La victoria de la AfD en Alemania ha dado la vuelta al mundo y ha sido recibida en Rusia como una muy buena noticia.
Aunque las opiniones están divididas, algunos miembros de esta formación que coquetea con el pasado nazi, tienen un discurso alineado con Moscú: quieren cesar el apoyo a Ucrania y acabar con los partidos tradicionales europeos.
Desde 2014, Vladímir Putin ha tratado de explotar las vulnerabilidades germanas a través de una guerra híbrida que combina desinformación, espionaje, ataques contra infraestructuras estratégicas como el aeropuerto de Leipzig.
Estas fórmulas se repiten en otros territorios europeos pero Alemania, por sus vínculos históricos y económicos desde la Guerra Fría, se ha convertido en el laboratorio perfecto para que el Kremlin ponga a prueba los límites de Europa sin necesidad de entrar en un conflicto militar.
Mira Milosevich-Juaristi, investigadora principal del Real Instituto Elcano y Mario Baumann, investigador sénior de políticas en el Centro de Seguridad y Defensa del Consejo Alemán de Relaciones Exteriores, analizan la influencia rusa en Europa a través de Berlín.