Joana Rei Agencias

Son las mayores protestas sociales en Cuba desde agosto de 1994, cuando cientos de personas salieron a las calles de La Habana en pleno "periodo especial", y no se retiraron hasta que llegó el entonces líder cubano Fidel Castro. Esta vez, cientos de personas se manifestaron en varias ciudades del país, al grito de "abajo la dictadura", "libertad y "no tenemos miedo".

Todo empezó en San Antonio de los Baños, donde cientos de manifestantes salieron a protestar por los sucesivos apagones de electricidad y para reivindicar que el Gobierno vacune ya a la población contra la Covid-19. La mecha rápidamente se extendió al resto del país a través de las redes sociales. Los vídeos de las marchas en el pequeño poblado habanero se replicaron en Facebook, Instagram y Twitter y los cubanos no tardaron en salir a las calles en otras ciudades.

"Estamos pasando por momentos realmente difíciles", ha señalado a la agencia Reuters Miranda Lazara, de 53 años, profesora de baile, quien se unió a los miles de manifestantes que marcharon por La Habana. "Necesitamos un cambio de sistema".

Según la misma agencia de noticias, las fuerzas de seguridad, ayudadas por presuntos agentes vestidos de civil, han arrestado a docenas de manifestantes. La policía habría utilizado gas pimienta y golpeado a algunos manifestantes, bien como a un fotógrafo de la agencia de noticias Associated Press.

Cuba vive la peor crisis económica desde la caída de la Unión Soviética a la que se une un aumento récord de infecciones por coronavirus. Esto, junto con el embargo de Estados Unidos, hace que la isla esté viviendo una crisis de productos básicos sin precedentes, obligando a los ciudadanos a hacer largas colas para poder comprar determinados bienes esenciales. Todo esto, junto con las restricciones a las libertades civiles que el pueblo sufre desde hace décadas, y que se vieron reforzadas por las medidas de contención de la pandemia, hizo estallar las protestas.

La pandemia

Este domingo, Cuba registró 6.923 nuevos casos de Covid-19 y 47 muertos en 24 horas, las cifras máximas diarias registradas desde que el primer caso fue detectado en la isla, hace ya 16 meses. Por tercer día consecutivo, el país caribeño sobrepasó los 6.000 contagios y batió su récord de muertes.

La provincia occidental de Matanzas, al occidente del país, es el epicentro de la pandemia, con 3.351 casos confirmados el domingo, por lo que está calificada por ls autoridades sanitarias con una situación epidemiológica de "muy alta complejidad".

La tercera ola de la pandemia se disparó en las últimas semanas con niveles de trasmisión y dispersión muy elevados, comportamiento que las autoridades atribuyen principalmente al incumplimiento de las medidas de prevención y a la presencia de variantes del coronavirus más agresivas y letales, como la Delta.

La sobrecarga generada por la pandemia en los hospitales ha obligado a las autoridades a ampliar las capacidades para el ingreso de pacientes con casos positivos.

En el caso de Matanzas, se han destinado para la pandemia algunas instalaciones turísticas, como centros de aislamiento, además de que se ha reforzado el personal de salud y se han aplicado medidas más restrictivas a la movilidad con el objetivo de contener el fuerte rebrote. La cifra de pacientes ingresados en cuidados intensivos asciende a 233, de los que 109 están en estado crítico y 124 graves.

La alta ocupación de los hospitales, la falta de camas y medicinas ha hecho desbordar el sistema sanitario.

Además, los ciudadanos le reprochan al Gobierno que se haya negado a firmar el convenio Covax, el mecanismo de solidaridad según el que se distribuyen las vacunas a los países más pobres. Díaz Canel apostó por el desarrollo de dos vacunas propias -Soberana 02 y Abdala- pero la distribución a la población es aún muy escasa. El país ha iniciado una campaña de vacunación masiva, pero sólo 1,7 millones de sus 11,2 millones de residentes están vacunados con la pauta completa y el doble de ellos ha recibido al menos una dosis de las tres necesarias.

La crisis económica

Durante estos dos años, la crisis económica cubana, que siempre ha estado presente, ha empeorado. Hasta ahora, la economía cubana sobrevivía anclada en el turismo, uno de los sectores más perjudicados por la crisis de la Covid-19. La economía se contrajo un 10,9% el año pasado. La crisis de efectivo resultante de este escenario ha generado una escasez de bienes que ha obligado a los cubanos a hacer cola durante horas, varios días, para comprar productos básicos durante la pandemia.

A inicios de año, el gobierno propuso un nuevo paquete de reformas económicas que incluían, entre otras, el fin de la doble moneda en la isla. Y aunque eran reformas que varios economistas venían reclamando para sanear la economía del país, y que proporcionaron un aumento de los salarios, estos mismos especialistas también advertían de que podrían disparar los precios a corto plazo, algo que acabó por suceder. A la creciente inflación se sumaron los apagones eléctricos constantes y la escasez de comida, medicamentos y productos básicos.

El pasado 21 de junio, el Gobierno anunció que dejaría de aceptar "temporalmente" los depósitos de efectivo en dólares en la isla. Desde entonces, los cubanos ya no pueden recibir dólares en efectivo para ser depositados o cambiados por moneda nacional, el peso cubano. Sólo pueden recibir transferencias bancarias, una vez que la medida no afecta a las cuentas en esa divisa, simplemente a la utilización de la misma en efectivo. Los más afectados por la media son quienes envían y reciben remesas en dólares, de las que dependen muchas familias y que ahora van a tener que hacerlo en otras divisas, con el riesgo de perder en el cambio. 

En el contexto de desabastecimiento que vive la isla, el gobierno promovió desde el año pasado, la creación de las tiendas MLC (Moneda Libre Convertible), propiedad del Estado, en las que se puede pagar sólo con tarjeta y sin efectivo y en una moneda en la que los ciudadanos no reciben sus salarios. Sin tener la posibilidad de recibirla en efectivo, para depositarla en sus cuentas, gracias a la nueva determinación del Gobierno, todo se complica.

Desde el Ejecutivo, Díaz-Canel señala que "el Gobierno ha hecho lo posible para dar satisfacción al pueblo cubano" y sigue culpando a EEUU y a su embargo de la precaria situación económica que vive la isla.

Las redes sociales

Después de muchos años sin acceso a internet, y aunque a día de hoy el acceso se siga haciendo con muchas dificultades, cada vez son más los cubanos conectados. Fue en las redes sociales en las que empezó a circular el hashtag #SOSCuba, denunciando la escasez de productos básicos en el país y pidiendo ayuda humanitaria. Y fue la divulgación de los vídeos de la protesta en San Antonio de los Bãnos en Facebook que dio origen a las manifestaciones en otros puntos del país.

La información, que antes escaseaba y venía siempre de los medios oficiales, afines al Gobierno, ahora es más plural, gracias a los varios medios independientes que proliferan en la isla y que, a través de internet, intentan abarcar otros enfoques y temas que los medios oficiales no cubren.

Díaz-Canel conoce el poder de internet y, en su declaración al país este domingo, el presidente criticó la campaña impulsada en las redes, que calificó de "cobarde, oportunista y perversa".

"Esos que siempre han estado apoyando el embargo y se han servido como lacayos empiezan a aparecer con doctrinas de intervención humanitaria, de corredor humanitario para fortalecer el criterio de que el Gobierno cubano no es capaz de resolver", dijo.

Acusaciones a EEUU

Este lunes, como represalia a las manifestaciones Cuba ha amanecido sin internet móvil, en un intento de dejar a la isla incomunicada con el exterior. En su segunda comparecencia a los ciudadanos, el presidente, Miguel Díaz-Canel, volvía a señalar a EEUU.

El presidente cubano acusó a "mercenarios a sueldo de los EEUU" de organizar las protestas, aunque admitió que en ellas también participaron ciudadanos "confundidos" por la "falta de información" sobre los problemas que atraviesa el país. "En esta campaña acudieron a todos los youtubers y estaban implicados todos los sectores de las redes sociales, incluyendo a una artista que me llamó tirano", ha dicho.

"Hay una minoría contrarrevolucionaria que trató de liderar estas acciones. ¿Pero en torno a qué montaron esas insatisfacciones? Al problema eléctrico, al desabastecimiento de alimentos y medicamentos, y a los problemas de intercambio de divisas. Y el problema de todo esto es el bloqueo", acusó.

Desde EEUU, Biden calificó las protestas como "un llamado a la libertad". "El pueblo cubano está ejerciendo con valentía derechos fundamentales y universales. Estados Unidos llama al régimen cubano a escuchar a su pueblo y servir a sus necesidades en este momento clave en lugar de enriquecerse a sí mismos", ", dijo Biden en un comunicado divulgado por la Casa Blanca.

Los próximos días serán clave para entender si las protestas de este domingo han sido un acto aislado o la mecha que seguirá ardiendo en la isla y cuáles son los efectos que estas manifestaciones podrán tener en el futuro de Cuba.