El viaje a Moscú del alto representante para la Política Exterior de la Unión Europea (UE), Josep Borrell, para reunirse con su homólogo ruso, Serguéi Lavrov, se produce justo después de la detención y condena al opositor Alexéi Navalny, pero este no es el único punto de fricción actual entre Bruselas y Rusia.

"Tenemos que reconocer que durante los últimos años nuestras relaciones han estado marcadas por diferencias fundamentales y una falta de confianza. Mutuamente, nos vemos más como competidores o rivales que como aliados", dijo Borrell tras reunirse con Lavrov.

Durante esta última década, la tensión entre ambos también ha aumentado por la anexión de Crimea, las acusaciones al gobierno ruso de distribuir noticias falsas e interferir en los procesos electorales, su apoyo al presidente de Bielorusia, Alexandr Lukashenko, y su participación en las guerras de Siria, de Libia y de Nagorno Karabaj.

Cataluña

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Tras la reunión con Borrell, Lavrov ha comparado el caso del opositor Alexei Navalny con el de los presos independentistas catalanes. La ministra de Ministerio de Asuntos Exteriores, UE y Cooperación, Arancha González Laya, ha respondido que en España "no hay presos políticos". Asímismo, ha recordado que España es una de las 23 democracias plenas, mientras Rusia ocupa el puesto 124 mundial.

"En España no hay presos político, hay políticos presos", ha sostenido la ministra, que ha deseado que Navalny, que está encarcelado, "tenga la capacidad de hacer campaña y participar en las próximas elecciones rusas como lo están haciendo los líderes independentistas catalanes que cumplen condena".

Aunque ha apostado por no entrar en comparaciones porque "siempre son odiosas", ha recordado a Lavrov que España es "una de las 23 democracias plenas" mientras que Rusia ocupa el puesto 124 de 167 países y que aquí "todos los ciudadanos tienen garantizados sus derechos y libertades".

La arremetida diplomática de Sergei Lavrov contra la Unión Europea, dándole una patada en el culo del procés catalán a España no cambiará sobre las sanciones a Rusia, según ha podido saber este periódico. La UE mantiene la presión sobre la Federación Rusa desde el año 2014 tras su intervención bélica e invasión de parte del territorio de Ucrania.

Se trata de restricciones económicas a algunas entidades bancarias de aquel país a las que se le prohíbe operar en territorio comunitario; prohibiciones a la exportación e importación de determinados productos, todos ellos relacionados con la industria de defensa o de uso dual civil y militar; además de cercenar el acceso a los mercados europeos de tecnologías susceptibles de ser utilizadas en el sector energético.

En total, son 44 las entidades y empresas rusas sancionadas, además de 172 personas relacionadas con acciones concretas del Gobierno de Vladimir Putin. A estos funcionarios y altos dirigentes se les tienen prohibidos los visados a países de la UE y se les mantienen inmovilizados los bienes que puedan tener en suelo europeo.

Navalny

La UE ha condenado la detención y la pena contra Navalny a tres años y ocho meses de cárcel y ha pedido su libertad "inmediata e incondicional, así como la de los miles de manifestantes que las autoridades rusas han encarcelado por protestar contra el trato del gobierno ruso al líder opositor". Bruselas acusa a Moscú de no respetar los derechos fundamentales.

Los Veintisiete, no obstante, difieren sobre cómo debe responder la UE a la detención de Navalny y ante la falta de unanimidad, no han aprobado nuevas sanciones contra Rusia.

En cambio, cuando en octubre se confirmó el envenenamiento de Navalny con el agente químico novichok, la UE sancionó a seis destacados miembros de la Administración rusa -entre los que se encuentra el jefe del Servicio Federal de Seguridad (FSB)- y una institución científica.

El caso Navalny se suma al envenenamiento al exespía ruso Serguéi Skripal en 2018 en el sur de Inglaterra, por el que Bruselas también sancionó a nueve personas y una entidad.

Joe Biden

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, dijo el jueves que su país ya no "se someterá ante las acciones agresivas de Rusia" y exigió la liberación del líder opositor encarcelado Alexéi Navalny.

También se comprometió a contrarrestar el "autoritarismo" tanto de China como de Moscú, insistiendo en su deseo de romper con la postura de Donald Trump hacia Rusia.

Estados Unidos debe "estar ahí frente al avance del autoritarismo, en particular las crecientes ambiciones de China y el deseo de Rusia de debilitar nuestra democracia", afirmó en un discurso en el Departamento de Estado.

El portavoz del Kremlin señaló al respecto que Rusia no responderá a ese tipo de declaraciones, pero pese a todas las diferencias en las relaciones con EE. UU., confía "en la voluntad de los estadounidenses de continuar el diálogo" en asuntos de benefician a ambas partes.

"Partimos de que pese a la enorme cantidad de discrepancias y distintos enfoques sobre asuntos clave, tenemos una base para el entendimiento", indicó Peskov.

La Justicia rusa envió este martes a prisión a Navalny al hacer efectiva una sentencia suspendida de 2014 en un juicio que fue calificado de arbitrario por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y muy criticado por varios países occidentales. 

Crimea y Ucrania

Bruselas considera ilegal la anexión de Crimea por parte de Rusia, en febrero de 2014 y no reconoce el resultado de las elecciones locales que Moscú convocó en la península en 2019.

La anexión de Crimea fue la principal consecuencia de la intervención de Rusia en la guerra del Donbás, en el este de Ucrania, que se desencadenó por las protestas de los ciudadanos pro rusos contra el Acuerdo de Asociación que el expresidente Viktor Yanukovych firmó con la UE en 2013, forzado por los manifestantes pro europeos del Euromaidán.

La guerra en el este de Ucrania se ha convertido en un conflicto congelado y siete años después, los esfuerzos de Alemania, Francia, Rusia y Ucrania por mantener vivos los acuerdos de paz de Minsk han dado pocos resultados.

Bruselas respondió a la anexión de Crimea con sanciones diplomáticas y económicas a Rusia que aun siguen en vigor, renovándose periódicamente.

El conflicto en Ucrania volvió a poner de manifiesto, además, la dependencia energética de la UE respecto a Rusia, un aspecto que genera ficciones entre los Veintisiete, especialmente con Alemania, por la construcción del gasoducto Nord Stream.

Esa guerra recordó a la de Georgia, en agosto 2008, en la que el ejército se enfrentó a las repúblicas de Osetia del Sur y de Abjasia, apoyadas por Rusia. Un conflicto que acabó a los seis días, con el plan de paz propuesto por la UE, que conllevó la retirada de ambos bandos a las posiciones anteriores a los enfrentamientos.

Siria y Libia

Más allá del área de influencia por el que Bruselas y Moscú compiten en el este de Europa, Rusia se ha convertido también en una amenaza para la UE por su intervención en las guerras de Siria y Libia, sobre todo por sus consecuencias en la crisis de refugiados.

Mientras los Veintisiete difieren sobre el rol que debe jugar el presidente sirio, Bachar al Asad, en una futura transición, el presidente ruso, Vladimir Putin, interviene en el conflicto con su apoyo militar al régimen.

Y en Libia, Moscú apoya con mercenarios al ejército del mariscal Jalifa Hafter, contribuyendo a incumplir el embargo de armas impuesto por la ONU.

Además, las tensiones entre Bruselas y Rusia se produjeron también por la intervención de Putin, a finales del año pasado en la guerra de Nagorno Karabaj, territorio en disputa entre armenios y azerbaiyanos desde 1988.

El 10 de noviembre, Rusia firma el alto al fuego, según el cual Azerbaiyán controlará más de dos tercios de territorio del Karabaj. 

Bielorrusia

En noviembre de 2020, como consecuencia de la represión contra los manifestantes que protestaban contra el resultado electoral en Bielorusia, la UE impuso sanciones contra Lukashenko -apoyado por Moscú-, su hijo y otros funcionarios del régimen.

Además, el Parlamento Europeo otorgó el año pasado el premio Sájarov a la libertad de conciencia a la oposición democrática beielorusa, liderada por Svetlana Tijanóvskaya.

Fake news

Bruselas lleva años acusando a Rusia de distribuir noticias falsas sobre la UE, relacionadas, por ejemplo, con la guerra de Ucrania, el referéndum del Brexit o el referéndum catalán del 1 de octubreY ha alertado también del riesgo de posibles interferencias en los procesos electorales.

Para combatir los bulos informativos, la UE creó en 2017 la East StratCom, un grupo de trabajo dentro del Servicio Europeo de Acción Exterior que se encarga de recabar las noticias falsas y desmentirlas.