El dermatólogo Ricardo Ruiz lleva décadas estudiando la dermis como mucho más que una cuestión estética.
Fundador y Director médico de Clínica Dermatológica Internacional, acaba de publicar Larga vida a tu piel, un libro en el que desmonta algunos mitos sobre el envejecimiento y explica cómo nuestros hábitos diarios pueden influir decisivamente en la salud de este órgano y en nuestra longevidad.
En conversación con Magas, Ruiz defiende una idea clara: envejecer bien no depende únicamente de la herencia genética, sino de cómo vivimos.
La alimentación, el ejercicio, el descanso, la protección solar y hasta la relación médico-paciente forman parte de una nueva manera de entender la dermatología, más preventiva, más humana y menos obsesionada con la perfección.
¿Por qué ha decidido escribir este ejemplar ahora?
La razón principal es una frase de Josep Pla que dice que cuando quieres aprender sobre algo, escribas un libro. Yo quería conocer realmente cuál era la situación científica de la longevidad saludable, porque hay muchísima información en redes sociales, muchas empresas trabajando en este ámbito y mucho interés por parte de la población, pero quería saber qué dice realmente la ciencia y qué podemos aconsejar a nuestros pacientes.
Como dermatólogo estético ayudo a las personas a verse mejor por fuera, pero también intento darles herramientas para sentirse mejor por dentro. La idea del texto era poner al día el conocimiento sobre longevidad saludable y entender cómo conseguir que una persona "muera joven lo más tarde posible", que es lo que todos buscamos.
El libro 'Larga vida a tu piel', de Esfera Libros.
Si tuviera que resumir el mensaje central de la obra en una frase, ¿cuál sería?
Que la longevidad saludable está en nuestras manos, no en nuestros genes. Dependemos mucho menos de nuestra genética de lo que pensamos y mucho más de nuestros hábitos.
¿Cuál es el mayor error que cometemos en el cuidado de la epidermis?
El principal error es considerarla como una simple barrera externa. Se trata de un órgano con muchas funciones fundamentales. Es un termómetro del envejecimiento, porque a través de ella, el pelo y las uñas los dermatólogos podemos diagnosticar más de mil enfermedades.
Además, participa en la síntesis de hormonas y vitaminas, tiene una microbiota muy importante y, cuando está inflamada, puede contribuir a que nuestro organismo también se inflame. Por ejemplo, las personas con psoriasis, hidradenitis o dermatitis tienen mayor riesgo de sufrir determinadas enfermedades. No es algo superficial: es una parte esencial de nuestra salud.
Vivimos una época de auténtica obsesión por el skincare. ¿Estamos utilizando demasiados productos?
Totalmente. Cuando analizamos qué productos funcionan realmente, la ciencia nos dice que hay muy pocos.
Por la mañana, lo recomendable es utilizar un antioxidante y encima un buen fotoprotector. Por la noche, un derivado de vitamina A y exfoliar la piel un par de veces por semana. Poco más.
En dermatología estamos en contra de esas rutinas con muchísimos pasos porque no son más eficaces y algunos productos pueden incluso irritar el cutis. Hay que simplificar. El mejor cosmético antiedad que existe es una buena crema protectora.
¿Qué importancia tienen factores como la alimentación, el sueño, el tabaco o el estrés?
Tienen muchísimo impacto. La dermis no envejece únicamente por lo que ocurre en ella, sino también por los cambios en los huesos de la cara y del cuerpo y en la grasa corporal.
Dormir bien, controlar el cortisol, comer saludable y hacer ejercicio son factores fundamentales para envejecer de una forma óptima. Da igual si hacemos fuerza o ejercicio aeróbico: moverse es una de las mejores herramientas para mantener una buena salud -también desde el punto de vista dermatológico-.
Ricardo Ruiz frente a la Clínica Dermatológica Internacional.
¿Qué pesa más: la genética o los hábitos?
La primera representa aproximadamente un 40% y los segundos un 60%. Durante mucho tiempo pensamos que todo dependía de nuestros genes, pero hoy sabemos que nuestras decisiones tienen un peso enorme.
Es mejor tener buenos hábitos que una buena genética. Incluso si una persona tiene antecedentes familiares de enfermedades importantes, puede reducir riesgos cuidando su estilo de vida.
Una persona de 30 años que quiere llegar a los 70 con una piel sana, ¿qué debería empezar a hacer hoy?
Lo fundamental es no quemarse. El sol no es malo, pero la quemadura sí lo es. Hay que evitar esas exposiciones intensas.
También es importante una dieta adecuada, rica en antioxidantes, y consumir proteínas de calidad, porque son esenciales para mantener una buena estructura de la epidermis, el pelo y las uñas.
Y recomendaría visitar al dermatólogo de vez en cuando para hacerse un skin check, revisar lunares y valorar también el pelo y las uñas. En otros países está mucho más interiorizado, pero aquí todavía tenemos que mejorar esa cultura de prevención.
Después del verano, ¿aumentan las consultas por daños relacionados con el Astro rey?
En verano vemos problemas agudos como quemaduras, picaduras o reacciones alérgicas, especialmente en personas que toman medicamentos que aumentan la sensibilidad a la estrella central, como algunos antibióticos o diuréticos.
Pero el daño más importante del astro rey es acumulativo. El envejecimiento de la piel, la aparición de determinados cánceres cutáneos o la malignización de un lunar no ocurren de un día para otro: son consecuencias de décadas de exposición.
El sol tiene muchos beneficios, pero debemos evitar las quemaduras y el bronceado intenso, porque son señales de daño en la dermis.
¿Y qué ocurre con la vitamina D? ¿No necesitamos exponernos?
Sí, pero no hace falta mucho. Con unos diez minutos sin protección en brazos o piernas es suficiente para sintetizar vitamina D. No es necesario exponer la cara, que recibe radiación solar durante todo el año.
¿Ha cambiado su propia rutina de cuidado cutáneo con los años?
Curiosamente, no ha habido tantos grandes avances en cosmética. La molécula con más evidencia para rejuvenecer este órgano sigue siendo el ácido retinoico, que lleva unos 30 años en el mercado.
El retinol es un derivado más suave de la vitamina A: irrita menos, pero también es menos eficaz. Donde sí ha habido una gran evolución es en la medicina estética.
Antes predominaban más los rellenos y los tratamientos que aportaban volumen. Ahora tendemos hacia una medicina estética regenerativa y preventiva: estimular que el propio organismo produzca colágeno, elastina y ácido hialurónico mediante tecnologías como determinados láseres o inductores de colágeno.
El doctor Ruiz en su consultorio.
El bótox sigue siendo uno de los tratamientos estrella. ¿Por qué?
Hay una era antes y después de él. Es el único tratamiento que actúa sobre el origen de una alteración, porque relaja el músculo y elimina las arrugas de expresión.
La toxina botulínica, bien utilizada, es una técnica segura y muy eficaz. Además, tiene un papel preventivo porque puede evitar que determinadas arrugas de expresión se marquen más con el tiempo.
Eso sí, no todo el mundo lo necesita. Depende mucho de la expresión de cada persona y de cómo contraiga determinados músculos.
En el libro reivindica también una medicina más humana y algunos remedios naturales...
Hay muchos que tienen utilidad. Por ejemplo, la miel se ha utilizado tradicionalmente para tratar úlceras porque tiene componentes beneficiosos, y el óxido de zinc es excelente para la regeneración de la piel.
Pero lo más importante es volver al origen de la medicina. Gregorio Marañón decía que la innovación más importante de la medicina es la silla: sentarse al lado del paciente, escucharlo, tocarlo, mirarlo a los ojos e implicarse en su problema.
Vivimos en un mundo con inteligencia artificial y telemedicina, pero el paciente sigue teniendo una dimensión emocional y una experiencia personal de la enfermedad. La verdadera revolución de la medicina será recuperar ese contacto humano.
