Lisboa

La nueva exigencia de test negativo de la Covid-19 o certificado digital para acceder al interior del restaurantes y a hoteles es recibida hoy con enorme confusión en Portugal, donde los sectores afectados intentan prepararse entre numerosas dudas antes de que entre en vigor.

Las nuevas reglas fueron anunciadas este jueves, diferenciadas para hoteles y restaurantes, y con excepciones.

Así, será necesario presentar certificado digital o test negativo, de PCR o de antígenos, si se pretende consumir en el interior de restaurantes en los municipios con alta o muy alta incidencia de contagios -entre ellos Lisboa, Oporto y Faro- desde las 19.00 horas los viernes y durante el fin de semana.

Sin embargo, no será necesario para las terrazas y tampoco se deberá presentar para ir al baño en el interior del local, ha aclarado este viernes la prensa portuguesa tras recibir numerosas preguntas.

Ya en el caso de los hoteles se pedirá en el momento del registro en todos los establecimientos del país, con independencia de su incidencia Covid, y también durante todos los días de la semana.

Las dudas empezaron a surgir pocas horas después: cuándo exactamente entraba en vigor, cómo alertar de forma efectiva a aquellos clientes que ya han reservado vacaciones en hoteles lusos e, incluso, quién controlará cada uno de los hasta cuatro tipos de test que los clientes pueden llevar a la puerta de restaurantes.

Laberinto en los restaurantes

"Sí, sí, aquí estamos todos listos, esta noche ya vamos a pedirlos", decía muy animada Carol Thome, a las puertas de una pastelería de empanadas brasileñas en Lisboa.

Se adelantaba una jornada. Aunque se exige que los test de fin de semana se pidan desde las 19.00 del viernes, no entrará en vigor hasta este sábado. Alertada sobre esto, la alegría de Thome se torna enfado.

"Bueno, pues ya está ahí la primera confusión ¿no? Siempre pasa lo mismo, a veces han venido incluso policías a controlar que cumplíamos las normas y ni estaban enterados de cuáles eran las normas en vigor", sostiene.

Varias personas consumen en una terraza en Lisboa, Portugal. EFE

A cinco metros, otra establecimiento que sirve almuerzos y cenas en interior asegura que a ellos no les afectará la norma porque son "una pastelería y no un restaurante, que es donde aplica", y a dos calles otro local con el rótulo de "restaurante" también asevera que ellos no se verán afectados.

"Sobre todo porque aplica solo para las tardes de fin de semana, y nosotros solo damos el almuerzo de sábado", cuentan una de las camareras. Al descubrir minutos después que se debe pedir test o certificado todo el fin de semana, matiza: "Eso ha dicho el jefe y aquí manda él".

No son dudas aisladas. La Asociación de Hotelería, Restauración y Similares de Portugal (Ahresp) ha dicho hoy que las medidas "suscitan muchas dudas" y que "aguarda con expectativa la publicación del diploma que regulará esta materia".

Más horas de funcionamiento y condiciones

"¿Me sorprende? Sí y no, porque todas las semanas hay cambios, entiendo que ésta es una norma un poco 'sui géneris' para tratar de abrir el negocio con determinadas condiciones", comenta Daniel Solsona, director general del hotel Evolution Lisboa.

Situado en uno de los centros neurálgicos de la capital portuguesa, cerca del centro y rodeado de restaurantes, el hotel recibió las noticias esperanzado en una dinamización a la que siguió enseguida reuniones de equipo e inquietud.

"Lo que me preocupa es cómo llega la información al cliente por ejemplo que tiene reservas, y tendremos que hacer un trabajo de educación e información para que tengan una estadía lo más agradable posible", explica.

Si el esfuerzo adicional es la cal, la arena es precisamente que encontrarán más actividad en la restauración el fin de semana, que hasta ahora debía cerrar a partir de las 15.30 del sábado y permanecer así hasta el lunes.

"Lo bueno es que si necesitan un test, estamos rodeados de farmacias en esta zona", apunta el director del hotel.

A pocos metros se encuentra una de ellas, con fila de un decena de personas para hacerse el test de coronavirus, hasta ahora mayoritariamente pedidos apenas para viajar, como el que necesita Alisson do Canto, muy escéptico con el éxito que puedan tener las nuevas normas.

"Creo que son ideas que no ofrecen ningún consuelo a la población de que esto se resuelva", opina este ciudadano, que agrega: "Me preocupa la falta de fiscalización y la falta de compromiso que veo".

En su opinión, los portugueses no se desanimarán por las nuevas reglas. "Solo dejarán de ir (a restaurantes) si el Gobierno manda cerrar todo de nuevo".