Berlín

El fiscal superior de Colonia, Ulrich Bremer (Brühe, 1965), es la cara de la justicia alemana frente a los ataques masivos contra mujeres que marcaron la pasada Nochevieja en esa metrópolis germana del oeste alemán. Suya y de un grupo de abogados del Estado de Renania del Norte-Westfalia es la tarea de aclarar ante los jueces unas agresiones y robos que han conmocionado a la sociedad alemana, especialmente por la implicación de inmigrantes en ellos.

En plena crisis de los refugiados – Alemania es el país que más solicitantes de asilo ha recibido en Europa –, Bremer y compañía se empeñan ahora en que se haga justicia sin que se criminalice a un colectivo de personas que huye en su mayoría de la miseria y de la guerra de sus países de origen.

A finales de febrero empezaron a caer, bajo la atenta mirada de la prensa internacional, las primeras condenas contra parte de los agresores. Eso sí, de momento, todavía faltan unos ochenta acusados por juzgar. Además, las investigaciones continúan abiertas y “quedan, sin duda, meses de trabajo” para Bremer y su equipo, según reconoce el fiscal superior en esta entrevista con EL ESPAÑOL.

¿Cómo es trabajar bajo la atenta mirada de toda Alemania y de todo el mundo?

Es algo excepcional, único. En mi tiempo en el cargo nunca viví algo parecido. Medios de todo el mundo, desde Canadá o Estados Unidos hasta Australia se están interesando por estos casos.

Estas agresiones sexuales y robos presentan una gran repercusión, porque están relacionados con inmigrantes en plena crisis de los refugiados.

Sí, de cualquier forma, estos casos, de los que también hay ejemplos en Hamburgo o en Stuttgart, tienen una dimensión mayor en Colonia. Han causado gran preocupación y también han generado una discusión política sobre la problemática de los refugiados en Alemania.

¿Cuantas personas trabajan en estos casos?

En total, se cuentan más de mil denuncias con víctimas, siendo 479 de ellas agresiones sexuales. Hay ofensas o injurias de carácter sexual, desde actos de simple acoso sexual hasta actos de agresión sexual más serios. El abanico es realmente amplio. La policía también ha investigado intensamente los hechos, con un gran grupo desde los días posteriores a los hechos, y en el que han trabajado hasta 130 agentes. Actualmente, son algo menos, unos cien. A esto se añaden cuatro fiscales que están casi exclusivamente dedicados a este tema.

El fiscal jefe de Colonia calcula que la investigación se prolongará meses. Christian Knieps

Las primeras condenas han sido para casos de robos registrados en Nochevieja, contra un marroquí, Yunes A., de 23 años, Khalid B., un tunecino de 22, y el también natural de Marruecos Samir S., de 18. Estaban acusados de haber sustraído a viandantes una cartera, un teléfono móvil y una cámara.

Los tres fueron detenidos en su día, el primero de ellos recibió una pena de seis meses de cárcel condicional y 100 euros de multa, el segundo, 3 meses de cárcel condicional y el tercero ha sido redirigido a la justicia para menores por no tener todavía 18 años.

En total hay 87 acusados, de momento, ¿Con qué tipo de penas pueden ser castigados?

Depende de las agresiones. Hay una veintena de personas acusadas de agresiones sexuales en ese total, a saber, de acoso sexual y ofensas sexuales. Una de esas personas está en prisión preventiva. También lo están otras doce. Estos delitos de carácter sexual pueden castigarse, como mínimo, con un año de cárcel.

Cada acusado tiene derecho a guardar silencio sobre algunos temas, sobre cómo vinieron a Alemania, por ejemplo

¿Cómo evitan usted y sus compañeros que se criminalice a la población inmigrante, habida cuenta de que los acusados son principalmente extranjeros inmigrantes?

La mayoría de los acusados son originarios del Magreb. Cuando hicimos público que había 73 acusados [inicialmente], eran hasta 61 originarios del Magreb (Marruecos, Túnez, Argelia y Libia). Los otros 13 venían de otros países. Había tres alemanes. También los había procedentes de Irak, Irán o Montenegro.

En este contexto, los fiscales tenemos que actuar independientemente del aspecto físico y del origen de la persona. Nos preguntan mucho sobre este aspecto, pero para nosotros esto no es importante, porque a nosotros lo que nos interesa es aclarar los hechos.

Por eso tratamos de proteger la identidad de los acusados. Para nosotros no es importante lo que parece interesar tanto a la prensa. Cada acusado tiene derecho a guardar silencio sobre algunos temas, sobre cómo vinieron a Alemania, por ejemplo. Aquí estamos trabajando para aclarar los delitos, no para aclarar de dónde vienen las personas, cómo vinieron y demás.

¿No hay indicios de que hubiera algún tipo de coordinación entre los agresores?

Hasta ahora no tenemos ninguna prueba de que estos ataques fueran coordinados. Pero la investigación sigue abierta. El proceso lleva tiempo, aunque por ahora nada hace pensar de que esto fue, desde un punto de vista jurídico, organizado en una banda o algo así. Se habla de que en redes sociales como Facebook hubo quedadas, pero eso sólo no establece el tipo de prueba que necesitamos.

Colonia es una metrópolis conocida por ser un lugar donde ir de fiesta, donde se pueden eventualmente mezclar alcohol y drogas

¿Por qué es tan difícil ver una eventual coordinación a través de internet?

Es difícil porque en muchos de los chats en internet los usuarios se expresaban en lengua árabe. Esas comunicaciones tienen pues que ser autentificadas, traducirse y una tarea así lleva mucho tiempo. También complica las cosas el que fuera natural y habitual en mucha gente quedar para ir a Colonia para festejar la Nochevieja. Colonia es una metrópolis conocida por ser un lugar donde ir de fiesta, donde se pueden eventualmente mezclar alcohol y drogas, todo esto hizo que la situación se agravase, desencadenando la situación de las agresiones sexuales.

¿Hasta qué punto es, todavía hoy, difícil la identificación de los agresores?

En la plaza de la estación central de Colonia había unas mil personas en la noche de las agresiones. No todos eran agresores, los había allí que estaban celebrando alegremente. Otros sólo miraron. No se puede decir que todos los presentes fueran agresores. Tampoco se puede decir que la estación central de Colonia se haya convertido en una 'No-Go Area' [una zona a la que evitar ir].

La policía, en total, tiene mucho material, muchos vídeos, alrededor de 1.170 horas de vídeo. Estamos hablando de unos 474 gigabytes que todavía tienen que ser analizados por la policía. Además, no es sólo difícil reconocer en las imágenes a alguien, también hay que identificar quién empezó a actuar así contra otra persona. Identificar a los agresores y las agresiones en sí resulta muy difícil. Sin duda, todavía tenemos meses de trabajo por delante.

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