En España existen actualmente entre 8 y 10 millones de mujeres en etapa de climaterio o menopausia (desde la perimenopausia hasta la posmenopausia), según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) y de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO).
De ellas, un 4%-5,3 % recibe terapia hormonal sustitutiva (THS), como concluye la Encuesta de Salud 'Fotografía de la mujer española en la perimenopausia y posmenopausia', elaborada en 2021 por la firma Sigma Dos para la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM).
Son hormonas femeninas como el estrógeno y la progesterona que se administran para compensar la disminución natural de estas sustancias durante la etapa.
Esto significa que una población de entre 350.000 y 420.000 necesita este tratamiento para paliar síntomas graves que afectan a su calidad de vida de forma relevante. Ahora bien, ¿qué pasaría si esta nada despreciable cantidad de mujeres no pudieran acceder a tales fármacos?
Ya ocurre. En nuestro país asistimos actualmente a un desabastecimiento generalizado en las farmacias de estos medicamentos, y la situación genera ya un grave problema de salud entre miles de usuarias que ven cómo tienen que interrumpir abruptamente sus prescripciones o, en otros casos, que ni siquiera pueden iniciarlas.
La carestía
"Quien ya recibe una terapia hormonal establecida percibe una mejoría notable: duerme, descansa, no tiene sofocos, se cansa menos, mentalmente vuelve a ser quien era y recupera su estado de ánimo", explica la doctora Regina Cárdenas, ginecóloga en el Instituto Nacional del Dolor (INDOL), doctora en Bioética y miembro del Instituto Borja de Bioética.
Además, ayudan a prevenir enfermedades como la osteoporosis.
Hablamos de estradiol en spray (Lenzetto), en gel (Oestraclin) o en cápsulas combinadas de estradiol y progesterona (Bijuva). Todos ellos, y algunos más, se encuentran desaparecidos desde hace más de un año, o en seria escasez, en las farmacias.
Para que las pacientes no tengan que dejar de tomarlos, se intenta seguir adelante con un desplazamiento de tratamientos. O, lo que es lo mismo: los médicos tienen que recurrir a otros fármacos con los que la paciente pueda continuar su proceso.
Los sofocos, uno de los síntomas más habituales de la menopausia.
"El primero del que faltó stock fue Lenzetto, estradiol natural en spray, un formato cómodo, seguro y fácil de dosificar. Entonces, la prescripción se fue desplazando hacia otras formas, como los comprimidos o los geles", explica la ginecóloga.
"Actualmente hay que recurrir a estrógenos sintéticos, como los parches que se usaban hace 30 años, ya que todos los anteriores están agotados, y presumiblemente en poco tiempo también empezarán a faltar", añade.
Los problemas de carestía generan otro gran inconveniente que afecta tanto a las pacientes como a las consultas de ginecología. Cuando una mujer inicia un THS, la receta para retirarlo por primera vez caduca a la semana.
Si en este periodo no lo encuentra porque está agotado, como ocurre constantemente, debe volver a su especialista y que este haga una prescripción de otro fármaco. Y así, una y otra vez hasta casi la desesperación.
"Las citas en ginecología no se consiguen de un día para otro. Hay semanas y meses de espera", comenta la doctora Cárdenas.
"Se da así un peregrinaje por las consultas que las satura. La lista de espera se alarga y colapsa con pacientes que no tienen ningún problema, que simplemente necesitan una receta", reitera.
Volver a los síntomas
Son miles las mujeres las que ahora mismo no pueden acceder por primera vez a los THS. Pero también ocurre que, muchas de las que ya los han iniciado y han podido comprobar cómo sus vidas mejoran de forma radical, encuentran que no pueden continuar debido a que los productos se agotan.
"Cuando se interrumpe, los síntomas vuelven enseguida", sostiene la doctora Cárdenas. Y esto genera una gran preocupación entre las usuarias, ya que "saben lo que es vivir sin estrógenos y no quieren volver a ello. No se tratan porque sí; lo hacen porque realmente los necesitan".
Incide la experta en la necesidad que tienen muchas de recibir estos tratamientos: "Si una persona no tiene casi síntomas, ya no se les prescriben. Existen medicamentos estupendos específicos, pero cuando se presenta toda la sintomatología menopáusica, no hay otra cosa que haga mejorar la calidad de vida".
"No hablamos de sofocos leves; son insoportables. Se trata también de la falta constante de sueño reparador, sudores nocturnos, insomnio, neblina mental… Esto transforma totalmente a la persona. Y quien ha pasado por eso, y ha avanzado, no quiere volver atrás", explica Regina Cárdenas.
"Es como si alguien con migrañas se encuentra con que han desaparecido los analgésicos de todas las farmacias. La THS, para muchas mujeres, no es un capricho, es una necesidad", insiste la ginecóloga.
Los síntomas propios de la menopausia pueden llegar a anular la rutina de las que atraviesan esta etapa.
"Las hormonas dan cáncer"
Las razones de este preocupante desabastecimiento de fármacos de la THS se deben, fundamentalmente, a un notable incremento de la demanda.
Si echamos la vista atrás tres décadas, era habitual que se trataran con estrógenos. Pero en el año 2002, los primeros resultados de la 'Women’s Health Initiative (WHI)', un macroestudio de investigación de salud pública realizado por los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de EEUU, alertaron de su relación con el cáncer de mama.
Estas primeras, y muy precipitadas, conclusiones aseguraban que existía un incremento del 26% en el riesgo relativo de desarrollarlo de forma invasiva en aquellas que tomaban la combinación de estrógeno más progestágeno sintético (acetato de medroxiprogesterona) tras una media de 5,2 años de seguimiento.
También aumentaba, según el estudio, la amenaza cardiovascular.
"Como consecuencia, las autoridades sanitarias de EE.UU. incluyeron los fármacos de la THS en la conocida como black box warning, la alerta de seguridad más grave que la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos en EEUU) exige incluir en el prospecto", explica la doctora Cárdenas.
"Muchos profesionales dejaron de recetar estos tratamientos y su uso desapareció. También en España. Todo el mundo creyó durante años en aquello de 'las hormonas dan cáncer'".
El inicio de la terapia bajó del 8,6% al 2,8% tras las alertas del WHI, y la continuidad cayó del 84% al 62%, según datos de la AEEM (Asociación Española para el Estudio de la Menopausia).
La reducción afectó sobre todo a las jóvenes y a aquellas con síntomas intensos debido al miedo generalizado, la 'hormonofobia', y se dejó de recetar de manera preventiva para dolencias como la osteoporosis o la enfermedad cardiovascular, limitándose a tratar los síntomas.
La doctora Regina Cárdenas, especialista en ginecología.
Ante esta situación, "y durante 20 años, las mujeres han pasado la menopausia 'a pelo'", explica Cárdenas.
"Se adaptaban medicamentos y se empezaron a recetar fármacos específicos para paliar una sintomatología concreta", expresa. Así, miles de féminas durante más de dos décadas han intentado tratar las afecciones con ansiolíticos o antidepresivos.
"¿Qué alternativa tiene alguien que sufre un sueño poco reparador de tres horas un día, y otro, y otro…? Recurrir a benzodiacepinas como el Orfidal, el Valium o el Lexatín", asegura la ginecóloga.
Cabe destacar que España es el país de la Unión Europea donde más se prescriben y consumen este tipo de psicofármacos. Y que este incremento evidencia una brecha de género importante, ya que afecta muy especialmente a ellas en la franja de edad comprendida entre los 55 y los 64 años.
"El cáncer se mantiene hoy como una preocupación dominante entre muchas pacientes, y también hay médicos que rechazan la terapia", explica la doctora Cárdenas, a pesar de que las guías clínicas actuales avalan la seguridad de la vía transdérmica si se inicia antes de los 60 años o dentro de los primeros 10 años de menopausia.
Aumento de la demanda
A finales de 2025, la FDA (Food and Drug Administration), que se encarga de la administración de alimentos y medicamentos, retiró la THS de la black box warning tras concluir el estudio de la WHI que los beneficios para aliviar los síntomas y proteger la salud ósea superan con creces los riesgos. Se vuelve a confiar en los tratamientos hormonales sustitutivos. También en España.
Hasta hace poco, se vendían unas cantidades marginales de THS. Pero la vuelta a su prescripción ha multiplicado la demanda casi por 10, y las empresas no pueden absorber este crecimiento exponencial.
Además, existe otra razón importante tras el mismo: la población trans. "Hace 10 o 15 años era anecdótica la existencia de mujeres trans que necesitaban administrarse estrógenos de forma continua (los mismos que se utilizan para la THS). Pero hoy ha aumentado mucho", explica la ginecóloga.
“Hay personas que empiezan la terapia hormonal cruzada muy jóvenes, a los 16-18 años, hasta el final de sus días, y en dosis muy altas. Toda esta población ha sumado mucho a la demanda y, además, también se ve muy afectada y preocupada por esta carencia", sostiene la doctora Cárdenas, quien también ha publicado diversos artículos y libros acerca de este tema.
Hormonas en Portugal o Bélgica
Existe una gran demanda de estos medicamentos, y muy poca disponibilidad. Y los laboratorios, que sólo están obligados a vender en cada país una pequeña cantidad que, como vemos, ya es insuficiente, prefieren suministrar el resto en aquellos lugares donde están dispuestos a pagar más. España no es uno de ellos.
"No se puede tener desabastecida a una población. Ocurrió con el Ozempic o con los medicamentos para el TDH, que fue mucho más dramático. Cuando hay un pico de demanda no prevista y no hay alternativas, la gente recurre a todo tipo de chanchullos para hacerse con ellos", alerta la doctora Cárdenas.
Hoy, son muchas las mujeres que compran los fármacos de su THS en Francia, Portugal o Bélgica. En estos lugares también se necesita receta, pero cuando el mercado regulado falla, ya se sabe: empieza a funcionar el mercado negro. Lo que sea por mantener una calidad de vida digna.
Imagen del almacén de una farmacia.
Los estrógenos son medicamentos financiados por la seguridad social, y en cualquier caso baratos. Sin receta pública el tratamiento de un mes cuesta unos 20 €. Al estar en desabastecimiento, quien no puede conseguirlos fuera, tiene aún otra opción: recurrir a fármacos específicos para paliar cada síntoma por separado. Pero esto tiene serias implicaciones económicas.
"Para dormir, por ejemplo, hoy tenemos uno muy eficaz, inhibidor de orexinas, que cuesta unos 98 € al mes. Para reducir los sofocos también hay uno que actúa en el centro de control cerebral de la temperatura, muy eficaz, que cuesta unos 79 €. Ninguno de estos los cubre la seguridad social", señala la especialista.
"Al final, hay gente que puede hacerlo, y paga casi 200 € de su bolsillo al mes por lo que, en condiciones normales, pagaría 20 €", sostiene la doctora.
Brecha de género y clase
La salud de la mujer siempre ha adolecido de recursos e interés. Y muy en especial, en la madurez. Lo corrobora la doctora Cárdenas: "Hasta casi los años 70, el parámetro de normalidad de cualquier ensayo médico en farmacia era un varón blanco de 70 kg. Lo que se salía de esta norma, se consideraba una anomalía y ni se tenía en cuenta. Afortunadamente, ya ha cambiado".
A estas circunstancias, la doctora le suma que a la menopausia nunca se le ha dado el valor que realmente tiene.
Paradójicamente, también se ha convertido en un fenómeno 'viral' en los últimos años, se habla mucho de ella desde muchos lugares como los pódcast, las entrevistas a famosas… "Pero no es una visibilización real, sino que nos suma nuevas exigencias a las que ya tenemos", sostiene la doctora Cárdenas.
Cuando una mujer llega a esta etapa, "por primera vez puede decir: 'estoy de vuelta de todo, dejadme en paz. Me quiero liberar de todos esos estándares de perfección, quiero vivir, quiero ser yo, ya he demostrado todo lo que tenía que demostrar en la vida", reclama la doctora.
Pero lo cierto es que, en muchos casos, se ha convertido en un nuevo objeto de marketing que, una vez más, nos asfixia con ese canon de perfección siempre inalcanzable. Al que nunca se llega porque se perpetúa y se transforma. "Vemos actrices como Demi Moore con 60 o 70 años que tienen el aspecto de 30 o 40. A eso es a donde tenemos que llegar, ¿no?", reflexiona.
La cuestión es que, si España no accede a pagar algo más —unos 2€-5 € por tratamiento, no hablamos de cantidades superiores—, sólo aquellas con más recursos tienen la opción de acceder a la THS.
La menopausia no viene acompañada sólo de síntomas físicos, sino también psicológicos.
"¿Quién puede paliar su menopausia? La gente con dinero. Como siempre: la que se lo puede comprar, y además tiene un entrenador personal y puede hacer una dieta alta en proteínas y baja en hidratos", afirma la ginecóloga.
"Para aquellas que están en situación más desfavorecida es imposible. Y seguimos aumentando la brecha: ya no es sólo la mujer mayor, ahora hay que añadirle que afecta más a las que no tienen recursos. Una con pocos ingresos, o que tiene que mantener a sus hijos sola, no puede gastarse 200 €. Y si no puede dormir como debiera y tiene angustia o estrés, no tendrá la cabeza en condiciones", cuenta.
Sus posibilidades de tener problemas en el plano profesional aumentan. Y tampoco tendrá tiempo para estar llamando al médico todos los días en busca de recetas porque tiene que trabajar.
¿Problema de salud pública?
La responsabilidad para resolver esta realidad pertenece a las autoridades sanitarias, no a los médicos.
¿Estamos ante un problema de salud pública? Si atendemos a su definición —alta frecuencia de casos, afecta con más fuerza a grupos sociales desfavorecidos o vulnerables, supera el ámbito individual y exige soluciones organizadas desde el Estado o la sociedad—, la respuesta es clara: sí, lo estaríamos.
"No hay un consejero de Salud o una ministra de Sanidad que salga y diga: 'Tenemos este problema y estamos haciendo esto para paliarlo'. No, esto que es real y afecta a las mujeres no importa", se queja la doctora Cárdenas.
Si afectara a una población de 350.000-400.000 hombres, ¿lo haría? Que cada uno saque sus propias conclusiones.
