¿Es posible convertir el berrinche de Donald Trump en un buen acuerdo para todos? Se lo preguntaba hace unos meses la revista Foreign Affairs.
Donald Trump ha firmado un acuerdo con Groenlandia y Dinamarca que le otorgaría el control total de la seguridad de la isla y que prohibiría que países ajenos a la OTAN establezcan bases.
Según Estados Unidos, esto en la práctica le permitiría construir todas las bases militares que quisiera en territorio aliado, es decir, que se arrogaría las decisiones en materia de Defensa.
Sin embargo, Dinamarca y Groenlandia aseguran que este pacto respeta por escrito la soberanía del territorio y el derecho de los groenlandeses a elegir su futuro político, incluida una posible independencia.
Son matices que están por cerrar y que deberán pasar después por aprobación parlamentaria.
Pero, de confirmarse la versión estadounidense supondría la mayor concesión militar a un aliado, después de que provocara una crisis monumental en el seno de la OTAN por sus aspiraciones imperalistas y sicarias hacia este territorio.
Hasta el momento, todas las partes, incluida la OTAN, aseguran que es un buen acuerdo.
Pero, ¿a qué precio? Estados Unidos ha aplicado la diplomacia coercitiva destinada a los adversarios: llevar la amenaza hasta el límite para negociar después desde una posición de fuerza.
Donald Trump la ha utilizado con sus propios aliados y, si la estrategia le funciona, ¿cómo saber dónde están sus límites? ¿Hasta dónde llegará la próxima amenaza antes de sentarse a negociar?