Dupont Circle” -uno de los puntos neurálgicos de la ciudad-. “No es que sea una zona para turistas, pero a mucha gente le gusta venir por aquí a caminar”, aclara su chica.

Ninguno de los dos sabía que los Obama y la familia de Ivanka Trump se mudan a Kalorama. “Really? (¿De verdad?)”, preguntan con asombro. “Desde luego no es una mala opción. Aquí no les van a molestar”, apuntan antes de continuar su camino.

El barrio ofrece al paseante numerosas atractivos. Colombia tiene uno de sus edificios diplomáticos en este distrito, con una escultura al aire libre dedicada a Simón Bolívar. Eslovenia, tierra natal de la nueva primera dama, también tiene aquí su embajada, al igual que Guyana.

Precisamente la representación consular de esta nación americana se encuentra en Tracy Place, una de las calles de este barrio más cercanas a la avenida de Massachusetts, una de las arterias del tráfico rodado de Washington. Casi enfrente se erige la que se convertirá en breve en la casa de los Kushner-Trump, una enorme construcción de 94 años de antigüedad, recién remodelada, de fachada blanca y aspecto inmejorable.

La pareja, que desempeñará un importante rol en la Administración Trump, encontró este edificio después de la victoria del candidato republicano el 8 de noviembre, que les llevó a decidir abandonar Nueva York. Con un valor de 5,5 millones de dólares, la casa ocupa 600 metros cuadrados en los que se levantan tres plantas, con seis habitaciones y otros tantos baños, así como jardines en el interior. Está cerca de una de las más grandes sinagogas de la ciudad, uno de los factores tenidos en cuenta por la pareja, judía ortodoxa -ella se convirtió por él- y practicante.

El equipo de una televisión japonesa graba la casa del matrimonio Kushner-Trump. J.G.

Un camión de color azul pastel de la compañía de mudanzas Collins Bros permanece apostado frente a la entrada principal. Descarga cajas y las introduce en la residencia por la puerta de servicio. Aparcado en la acera de enfrente, los ocupantes enchaqueados de un vehículo de alta gama de color negro no quitan ojo a cada individuo que se acerca. En sólo unos minutos, aparece a la zona un equipo de grabación de la televisión nacional japonesa, preparados para filmar la nueva mansión de los Kushner-Trump. Mientras, numerosos taxistas empiezan a rondar la calle en busca de aparcamiento. La mayoría habla árabe.

“En Japón hay un gran interés por el relevo presidencial en EEUU, tanto por la cuestión política como por detalles menores, como dónde vivirán los Obama o los Trump. Resulta curioso que la mayoría de países, con diferentes culturas, nos fijamos en cosas parecidas”, explica a EL ESPAÑOL Toshiyuki Matsuyama, corresponsal de Fuji Television, mientras su equipo toma imágenes de la vivienda. “Nos hemos llevado una gran sorpresa al ver que están a un minuto de distancia los unos de los otros. Se pueden hasta cruzar”, añade.

Mientras la reportera nipona hace varias tomas para su reportaje, los taxistas siguen dando vueltas sin poder aparcar frente a la fachada principal de la residencia Kushner-Trump. Los operarios de la mudanza han reservado esa zona para trabajar, ocupando el asfalto con varias cajas de objetos personales de la familia. En concreto, según reza el rotulado marcado sobre ellas, contienen “bandejas, platos y vajilla china”, “procesadores de cocina y sartenes” y “cristalería para la mesa del comedor”.

Finalmente, los conductores árabes van bajando de sus vehículos y bajan la calle en grupo. Uno de ellos, que prefiere no dar su nombre, desvela a este periódico el motivo. “Aquí al lado está el Centro Nacional Islámico de Washington. Es la mayor mezquita de la ciudad y llama al rezo cinco veces cada día. Somos muchos los musulmanes que trabajamos el taxi y venimos cuando podemos”.

Efectivamente, a escasos pasos de la vivienda de la hija de Trump se levanta una monumental construcción de estilo islámico, con un enorme minarete, en el que van entrando grupos de hombres, algunos ataviados con prendas orientales. “Si entras puedes oír la llamada a la oración, pero no se oye por fuera”, expone el conductor, que prefiere no comentar nada sobre la llegada al barrio de la familia del nuevo presidente, ese que quiere controlar el acceso de musulmanes al país como medida contra el terrorismo. Cambia el gesto y se despide.

La mudanza ante la nueva casa de los Obama. J.G.

EL DESPACHO DE OBAMA

Bajando un poco más por esta calle, desembocamos en Belmont Road. A pocos pasos por este camino, nos topamos con otro camión de mudanzas y más reporteros y fotógrafos esperando a las puerta de otra enorme mansión de ladrillo a la vista, ésta de mayor tamaño y en una zona más reservada. Estamos ante la nueva vivienda de los Obama, escogida expresamente a prueba de miradas indiscretas. De hecho, no hay otros edificios enfrente, sólo un terraplén boscoso que da a una carretera lejana que apenas se escucha.

En este caso, es la compañía Cadogan Tate Fine Art la encargada de la mudanza de las piezas más delicadas recién desocupadas de la Casa Blanca. Los trabajadores acarrean bultos mientras bromean sobre la necesidad de tener cuidado para no arañar los muebles de Michelle. Van apilando las cajas frente a la entrada, entre las que se adivina una mesa de despacho y algunas alfombras.

La mansión está valorada en 5 millones dólares y posee 800 metros cuadrados, nueve habitaciones, ocho baños, suelos de madera y mármol, techos altos, terrazas, jardines y un gran aparcamiento con capacidad para hasta una decena de vehículos. Datada en 1920, ha sido reformada antes de la llegada de la -hasta el viernes- primera familia, que ha optado por seguir en Washington en lugar de volver a Chicago para permitir que Sasha termine sus estudios en el instituto al que acude en la capital.

Una pareja pasea a sus perros y se detiene al ver al grupo de reporteros, mientras intenta atisbar si hay algún Obama en el interior. “No vivimos en esta calle, pero sabemos que Barack y Michelle se mudan aquí. Es excitante pero no creo que vaya a cambiar la vida del barrio. De siempre ha vivido gente importante en este vecindario”, comenta la pareja, a la que no le falta razón. Obama es el sexto presidente que se traslada a Kalorama tras dejar el gobierno. Ya lo hicieron Woodrow Wilson, William Howard Taft, Franklin D. Roosevelt, Warren Harding y Herbert Hoover, aunque el único que lo hizo inmediatamente tras dejar la avenida de Pensilvania fue Wilson.

Va atardeciendo y comienzan a llegar vehículos a este barrio de élite que cobija nada menos que 28 embajadas, así como viviendas de empresarios, políticos y lobistas. Un vecindario ideado para los poderosos, cuya historia arranca en 1802, cuando el poeta y diplomático estadounidense Joel Barlow compró una finca que rebautizó como Kalorama justo donde se levantan estas mansiones. No se empezó a construir hasta finales del siglo XIX, cuando se levantaron las primeras residencias, similares a las que actualmente se pueden contemplar.

Desde sus orígenes, ha sido una de las áreas más exclusivas de Washington. El valor medio de la propiedad aquí es de 1,3 millones, muy por encima de la media de 530.200 dólares de la ciudad, aunque actualmente se pueden adquirir casas en la zona pagando entre 379.000 dólares por una unidad de un dormitorio, hasta 7,9 millones por una casa de cinco dormitorios, según el portal inmobiliario Zillow.

La llegada de Obama y de los Kushner-Trump revalorizará aún más el distrito, alimentando la nueva leyenda urbana que sostiene que es en las esquinas de estas calles donde se oculta el verdadero poder político de la capital.