"Está en juego el respeto a las urnas", ha afirmado la presidenta apartada de Brasil, Dilma Rousseff, quien comparece este lunes ante los legisladores brasileños para evitar la consumación del proceso de impeachment o juicio político que se impulsa contra ella y ya roza su final. "Quien aparta al presidente es el pueblo en las elecciones".

Rousseff, del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), fue destituida provisionalmente del cargo en mayo y ahora puede perder el poder de manera definitiva si el miércoles los senadores votan por 'condenarla'.

Acusada de maquillar las cuentas públicas y emitir decretos económicos sin consentimiento del Parlamento, Rousseff ha asegurado al Senado federal que "no cometí ningún delito de responsabilidad" y que durante su mandato fue "intransigente en la defensa de la honestidad".

"No lucho por mi mandato o por apego al poder; lucho por la democracia, por la verdad, por la justicia", ha aseverado, Rousseff, que dice sentirse "orgullosa" y con la "conciencia tranquila". "Nunca lo haría [rendirme] porque nunca he renunciado a la lucha".

Antes de atacar una a una las acusaciones con argumentos técnicos, Dilma ha aseverado que el proceso contra ella es "injusto" e interesado, contrario a la voluntad de los brasileños que la reeligieron en 2014 con "54 millones y medio de votos". Ha advertido de que retirarla finalmente del puesto -que ahora ocupa de manera interina su exaliado Michel Temer- supondría retroceder en las conquistas sociales logradas durante su Gobierno y minaría la democracia brasileña.

Arropada desde la bancada por su mentor y antecesor, Luiz Inácio Lula da Silva, Rousseff se refirió a los años en que combatió contra la dictadura y fue apresada y torturada. Explicó, aparentemente emocionada, que en aquel entonces temió su propia muerte pero que "hoy sólo temo la muerte de la democracia".

En una apelación final a los senadores y especialmente a aquéllos indecisos, Rousseff ha alertado del "terrible precedente que la decisión puede abrir: condenar sin pruebas sustantivas, condenar a un inocente". "Pido, voten contra el impeachment, voten por la democracia", ha reclamado.

"GOLPE DE ESTADO"

Tras su discurso, la presidente afastada (presidenta apartada), como se la denomina, Rousseff responde ahora a las preguntas de aquéllos responsables de juzgarla políticamente.

La primera en tomar la palabra ha sido la que fuera ministra de Agricultura en su segundo Gobierno Kátia Abreu, del PMDB de Michel Temer, quien ha utilizado su intervención para defender a capa y espada a la presidenta. 

Abreu ha reivindicado el "compromiso con Brasil" de Rousseff, de quien dice que llevó el Ministerio de Agricultura a la primera división de los ministerios. Con un lenguaje similar al que a menudo utiliza la dirigente petista, Abreu ha arremetido con dureza contra el proceso de impeachment.

Las críticas, sin embargo, no tardaron en llegar. La siguiente oradora, la senadora Ana Amélia del Partido Progresista, ha aseverado que, si bien no le gusta tener que ejercer de juez, "no voy a huir de la responsabilidad". "Nadie está por encima de la ley, ni siquiera la presidenta de la República", ha asegurado.

Por su parte, Ricardo Ferraço, del Partido de la Socialdemocracia Brasileira (PSDB), ha afirmado que Rousseff "sumergió al país en una crisis económica". En respuesta a las alegaciones de la presidenta de que su mandato viene dado por el pueblo, Ferraço ha afirmado que, aunque "es sagrado", "el voto no es un salvoconducto, no es un cheque en blanco".

Mientras, Rousseff se revuelve y defiende con fiereza y ha afirmado que el Parlamento está "a un paso de un golpe de Estado". "Es muy difícil condenarme por algo que no tiene fundamento", ha aseverado.

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