Vuelve a casa por Navidad. La reliquia de la Santa Cuna del Niño Jesús, también llamado 'cunabulum', regresa a su lugar de origen, Belén. Se trata de un fragmento de madera que, según se afirma, procede del pesebre en el que estuvo Jesús tras su nacimiento. Según se cuenta, ahí decidió la Virgen María que reposase tras dar a luz.

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El relicario donde se coloca ese trozo consiste en una base de madera pintada a mano sobre una base rectangular de plata que incluye cuatro bajorrelieves. Por delante se puede ver una representación del pesebre y en la parte trasera la última cena. En los laterales se encuentran el viaje a Egipto y la adoración de los Magos.

Es, sin duda, uno de los principales tesoros para los cristianos. En estas fechas se vuelve objeto de veneración por parte de los fieles debido a su incalculable valor religioso.

Su llegada a Belén se produce casi catorce siglos después de que San Sofronio, patriarca de Jerusalén, se la donara al Papa, Teodoro I. Ahora, tras cederla el papa Francisco de vuelta, esta reliquia se colocará, coincidiendo con la celebración del tiempo de Adviento, en la iglesia franciscana de Santa Catalina de Belén, situada junto a la basílica de la Natividad.

Este trozo de madera de apenas unos centímetros ha vivido todo un viaje. Llegó a Jerusalén a finales de noviembre procedente de Roma, como paso previo a su retorno a Belén. Allí, en la basílica de Santa María la Mayor, los peregrinos acudían para observarla y venerarla. Es un objeto de culto espiritual. 

San Sofronio la envió a Roma, a Teodoro I, Pontífice de Jerusalén entre los años 642 y 649, para evitar que fuese dañada en la invasión musulmana. El Papa la resguardó entonces en la Basílica de ‘Sancta Maria ad Praesepe'.

Ya dos siglos antes, en el 432, el Papa Sixto III había ordenado recrear el pesebre en la basílica en lo que se llamó la Gruta de la Navidad. Allí los peregrinos que habían viajado a Jerusalén dejaban ofrendas traídas desde la Tierra Santa.

Gregorio XI, Papa entre 1370 y 1378, dispuso que las ofrendas fueran colocadas en un tabernáculo. Ya en 1590 el Papa Sixto V mandó construir la gran Capilla del Santísimo Sacramento y encargó a Domenico Fontana las obras arquitectónicas necesarias para que se trasladase allí la Gruta de la Navidad, junto con la reliquia de la Santa Cuna.

El relicario fue destruido durante los trabajos de restructuración de la fachada de la basílica en el siglo XVIII por lo que se construyó uno nuevo.

Unas décadas después, en 1798, las tropas de Napoleón ocuparon el territorio y fue robado. La duquesa Maria Emanuela Pignatelli, embajadora de Portugal, donó otro, construido por Giuseppe Valadier, en el que se colocaron cinco listones de madera que todavía se conservaban.

En los últimos años la reliquia ya sólo se exponía en la Misa del Gallo. Durante un tiempo se podía contemplar también en la nave central de la basílica durante las celebraciones navideñas pero el deterioro provocó la decisión de limitar su visibilidad.

Su no tan nuevo destino, Belén, recibe miles de personas en los días previos la celebración de la Navidad el 25 de diciembre. Se trata mayoritariamente de cristianos que tienen allí una nueva reliquia para adorar.

Ahora ha añadido un nuevo viaje a su largo camino, uno de largas tradiciones e historia oral. Un viaje de retorno, por el que, tras la donación del Papa, quedará a cargo de la Custodia de Tierra Santa.