Las mujeres bielorrusas, antaño uno de los graneros electorales del presidente Alexandr Lukashenko, se han convertido en las abanderadas de la revolución pacífica en marcha en esta república exsoviética tras las elecciones presidenciales más polémicas en la historia de Bielorrusia.



"No podemos permanecer indiferentes ante lo que ocurre ahora. El que fuera presidente ha subido al trono y no quiere marcharse. Pero él está ahí ilegalmente", comentó este jueves a Efe la pensionista Natalia durante una "protesta femenina" en Minsk en la que participaron cerca de 150 mujeres.



Alejadas de la política durante décadas, las mujeres llevan ahora una de las voces cantantes en las movilizaciones opositoras en Bielorrusia y están decididas a seguir manifestándose hasta "derrocar" a Lukashenko.



"¿Cuánto tiempo se puede estar dormidos? En las anteriores elecciones mucha gente no entendía lo que pasaba y no se lo creía, pero en estos comicios los observadores independientes vieron con sus propios ojos lo que pasaba en los colegios", asegura Natalia, que también ejerció de observadora en las presidenciales de 2015.



Natalia apenas puede contener las lágrimas mientras hace estas declaraciones con las manos esposadas con un lazo blanco, como el resto de las mujeres que formaron hoy una "cadena de solidaridad" con los manifestantes antigubernamentales.



Pese a las recurrentes actitudes machistas de Lukashenko, quien llegó a afirmar que la mujer es solo un "adorno" en la vida del hombre, las féminas fueron unas electoras benevolentes con el "eterno" presidente bielorruso desde que asumió el poder en 1994.



Pero este verano Lukashenko perdió el apoyo de muchas mujeres, que comenzaron a salir a las calles pocos días después de los comicios del 9 de agosto para protestar contra la violencia policial durante las primeras jornadas de las protestas y exigir elecciones libres.



Las movilizaciones de las mujeres, que primero tenían un carácter puntual y minoritario, se convirtieron con el paso de los días en uno de los símbolos clave de las protestas bielorrusas a favor de un cambio democrático en esta antigua república soviética.



"Queremos tener un país donde la mujer es respetada y no tachada de oveja", dice Ksenia, de 27 años, en alusión a unas recientes declaraciones de Lukashenko acerca de los participantes en las protestas antigubernamentales.

El ejemplo

Las primeras en dar un ejemplo a las bielorrusas fueron tres mujeres: Svetlana Tijanóvskaya, Verónika Tsepkalo y María Kolésnikova.



Las tres unieron sus fuerzas en torno a la candidatura de Tijanóvskaya, que de la noche a la mañana se convirtió en la abanderada de la oposición bielorrusa para desafiar a Lukasheko en las elecciones del 9 de agosto.



La estrategia, improvisada sobre la marcha después del arresto del esposo de Tijanóvskaya y aspirante inicial al puesto de jefe de Estado, resultó ser un éxito, pues la líder opositora logró congregar las manifestaciones más multitudinarias en la historia reciente de Bielorrusia y clama haber ganado las elecciones con un resultado muy superior al de Lukashenko.

Hasta hace poco las mujeres componían uno de los pilares de la Bielorrusia de Lukashenko. Durante las elecciones de 2015, según las encuestas, entre los votantes del mandatario bielorruso el 63% eran precisamente mujeres. No abandonaron al presidente ni durante la crisis económica en el país que comenzó a hundir la popularidad de Lukashenko a lo largo de la última década.



Pero la nefasta gestión de la pandemia del coronavirus fue uno de los detonantes del descontento de las mujeres en Bielorrusia, que dejaron de ver al Estado como una institución que vela por su seguridad, según expertos.



La actitud del presidente, que en un principio minimizó la amenaza de la enfermedad y sus efectos sobre la salud colectiva, hizo que muchas dejaran de asociar a Lukashenko con la imagen de un "Batka" (Padre), que el presidente se había labrado durante largos años, a lo que se sumaron las cargas policiales contra manifestantes pacíficos en las primeras jornadas de protesta tras las elecciones presidenciales.

Cadenas humanas

Muchas mujeres han reaccionado a la violencia policial con largas cadenas humanas en Minsk para exigir el fin de las represiones y la liberación inmediata de los detenidos.



La poeta y traductora Anna, de 31 años, es una de las mujeres que participan en las "protestas femeninas" desde el primer día. La joven confiesa a Efe que su paciencia se agotó cuando en las manifestaciones pacíficas que siguieron a las elecciones fue detenido uno de sus compañeros de piso.



Anna dice que el formato de las "cadenas humanas" de mujeres resultó ser una buena idea la principio pero ahora, posiblemente, hay que buscar otras formas de protestar porque salir a las calles con flores en las manos no tiene mucho sentido cuando las fuerzas de seguridad siguen empleando la violencia contra algunos manifestantes.



Coincide con ella María, dueña de una pequeña escuela de inglés en Minsk, quien aboga por un cambio en el formato de las movilizaciones de las mujeres para que "abarquen a más gente".

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