Estados Unidos y China tienen en juego un descubrimiento que puede cambiar el mundo tal y como lo conocemos. Es el elefante en la habitación del encuentro entre Donald Trump y Xi Jinping.
Probablemente hayas escuchado hablar de Claude Mythos: es el último modelo de Inteligencia Artificial que ha desarrollado la compañía estadounidense Anthropic. El objetivo de este modelo se centra en la ciberseguridad: puede entrar en cualquier sistema y detectar los fallos o vulnerabilidades.
El peligro es que esta Inteligencia Artificial podría hackear todo lo que se proponga: hospitales, aeropuertos, bancos, plantas nucleares, medios de transporte y comunicaciones, ejército…
Cualquier infraestructura podría ser saboteada a gran escala. Es el arma con mayor potencial destructivo en ciberseguridad que se ha desarrollado hasta el momento.
Es tan alarmante que la propia compañía ha decidido no lanzarla al público y restringir su uso. Teme que se utilice para vigilancia o ataques masivos, y por eso ha limitado sus funciones incluso al Pentágono, lo cual ha provocado un choque con la Administración Trump, que quiere el poder absoluto.
La cuerda está muy tensa: expertos en la materia contaron a The Wall Street Journal que esta herramienta podría haberse utilizado indebidamente para la operación de secuestro de Nicolás Maduro. Sería la primera vez que el uso de una IA avanzada se integra en una operación militar de tal impacto. El paso sería gigante.
Estados Unidos tendría la herramienta pero China quiere el mismo arsenal. El New York Times publicó un episodio que, aparentemente parecería inofensivo, pero que a punto estuvo de causar una crisis diplomática.
Todo ocurrió durante unos encuentros académicos en Singapur. Representantes de un centro de estudios chino se acercaron a miembros de la compañía Anthropic para pedirles acceso a este modelo. Querían saber cómo funciona y, se supone, copiarlo. Pero la empresa se negó.
Según el periódico, algunos funcionarios estadounidenses interpretaron este episodio como un intento de Pekín por acceder a esta tecnología que, según estiman los expertos, supone una ventaja de nueve meses en la carrera tecnológica entre Estados Unidos y China.
Donald Trump y Xi Jinping no se juegan el equilibrio mundial sobre el terreno o sobre el comercio, sino en la tecnología y en la ciberseguridad.
Se habla de una carrera tecnológica similar a la carrera nuclear durante la Guerra Fría. Pero, en esta ocasión, son las empresas quienes tienen la llave para desarrollar y contener este arma.
La seguridad ha entrado en una nueva fase de peligro global para la que surgen numerosas preguntas: ¿qué límites se deben poner a estas compañías? ¿Hasta dónde debería llegar la cooperación entre grandes potencias? ¿Es mejor frenar la carrera o continuarla?
Hasta que los líderes de las dos superpotencias no sean capaces de abordar esta conversación, la seguridad cibernética, y la de todo el mundo, está en peligro.