París

El aventurero francés Philippe Croizon, de 52 años, tiene los brazos y las piernas amputadas y el sueño de convertirse en la primera persona discapacitada en viajar al espacio, para lo que ya está en contacto con el magnate estadounidense Elon Musk.



Todo empezó con un mensaje en Twitter, en el que dejó claras sus intenciones al fundador y director ejecutivo de SpaceX: "¡Envíame al espacio para demostrar de nuevo que todo es posible!", le dijo en noviembre.



"Contra todo pronóstico, me contestó y desde entonces hemos hablado por e-mail y me ha puesto en contacto con Jared Isaacman", el piloto del primer vuelo espacial con tripulación civil, explica Croizon a EFE desde La Rochelle, ciudad costera del oeste de Francia en la que reside.

Croizon llega ya tarde a esa misión, pero ha sido invitado a su lanzamiento el próximo octubre desde Cabo Cañaveral y estudia con ambos multimillonarios la posibilidad de ser parte de esos vuelos en un futuro.

Nuevas oportunidades

La Agencia Espacial Europea (ESA) abre este 31 de marzo su convocatoria para reclutar nuevos astronautas y un puesto, para la reserva, busca a una persona con alguna deficiencia en sus miembros inferiores.



Por edad, por su formación y por su constitución corporal, Croizon no pasa esa exigente criba. "Mi única esperanza actual para ir al espacio es con Elon Musk y con Jared Isaacman", recalca este antiguo trabajador metalúrgico, a quien una descarga eléctrica le carbonizó en 1994 parte de los brazos y las piernas.



Tenía 25 años, un hijo y otro en camino, y se había subido al tejado para desmontar la antena de la televisión. Al accidente le siguieron dos años de hospitalización en total y un largo periodo de depresión, tentativas de suicido incluidas, hasta que asumió su nueva situación.



"Durante diez años me avergonzó mi cuerpo y me dio miedo el mundo exterior, pero me atreví a pedir ayuda y a partir de ese momento entendí que recibir ayuda no era un deshonor", recuerda Croizon, que en ese tiempo se separó y conoció a su actual pareja.

El aventurero francés Philippe Croizon. EFE

Sueños cumplidos

En 2010, equipado con unas prótesis especiales, cruzó el Canal de la Mancha a nado en 13 horas y 26 minutos. En 2012 unió también a nado los cinco continentes por cuatro estrechos; en 2013 batió el récord submarinista de profundidad por parte de alguien con los cuatro miembros amputados, hasta los 34,5 metros, y en 2017 terminó el rally Dakar en el puesto 48.



Y, sin embargo, empezó a hacer deporte a los 40 años, y cuando gestó su primera aventura, la de la Mancha, todavía estaba hospitalizado y no sabía nadar.



"Tengo un equipo que me ayuda. Por eso digo que todo es posible. Mis ideas son caras. De cada 100 personas que encuentro para llevarlas a cabo 99 me van a decir que no, pero hay una que dirá que sí y entonces la idea se pone en marcha. No hay que desanimarse", recalca.

Su viaje vital ha quedado reflejado en distintos libros autobiográficos y en conferencias sobre la superación personal tanto en el extranjero como en Francia, donde tiene además una academia de natación para discapacitados.



Su día a día actual también está ocupado por clases intensivas de inglés de cara a ese deseado viaje espacial "porque la lengua de signos no va a ser fácil", bromea el aventurero, abuelo por partida doble.



Su familia ya está acostumbrada a verle soñar y cumplir sus sueños. Y aunque iniciativas como la de la Agencia Espacial Europea le pillan fuera de juego, confía en que otros en una situación parecida lo puedan conseguir.



"Actualmente la discapacidad todavía pone trabas, pero mañana habrá un montón de tecnologías para garantizar que puede repararse un cuerpo estropeado. Eso pasará en un futuro muy muy próximo", concluye. 

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