Argel

Nacidos con el milenio y en plena entrada en la vida adulta, la generación argelina que no vivió el terror del "decenio negro" clama ahora en las calles contra la reelección de Abdelaziz Bouteflika, el único presidente que ha conocido, y contra su régimen, que, dicen, les empuja a la desesperanza, la migración y la pobreza.

Merwan tiene 20 años, los mismos que cumplirá este año en el poder Bouteflika, que ha optado por aspirar a un quinto mandato consecutivo pese a que vive enfermo y recluido en palacio.

Para él, el mandatario no es más que una "imagen", un hombre al que apenas conoce por las fotos oficiales que se tomaron hace una década y que todavía arrojan la idea de un mandatario en plena forma y madurez, sonriente y de perfil.

Una estampa alejada años luz de la que transmite con cuentagotas la televisión estatal, la de un presidente cansado, con la mirada perdida, anclado en una silla de ruedas, que hace años que no se dirige a su pueblo. "De verdad, no recuerdo haber visto a Bouteflika hablando, no tengo ninguna imagen de él en movimiento", explica con una sonrisa escondida bajo una gorra de beisbol.

Marwan, que estudia en el liceo Al Idrisi, situado en la plaza del Primero de Mayo, está convencido de que el futuro de Argelia será más optimista si el anciano presidente abandona el palacio de Muradia. "No voy votar para Bouteflika, un presidente al que nunca he visto hablando", subraya el estudiante, para quien la juventud es la que paga con la marginación los años de crisis y parálisis del sistema.

Rahim, compañero de instituto y que dice querer licenciarse en Turismo para poder viajar al exterior, comparte el diagnóstico. "Son ellos (el poder) los que decidirán quien será el presidente. Lo cocinan entre ellos y nosotros no contamos nada, nadie presta atención de la juventud que hoy se topa con el paro y desafíos reales", lamenta.

Para Aghilas, estudiante de geología en la universidad de Bab Ezouar, en el extrarradio este de Argel, la decisión de Bouteflika de aspirar a un quinto mandato no es solo "lamentable, exasperante", sino también indignante. "Es el momento de que Bouteflika abandone el poder, y es tiempo de designar un presidente que inspire a la juventud y le transmita esperanza", señala el joven, de 23 años.

"Solo es una fachada. El obstáculo es el sistema. Son los que están en la sombra quienes se aprovechan del presidente. Yo le he visto un solo mandato de pie y otros dos sentado", señala gráficamente.

Aghilas confiesa, sin embargo, que tiene miedo a un "escenario a la egipcia", una idea que desde que comenzaron las protestas explota el gobierno, junto a las reiteradas alusiones a la guerra civil (1992-2002), que causó más de 300.000 muertos y decenas de miles de desaparecidos.

Las protestas contra la reelección Buteflika crecen en Argelia Efe

Wasila, 25 años, admite que no sigue muy de cerca la política, mucho más preocupada por acabar sus estudios y encontrar un trabajo, y sus recuerdos navegan por la imagen oficial del presidente, aplaudido como el hombre que rescató Argelia.

"Si tengo algún recuerdo de Bouteflika, diré que era el salvador o el hombre milagro, el que sacó al país de la miseria cuando era joven y estaba buena forma. De los últimos años no recuerdo una relación directa con el pueblo", indica.

El deterioro de la salud de Bouteflia se aceleró en 2013, fecha en la que sufrió un "accidente cardiovascular", que ya le impidió participar en la campaña de las elecciones que en 2014 le otorgaron un cuarto mandato.

También Sarah, recién licenciada en Matemáticas, prefiere recordar a un presidente "que dio lo mejor" para el país, en especial en cuanto a estabilidad y paz, y para el que considera que ya "ha llegado el tiempo de descansar".

"Los argelinos quieren a Bouteflika, en particular esta juventud. Le consideramos como nuestro padre, a quien debemos respeto porque desde su llegada nuestro país vive en paz. Pero ya le ha llegado la hora de descansar", recalca.

Esa dos ideas conviven ahora en conflicto en Argelia, un país sumido en una aguda crisis económica y social desde que en 2014 se desplomara el precio del barril de petróleo, del que depende su frágil economía de carácter socialista.

Y son el origen, junto al deterioro paulatino de la economía y los esfuerzos baldíos del gobierno de sostener el obsoleto sistema de subsidios para comprar la paz social, de las protestas que desde hace una semana recorren la nación, las mayores y más numerosas que se recuerdan en años.

Animadas, sobre todo, desde las gradas de los estadios de fútbol y desde las aulas por una generación "millenial" que ansia novedades... y reformas.