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Las claves

En Estados Unidos se puede apostar casi por cualquier cosa. No solo por quién ganará la Super Bowl o la NBA. También por qué partido controlará el Congreso, qué leyes aprobará Washington, qué palabras pronunciará el presidente o quién vencerá en las próximas elecciones.

Lo que hace apenas unos años era un mercado marginal mueve hoy miles de millones de dólares y ha convertido la política en otro producto que se compra y se vende.

Plataformas como Kalshi y Polymarket convierten esas preguntas en mercados donde los usuarios apuestan a favor o en contra de que algo suceda. En teoría, intentan anticipar el futuro desde fuera. Pero, con las elecciones legislativas de noviembre a la vuelta de la esquina, los propios protagonistas han empezado a entrar en el mercado.

En apenas seis meses, Kalshi ha sancionado al menos a siete candidatos por apostar sobre procesos electorales en los que ellos mismos competían.

"Fue un error garrafal"

Laurie Buckhout no es una candidata cualquiera. La republicana, respaldada por Donald Trump, aspira a conquistar uno de los escaños que pueden decidir el control de la Cámara de Representantes. Compite contra el demócrata Don Davis en el primer distrito de Carolina del Norte, una circunscripción que los republicanos han redibujado después de perder en las generales de 2024.

Sin esperar a que los votantes decidiesen, Buckhout apostó 1.000 dólares a su propia candidatura. La plataforma no ha revelado cuándo realizó la operación, pero cuando fue descubierta, lo reconoció sin rodeos: "Aposté por mí misma. Literalmente. Fue un error garrafal".

La plataforma le ha impuesto una multa de unos 2.600 dólares y le ha prohibido operar durante tres años. No se sabe cuál fue su apuesta, pero el conflicto de intereses resulta evidente. Si apostó por ganar, podía hacerlo con ventaja: como candidata, conocía encuestas, apoyos o detalles de su campaña que todavía no eran públicos.

Si lo hizo en contra, podía beneficiarse económicamente de su derrota o incluso de una retirada que dependía de ella. En cualquiera de los dos casos, sus propias decisiones podían modificar el resultado. Por eso, las reglas de Kalshi prohíben operar a cualquier persona que pueda influir en los acontecimientos en juego.

Laurie Buckout. Foto de campaña

El caso no es aislado. El primero fue Kyle Langford, entonces candidato republicano a gobernador de California, que apostó por su propia victoria y difundió la operación en X. Kalshi le impuso una sanción de unos 2.300 dólares y cinco años de suspensión.

En abril, la plataforma suspendió durante cinco años a otros tres candidatos al Congreso —Ezekiel Enríquez, Matt Klein y Mark Moran— por apostar en sus propias carreras en las primarias. Moran había apostado incluso sobre si se presentaría a un cargo antes de anunciar su candidatura. Alegó después que quería comprobar si la plataforma era capaz de descubrirlo.

En la misma tanda disciplinaria que Buckhout cayeron otros dos antiguos aspirantes a gobernador. El multimillonario Stephen Cloobeck que apostó unos 10.000 dólares sobre su campaña en California, mientras que Ben Midgley lo hizo en Maine. Ambos han sido suspendidos durante tres años.

Una apuesta que podía decidir él mismo

Pero el caso más sonado, sin duda, ha sido el de George Santos. El excongresista republicano, expulsado del Congreso y condenado por fraude, apostó sobre una pregunta cuyo resultado dependía prácticamente de él: si acudiría al discurso del Estado de la Unión pronunciado por Trump el pasado 24 de febrero.

Santos comenzó apostando casi 6.700 dólares a que asistiría. Después publicó en X un mensaje preguntando si debía acudir con un traje serio o con uno cubierto de pedrería. Tras aquella publicación, las posibilidades de que apareciera por el Capitolio pasaron del 15% al 70%. Santos aprovechó la subida para salir de la apuesta y se embolsó más de 3.400 dólares.

El mal tiempo provocó después la cancelación de su vuelo a Washington. Santos reservó un tren y volvió a asegurar que estaría en el Congreso, mientras comenzaba a apostar por su ausencia. El tren también fue cancelado. Cuando un usuario le preguntó entonces si realmente acudiría, respondió: "". No reveló que ya no tenía ningún medio de transporte reservado para llegar a Washington.

El día del discurso publicó que lo estaba viendo desde la televisión de un aeropuerto. Santos ganó cerca de 18.000 dólares jugando con una decisión que solo él podía tomar y con declaraciones que hacían subir o bajar el precio.

El excongresista George Santos. Reuters Reuters

La Comisión de Negociación de Futuros de Materias Primas (CFTC), el organismo federal que supervisa estos mercados, concluyó que había utilizado mensajes engañosos y ocultado información para beneficiar sus apuestas. Le obligó a devolver las ganancias, le impuso una multa de 17.500 dólares y le prohibió operar durante tres años.

Kalshi, por su parte, añadió otra sanción de 71.356 dólares y lo convirtió en el primer usuario expulsado de por vida de la plataforma.

Un mercado de 25.000 millones

La legislación federal permitió actuar contra Santos porque prohíbe utilizar prácticas engañosas para manipular los precios. Buckhout, en cambio, no está acusada de alterar el mercado. Apostar en su propia candidatura vulneraba las reglas de Kalshi, pero ninguna prohibición federal general que impida expresamente hacerlo.

El problema tampoco se limita a los candidatos. Un militar que participó en la operación para capturar a Nicolás Maduro está acusado de utilizar información clasificada para ganar más de 400.000 dólares en Polymarket. Y Gabriel Pérez, antiguo encargado del teleprompter de la Casa Blanca, obtuvo otros 107.500 apostando sobre las palabras que Trump pronunciaría en discursos cuyos textos conocía de antemano.

Estos casos han acelerado la respuesta política. El Senado aprobó por unanimidad el 30 de abril una norma interna que impide a sus miembros y empleados participar en estos mercados. En paralelo, se están tramitando propuestas para extender el veto al presidente, los altos cargos, los funcionarios, los militares, los candidatos y sus familiares.

Pero el mercado avanza mucho más deprisa que la normativa. Las plataformas reguladas en Estados Unidos superaron los 25.000 millones de dólares de volumen de negocio en 2025. Por su parte, el volumen mensual mundial de Kalshi y Polymarket pasó de menos de 5.000 millones en septiembre de ese año a cerca de 24.000 millones en abril de 2026.

Sus defensores sostienen que estos mercados reúnen la información dispersa entre miles de usuarios y pueden anticipar los resultados mejor que las encuestas. Pero esa promesa solo funciona si todos juegan con las mismas cartas. Cuando alguien trabaja para el Gobierno, dirige una campaña o controla el desenlace, el mercado deja de premiar a quien mejor anticipa el futuro y beneficia a quien dispone de información privilegiada.