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Ya no se hace extraño escuchar hablar de longevidad incluso en conversaciones ligeras —al igual que de biomarcadores—. El término cada vez se encuentra más integrado en la población. Sin embargo, esta no necesariamente tiene que estar más educada para afrontar lo que implica.

Según Clara Fernández, directora general de Progevita, empresa especializada en medicina integrativa y salud preventiva, la mayoría piensa que esto consiste en hacer a la gente inmortal. No obstante, poco tiene que ver.

"Lo que se pretende es llevar a todo el mundo a estirar el chicle lo máximo posible en un potencial de salud sostenible. Este se suele ubicar entre los 45 o 50 años", explica la experta, con una dilatada trayectoria y con formación en Harvard.

Hablas de potencial de longevidad. ¿Qué significa realmente vivir más y, sobre todo, vivir mejor desde la medicina de precisión?

Ambos conceptos no pueden ir por separado. Se pueden conseguir dos años o tres más con fármacos, pero no hay forma de estirar la esperanza de vida si no se hace lo mismo con la calidad.

El mundo de la longevidad integrativa es una filosofía médica que lo que pretende es tratar al individuo no desde la enfermedad y la patología, sino desde su potencial de salud.

El sistema sanitario actual está diseñado para trabajar con una situación como esta: tengo un dolor de rodillas y lo resuelvo. Lo que hace es tratar muchas veces factores aislados, tapando el síntoma, pero sin saber lo que pasa.

El siguiente paso es el mundo de la medicina integrativa, que hace un abordaje completo.

La profesional, en una foto durante su entrevista. Cristina Villarino

¿De qué hablamos cuando mencionamos el término longevidad integrativa?

Es un enfoque que se centra en biomarcadores y en llevar a las personas al 95% de su salud. Es decir, no asumes estos tratamientos tras tener un problema, sino para optimizar tu estado.

Como ejemplo, se puede ver la variabilidad de frecuencia cardíaca. Es algo que está muy correlacionado con tener una buena calidad de vida no sólo hoy, sino a futuro. Debido a ello, vas a tener estrategias y acciones, además de tratamientos que no tienen por qué ser farmacológicos, para optimizarlo y que funcione al 100% de su potencial.

Lo que pasa es que el mundo de la prevención es complicado, porque la gente no está mentalizada.

¿Si estás invirtiendo en un cosmético, cómo no lo estás haciendo en una estrategia de biomarcadores?, ¿cómo no tienes un wearable —un aparato electrónico tipo anillo o reloj para medir indicadores de salud— para saber si duermes o no? Tu piel es más dependiente del sueño que de la crema.

¿Qué ha cambiado de forma radical en este tiempo… y qué seguimos interpretando mal sobre el envejecimiento?

Cuando puse el primer cartel en la clínica, la gente pensaba que estaba loca y que hablábamos de inmortalidad. Y no tiene nada que ver con eso. Hemos pasado de que esto pareciese ciencia ficción a que cada vez más personas lo entiendan e investiguen.

A día de hoy, el concepto está mucho más integrado, la gente joven se preocupa por cómo cuidar su salud, no quiere conformarse.

Hace 10 años la mayoría de las mujeres pensaba que casi todos los síntomas que tenían había que aguantarlos. Hoy en día, sobre todo con las cuestiones hormonales, sabemos que no. No tenemos que trabajar sólo si es algo gravísimo. También tenemos que observar los pequeños desajustes. Ha habido un cambio de paradigma.

A nivel científico, no se ha avanzado todo lo que nos gustaría, pero hay mucha más información y estrategias. También una visión más clara de lo que sucederá en el futuro.

Durante la conversación, salen a relucir términos como biomarcadores o 'biohack'. Cristina Villarino

¿Cómo influye el entorno en nuestra biología y capacidad real de regeneración?

Muchísimo. Siempre digo que puedo tener una buena salud porque soy muy urbanita el 50% del tiempo y de montaña el otro 50%. Nuestra genética hace que haya personas que la contaminación la toleren mejor y otras peor.

En mi caso, el contacto con la naturaleza me ayuda a bajar el ritmo y a sincronizarme más conmigo misma. Eso es muy importante, porque estamos forzando nuestro cuerpo con estímulos continuos y no escuchamos lo que necesita.

Debido a ello, se genera un proceso de inflamación permanente que hace que no nos podamos regenerar de manera natural.

En Progevita somos muy científicos, pero también conscientes de que conseguimos impactos diferentes en las personas dependiendo de su entorno y estrategia, que es lo que modifica su potencial de regeneración.

¿Cómo se distingue un protocolo serio de una tendencia más estética que científica?

Primero, por la personalización, y luego, el interés o la intención que tiene el profesional por educarte de cara a esa mejora. Hay clínicas que son de un solo médico y lo que se vende es que acudas a él. Se posicionan como semidioses y no les resulta rentable dedicar tiempo a esa otra tarea.

Nosotros apostamos por un equipo amplio, somos una de las clínicas más grandes de Europa en volumen de pacientes y pertenecemos a otra mayor, el Balneario de Cofrente, uno de los centros de longevidad más potentes de Europa.

¿Dónde empieza ese proceso de personalización?

Tenemos dos tipos de programas: el primero, bootcamps que están semipersonalizados y se hacen en grupo. Hay un pack de diagnósticos y unas clases de iniciación. Es una forma de democratización.

Luego están las propuestas personalizadas. Lo primero que necesitamos en ese caso es entender dónde estás para ver qué proponer. Siempre es una combinación de datos sanguíneos, de los de tus wearables y de una historia clínica, de vida. Todo eso se tiene que complementar y formar así la tentativa de plan.

Clara Fernández es la directora general de Progevita. Cristina Villarino

¿Qué tres hábitos sencillos al alcance de cualquiera marcan una diferencia tangible en longevidad y bienestar?

El primero es el sueño, un hábito fundamental. Si todavía no has percibido el impacto que tiene es porque eres muy joven, pero pronto empezarás a ver los estragos si hay déficit. Afecta a tu sistema inmunitario, humor y capacidad cognitiva.

El dos es la nutrición y la hidratación. Y el tres, ejercicio y movimiento.

Son pautas obvias, pero, al margen de las mismas, es importante que cojas un parámetro y aprendas a medirlo y a desarrollar las estrategias para optimizarlo, porque las circunstancias van cambiando.

¿Cuál es el mito sobre longevidad que más daño hace a la percepción pública y que te gustaría desterrar?

La mayoría de gente piensa que estamos hablando de mantener a alguien inmortal, decrépito en su casa. Y no es así, lo que se pretende es llevar a todo el mundo a estirar el chicle lo máximo posible en un potencial de salud sostenible. Este se suele ubicar entre los 45 y 50 años.

Has trabajado con perfiles muy diferentes. ¿Qué distingue a quienes logran transformar su salud de quienes se quedan en la motivación puntual?

Para mí hay un grupo de personas que tiene una mayor formación de salud y esto no está relacionado con el dinero, sino con educación general y percepción de su estado.

Ellos entienden que no pueden dejar sus decisiones sólo en las manos de un médico, sino que han de trazar su propia estrategia. Esos son los que marcan el cambio. Yo no vengo a convencerte, quiero ayudar a los que ya lo están y desean un plan.

El envejecimiento es biológico, pero también emocional y social. ¿Qué papel juega la gestión del estrés en los protocolos de Progevita?

Es fundamental y cada vez estamos dándole más peso y descubriendo más herramientas. Es una cuestión muy individual y depende del momento vital. El componente emocional es muy importante y ha de trabajarse a largo plazo.

En Progevita nos limitamos más a la parte científica y de datos, pero le damos su sitio. Intentamos educar a la gente, ya que se trata probablemente del primer factor de envejecimiento.

Al igual que no puedes cuidarte si fumas, tampoco funciona con unos niveles de estrés y cortisol altísimos. Es como tener un león persiguiéndote constantemente.

¿Qué impacto tiene el sueño en la longevidad real y cómo lo trabajáis en un programa inmersivo?

Yo lo uniría a la relajación. No se trata sólo de dormir ocho horas —o las que necesite cada cual—, pero no estamos preparados para ser una máquina contracircadiana.

No se puede trabajar de sol a sol, levantarnos, darnos una ducha fría y al minuto estar produciendo. Y así hasta las once de la noche.

Esta cuestión va de la mano de entender que somos seres cíclicos. Y para las mujeres es mucho más importante que para los hombres. Se trata de estar regulados con los ritmos biológicos y hormonales y eso va cambiando a lo largo del año.

También metería la crononutrición, es decir, qué elementos comer y cómo hacerlo en función del momento del día.

¿Qué te mueve de verdad?

A mí lo que me gusta es el concepto de democratizar la longevidad. Creo que en los siguientes años va a ser algo muy exclusivo por la naturaleza de algunos tratamientos y por las tendencias. Están montando la mayoría de las clínicas con un aura de lujo exótico innecesario para el objetivo en sí.

Para conseguir esa accesibilidad, hay que crear un espacio donde la población pueda cuidarse y aprender. Tienen que saber decidir si tapar un agujero o dar con la auténtica solución de su problema.

Clara Fernández cuenta con más de una década de experiencia en el campo de la medicina integrativa y salud preventiva. Cristina Villarino

¿Cómo explicarías a la lectora la diferencia entre wellness y longevidad?

Comenzaría diciendo que una clínica de longevidad tiene doctores. Si ellos no están, lo que te ofrecen puede hacerlo cualquiera en un garaje o en un gimnasio. En nuestro caso, vienes a un balneario, pero con un protocolo médico.

Por otro lado, tenemos que separar lo que es un tratamiento de longevidad de lo que llamo un biohack, es decir, algo que tienes que hacer en tu día a día, tu estrategia de bienestar.

Nosotros vamos a intentar llevarte siempre a tu máximo potencial realista. Cuanto mejor vengas, más rango de mejora y mantenimiento tienes.