Berlín

Parece que Alemania es una excepción. En un país con unos 22.000 casos de infectados por coronavirus, Alemania viene siendo noticia por la baja mortalidad del Covid-19 en su suelo. En la noche del sábado, eran 84 los muertos registrados en Alemania. Son muchos menos que los más de 1.300 de España y que los más de 4.800 de Italia -datos del sábado noche-.

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Las autoridades germanas, sin embargo, no se confían. Alemania bien puede tener 25.000 camas con respiradores y ser capaz, según algunas estimaciones, de ingresar al día a unos 4.000 enfermos necesitados de cuidados intensivos. Pero el sistema de salud alemán también tiene límites.

“La situación es seria, tómensela en serio”, les decía a los alemanes la canciller Angela Merkel el miércoles en un inusual mensaje televisado. Era la primera vez que Merkel hablaba así a la nación en sus quince años al frente del Ejecutivo teutón. Hasta ahora sólo aparecía en televisión en su mensaje de Año Nuevo.

Según Merkel, la crisis desatada por la pandemia es para Alemania un desafío histórico sólo comparable con la Segunda Guerra Mundial. Por eso desde su Gobierno llevan casi dos semanas repitiendo que hay que “ganar tiempo” frente a un virus contra el que no hay tratamiento ni vacuna. El objetivo es retrasar los contagios de la enfermedad.

En esta lógica, los Länder alemanes –los dieciséis estados federales que componen el país– han cerrado colegios, guarderías, bares, clubes y los comercios que no son fundamentales. También se han pospuesto o cancelado grandes eventos y el Gobierno, entre otras cosas, ha cerrado fronteras con países vecinos también afectados por la Covid-19. Sin embargo, todo eso no parece ser suficiente.

Angela Merkel se dirigió el miércoles 18 a la nación para alertar de los riesgos del coronavirus. Reuters

De ahí que, el viernes, el Gobierno del rico Land del sur germano que es Baviera anunciara que implementaría medidas de confinamiento. Un día antes se ponía en marcha el confinamiento de la ciudad de Friburgo, una urbe de unos 230.000 habitantes del Land de Baden-Wurtemberg (suroeste germano).

A finales de esta semana, hasta Michael Müller, el alcalde socialdemócrata de Berlín, la ciudad más grande de Alemania, parecía ceder ante la idea de imponer restricciones al movimiento de los capitalinos. Müller había sido una de las voces más críticas respecto a las medidas de confinamiento.

El mismo viernes por la mañana se escuchaba a Müller decir que el confinamiento no era un “medicamento que curara”, pero por la noche ya hablaba de “dar pasos” similares a los dados en Baviera “en los próximos días”. “Hay alguna gente que todavía no lo ha entendido”, decía Müller a la RBB, la radio-televisión pública de Berlín y Brandeburgo. Aludía al comportamiento de muchos berlineses, despreocupados ante la amenaza del coronavirus.

En Berlín, antes de este fin de semana, se ha visto gente llenando cafeterías, sin respetar las consigas de distanciamiento social que las autoridades consideran claves para la luchar contra la propagación del virus.

Con todo, la decisión sobre la generalización del confinamiento en el país dependía de lo que ocurriera el sábado. “Todo depende de ustedes”, se leía en la portada de la edición de este fin de semana del diario berlinés Der Tageszeitung.

De 1.100 a 20.000 casos en once días

Han tenido que pasar casi dos semanas para que Alemania llegue a este punto tras la primera intervención en detalle de Merkel sobre la situación de la propagación del virus en el país. Hablaba en una conferencia de prensa junto a su ministro de Sanidad, Jens Spahn, y Lothar Wieler, presidente del Instituto Robert Koch (RKI), la institución encargada de controlar y prevenir enfermedades a nivel federal. Entonces había registrados 1.134 casos de enfermos por la Covid-19. Ahora son más de 22.000.

En Alemania aún no lamentan, sin embargo, grandes pérdidas humanas como las que ya han sufrido países como Italia, España o Francia. Todavía no hay una respuesta clara para explicar esta situación. Según reconocía esta semana Richard Pebody, responsable de la Organización Mundial de la Salud (OMS), no hay “una verdadera respuesta” a esta particularidad germana. “Probablemente sea una combinación de diferentes factores”, ha planteado Pebody.

Entre estos factores destacan la capacidad hospitalaria sin par en Europa –con 33,9 camas de cuidados intensivos por cada 100.000 habitantes– y una exclusiva red de laboratorios capaz de realizar 12.000 pruebas diarias de coronavirus podrían ser algunos de esos factores.

También hay quien dice que la enfermedad se encuentra en una fase inicial en Alemania, y de ahí que el número de fallecimientos sea tan bajo, pero igualmente la tasa de mortalidad sigue siendo muy inferior a los países vecinos indistintamente a la fase de contagio. En Alemania (por el momento) fallece solo un 0,37% de los contagiados; en Italia la cifra supera ya el 11%; Francia roza el 4% y en España es algo más del 5% de los enfermos. Mientras, China, a pesar de su alto número de infectados -llegó a más de 81.000- la tasa de mortalidad se ha quedado en el 4%.  

Crece el miedo al coronavirus

En cualquier caso, Merkel y compañía quieren evitar el colapso del sistema sanitario por culpa de una enfermedad que, según los expertos del RKI, alcanzará al 70% de la población.

Encuestas recientes realizadas sobre el miedo de la población a contagiarse de la Covid-19 dan cuenta de una creciente preocupación social. Así, la firma de consultoría YouGov presentaba hace unos días un estudio en el que esa preocupación tocaba al 40% de la población.

Esta situación, y una cierta aversión de los políticos a tomar medidas impopulares, también puede explicar por qué la libertad de movimiento de los alemanes está tardando en quedar suspendida en una situación de confinamiento a la española, la italiana o la francesa.

“La gente necesita estar un poco asustada antes de poder implementar este tipo de restricciones en el día a día de las personas”, dice a EL ESPAÑOL Marcel Dirsus, experto del Instituto para Política de Seguridad en la Universidad de Kiel. “Porque, en el Gobierno, lo peor que te puede pasar es que implementes estas medidas y que la gente no las respete. Porque, entonces ¿Qué haces?”, concluye.

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