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Alberta celebra este lunes un referéndum no vinculante para consultar a sus ciudadanos si desean seguir formando parte de Canadá, y para el primer ministro Mark Carney es difícil imaginar "un peor momento" para meterse en este embrollo.

Y es que Canadá está inmersa en una guerra arancelaria con Estados Unidos, su principal socio comercial, y el propio Carney tiene que lidiar casi a diario con los embates arancelarios de un Donald Trump más que dispuesto a azuzar la causa separatista en Alberta.

El líder canadiense lo sabe, por eso aclaró la semana pasada en el canal Global News que su expectativa "con respecto a gobiernos extranjeros, incluido el de Estados Unidos, es que nosotros no nos inmiscuimos en sus elecciones y ellos no se inmiscuyen en las nuestras".

"La forma de garantizar que no haya injerencia extranjera en una elección es salir a votar en ella y dejar que se escuche la voz de los habitantes de Alberta", insistió Carney, que escuchó al secretario del Tesoro de Trump, Scott Bessent, intentar seducir a los albertanos describiendo a la provincia como un "socio natural" para Estados Unidos.

Nadie ha detectado interferencias, pero el primer ministro dejó claro que las agencias de seguridad estaban participando "muy activamente" en el seguimiento de posibles intromisiones. "Es fundamental garantizar la integridad de todas nuestras elecciones, ya sean municipales, este referéndum, nacionales o provinciales", advirtió Carney.

Separación

A diferencia de la francófona Québec, que celebró dos referéndums de independencia, en 1980 y en 1995, ninguno de los cuales culminó, la provincia de Alberta, rica en gas y petróleo, nunca había sometido la cuestión de la separación a una votación pública.

La impulsora del proceso es la primera ministra de Alberta, Danielle Smith, en la órbita MAGA. La líder del Partido Conservador Unido (UCP) asegura que votará a favor de permanecer en Canadá, pero promete al mismo tiempo que respetará la voluntad de los albertanos y que, llegado el caso, iniciará un proceso para celebrar un referéndum legalmente vinculante.

El primer ministro de Canadá, Mark Carney, y la primera ministra de Alberta, Danielle Smith, tras la firma de un Memorando de Entendimiento (MOU) en Calgary, Alberta. Todd Korol Reuters

Smith no responde a la presión de la calle, sino a la presión de un sector importante de su partido y, sobre todo, del Alberta Prosperity Project, un influyente grupo de presión separatista que defiende los intereses de las élites. Su argumento es que Alberta subvenciona a las regiones más pobres del país mientras la burocracia de Ottawa asfixia su economía.

Los líderes del Alberta Prosperity Project, Mitch Sylvestre, propietario de una tienda de armas en la localidad de Bonnyville, y Jeffrey Rath, un abogado con sede en Calgary, fueron recibidos con entusiasmo en Washington por funcionarios de la Administración Trump y empresarios bien relacionados con el conservadurismo estadounidense.

10 preguntas

Los votantes tendrán que responder 10 preguntas. La importante es la décima, y reza lo siguiente: "¿Debe Alberta seguir siendo una provincia canadiense o, por el contrario, iniciar el proceso legal necesario para celebrar un referéndum vinculante sobre la separación de Canadá?". Una mayoría simple es suficiente para activar el proceso.

Las otras nueve preguntas no vinculantes del referéndum versan sobre inmigración, acceso a los servicios públicos provinciales y requisitos de identificación de los votantes.

Smith quiere para Alberta un acuerdo similar al de Québec, capaz de fijar sus propios requisitos de elegibilidad para los migrantes económicos. Así, el Partido Conservador Unido pretende "conceder preferencia" a los albertanos "para las nuevas oportunidades de empleo", como recoge una de las cinco preguntas sobre inmigración.

Mark Carney se toma una cerveza con Danielle Smith, durante un acto a favor del voto por la permanencia en Canadá. Todd Korol Reuters

"Hay mucha inquietud en la mayoría de las comunidades de Alberta. Es el mayor ejercicio de democracia directa en la historia de Canadá", constató Jared Wesley, profesor de Ciencia Política en la Universidad de Alberta, en el pódcast Conversation Weekly. "Nunca antes habíamos visto tantas preguntas sometidas a votación pública en un único evento".

Según las encuestas, sin embargo, el 70 % de los albertanos prefiere permanecer en Canadá, y sólo una cuarta parte sueña con una Alberta independiente. "Alrededor del 20 % son lo que llamaríamos separatistas de línea dura", explicó Wesley. "Ellos votarán por marcharse".

"Otro 10 o 15 % votaría por marcharse para enviar un mensaje al resto de Canadá, para decir: 'En realidad no queremos irnos, pero queremos un mejor trato dentro de la Confederación, y tenéis que tomar nota y escuchar algunas de nuestras exigencias en lo que respecta a la política federal'", comentó el especialista.

En caso de que el sí se imponga este lunes y en la hipotética votación vinculante, la independencia no tendrá un carácter inmediato, sin embargo. El motivo es la llamada Ley de Claridad, que establece que el Gobierno federal sólo negociará la secesión de una provincia si una pregunta clara del referéndum recibe el respaldo de una mayoría igualmente clara de la población.

La norma deja de forma deliberada en manos de la Cámara de los Comunes la determinación de qué constituye esa "mayoría clara", niega explícitamente cualquier derecho unilateral a la independencia y exige que cualquier separación requiere una enmienda constitucional previa, negociada y acordada entre Ottawa y el resto de las provincias y territorios.

Criado en Alberta, Carney recorrió la semana pasada Calgary, Edmonton y otros rincones de la provincia para tratar de apagar el fuego. Participó en actos organizados por Forever Canadian, un grupo federalista contrario a la secesión. "Votad como si Canadá dependiera de ello", declaró ante una multitud de unas 5.000 personas. "Porque así es".

Carney no se cansa de comparar el proceso con el Brexit, que vivió como gobernador del Banco de Inglaterra. "No estaba claro qué significaba el Brexit en el momento en que la gente votó", recordó la semana pasada. "Y durante los años siguientes, mientras eso se determinaba, hubo una incertidumbre enorme, las inversiones se detuvieron y la economía empezó a rendir por debajo de sus posibilidades".

La unidad nacional es, quizá, el único asunto que comparte con el líder de la oposición conservadora, Pierre Poilievre, quien, a pesar de sus duras críticas a los liberales de Carney, rechaza de plano las aspiraciones separatistas en el oeste.

Peligro en el horizonte

Canadá tiene un sistema federal que delega el grueso de las competencias sobre la atención médica, la educación y los derechos sobre la tierra en las provincias y los territorios. Ottawa, por su parte, tiene la última palabra en materia de defensa, comercio y política exterior.

Con todo, es probable que Carney tenga que enfrentar otro desafío similar en el futuro, porque el Parti Québécois de Paul Saint-Pierre Plamondon ganó las elecciones provinciales del pasado mes de septiembre con el 28 % de los votos y el compromiso de celebrar un tercer referéndum de independencia.

Los de Plamondon sólo pusieron dos condiciones encima de la mesa del primer ministro: gobernar con mayoría parlamentaria —mayoría que ahora mismo no tienen, puesto que sólo ocupan 59 escaños y la mayoría se sitúa en 64— y esperar a que Trump esté fuera de la Casa Blanca. Smith, en cambio, no tiene tantos reparos.