Durante décadas, el cuerpo femenino fue territorio poco explorado por la medicina. Por sesgos y exceso de indiferencia, más que por falta de preguntas, se hacían menos ensayos clínicos, se destinaba menos financiación y, definitivamente, se prestaba menos atención a síntomas que durante demasiado tiempo se despacharon como 'cosas de mujeres'.
El dolor menstrual era normal y las infecciones recurrentes, algo con lo que lidiar. La menopausia, un tema del que no se hablaba en voz alta. Ahora algo ha cambiado, no lo suficiente, pero sí de forma perceptible.
En los últimos años ha crecido la investigación y cada vez más pacientes llegan a la consulta con información e interés por conocer su cuerpo.
La salud íntima ha dejado de ser un tema tabú y, sin embargo, cada verano —puntual como el calor— vuelven las dudas de siempre. ¿Puedo bañarme con la regla? ¿Cuánto tiempo puedo llevar el tampón en la playa? ¿La copa aguanta en el agua? ¿El salvaslip todo el día protege o irrita?
Como si junio reseteara todo lo aprendido, las citas de ginecología se llenan cada temporada estival de las mismas cuestiones, y estas merecen respuestas claras. La doctora Elena Pascual Salvador, jefa de Servicio de Ginecología y Obstetricia en el Hospital Quirónsalud Huelva, las aclara una por una.
¿Bikini húmedo? Mejor no
El verano concentra una serie de condiciones que, combinadas, no son especialmente amables con la salud vaginal. "El calor, la humedad, el sudor y el uso prolongado de prendas mojadas pueden favorecer irritaciones, molestias vulvares, picores o alteraciones de la microbiota", explica la especialista.
Esto no significa que bañarse sea peligroso, pero quedarse con el bikini empapado durante horas sí puede serlo, porque una prenda en esas condiciones crea exactamente el entorno que los microorganismos necesitan para proliferar.
"Cuanto menos tiempo se mantenga la humedad en contacto con la piel y las mucosas, mejor", añade.
La recomendación es simple: hay que cambiarse en cuanto se sale del agua. ¿Y si se pasa el día entero en la playa? La solución pasa por llevarse otro bañador de repuesto.
Si no se puede, al menos conviene secarse bien la zona íntima tras el chapuzón. Al dar por finalizada la jornada de playa o piscina, la pauta es optar por ropa interior transpirable, preferiblemente de algodón.
Una mujer disfrutando de un día en la playa.
En cualquier caso, estas afectaciones no son exclusivas de la temporada estival y se debe estar atenta a sus síntomas los 365 días del año: "La humedad puede contribuir a que aparezcan, por ejemplo, candidiasis vulvovaginal y algunos cuadros de vaginosis, pero no puede afirmarse que el verano por sí solo provoque un aumento masivo de infecciones".
Cuándo cambiar el tampón
Este es, probablemente, el producto de higiene menstrual más usado en esta época por su discreción en el agua. Pero este aliado también tiene normas que conviene respetar, especialmente cuando el calor y el movimiento hacen que se pierda la noción del tiempo.
"La recomendación general es cambiarlo cada cuatro a ocho horas y evitar superar este margen. Además, debe utilizarse la menor absorción necesaria para cada momento del ciclo", señala la doctora Pascual Salvador.
Usar modelos 'ultra' o 'superplus' en los últimos días de regla no aporta protección extra, sino que puede resecar la mucosa vaginal e irritar.
Por supuesto, hay alertas que no admiten espera. "Se debe retirar de inmediato si aparece mal olor, molestias importantes, fiebre, mareo, vómitos o cualquier síntoma que haga sospechar una complicación", advierte la especialista de Quirónsalud.
Y, aunque es poco frecuente, el síndrome de shock tóxico —una complicación rara pero grave causada por toxinas de las bacterias Staphylococcus aureus o Streptococcus, que pueden multiplicarse debido a un uso inadecuado del tampón— también sigue siendo una entidad que conviene conocer y prevenir.
Aprendiendo sobre la copa
Cada verano gana más adeptas. Ha pasado de ser algo de uso poco habitual a convertirse en la opción preferida de muchas mujeres para los meses de calor.
"Ofrece ventajas: tiene una larga duración de uso, genera menos residuos, resulta económica a largo plazo y muchas mujeres refieren una gran comodidad para actividades acuáticas", apunta la doctora.
A diferencia del tampón, no absorbe: recoge. Eso significa que no reseca ni altera el pH vaginal de la misma manera. Y en el agua, tampoco filtra ni se empapa.
Para quienes ya la utilizan, el estío no supone ninguna adaptación especial. El problema suele aparecer cuando alguien decide estrenarse justo el primer día de vacaciones y no sabe por dónde empezar.
En esos casos, "les recomendaría practicar su colocación antes de un viaje o una jornada larga de playa. Es fundamental lavarse las manos antes de manipularla, vaciarla siguiendo las indicaciones del fabricante y esterilizarla adecuadamente entre ciclos", aconseja la ginecóloga.
Todo eso se aprende mejor en casa, con tranquilidad, en un espacio donde una se sienta segura.
Una mujer revisa su ciclo menstrual con una copa en la mano.
El exceso de protección
Hay un hábito muy extendido que la doctora Pascual Salvador señala como uno de los más contraproducentes: el uso continuado del salvaslip a modo de barrera permanente.
"Es uno de los errores más frecuentes. La vulva no necesita estar aislada de forma constante", zanja al respecto.
Si se usa 24 horas todos los días, puede provocar irritaciones, precisamente por dar lugar a un microclima cálido y húmedo justo donde menos conviene.
En verano, con las altas temperaturas, el efecto se multiplica. Recurrir a él de forma puntual y combinarlo con ropa interior transpirable es muy diferente a hacerlo parte de la rutina.
¿Cuáles son los síntomas que convendría consultar con un especialista?
"Picor o escozor persistente, flujo con cambios llamativos de color u olor, dolor pélvico, sangrado anormal o molestias durante las relaciones sexuales" son ejemplos que la doctora Pascual Salvador enumera y que no deben pasarse por alto.
En los casos más graves, recomienda acudir a urgencias de inmediato "si se presenta fiebre alta, dolor intenso, mal estado general, sangrado abundante o afectaciones compatibles con el síndrome de shock tóxico, como mareo, vómitos, diarrea o erupciones cutáneas asociadas al uso de tampones".
No todas las mujeres parten del mismo punto. La doctora explica que aquellas con antecedentes de candidiasis recurrente, patologías dermatológicas vulvares, piel sensible, alteraciones hormonales o ciertas enfermedades crónicas tienen una predisposición mayor a sufrir molestias.
En estos casos "es especialmente importante mantener una buena higiene de los artículos menstruales, respetar los tiempos de recambio y elegir el método que resulte más cómodo y mejor tolerado de forma individual".
Los nuevos debates
En los últimos años, las investigaciones que hablan de la presencia de microplásticos en objetos de uso cotidiano ha copado portadas y los tampones no han sido la excepción.
Varios estudios han puesto el foco en ellos, lo que ha avivado el debate sobre la seguridad de artículos que millones de mujeres utilizan cada mes en contacto directo con mucosas.
La doctora Pascual Salvador celebra que se investigue, pero pide que los resultados se lean con rigor. "Detectar una sustancia no implica automáticamente que exista un riesgo clínico relevante", advierte.
"La investigación en salud femenina ha estado infrarrepresentada, de modo que cualquier iniciativa que permita conocer mejor la composición y la seguridad de estos productos debe valorarse", reflexiona, y añade que es tan importante estudiar la exposición y efectos como que los fabricantes y organismos reguladores garanticen la máxima transparencia.
Al hilo de esta cuestión, la especialista también aborda otra novedad que ha surgido recientemente y que algunas mujeres consideran una alternativa más ecológica a fórmulas tradicionales: las esponjas marinas.
"Son organismos naturales que se utilizan como método interno para absorber el flujo menstrual", explica sobre este gran desconocido para la mayoría.
"Sin embargo, la evidencia científica sobre su seguridad es limitada. Hay dudas sobre la esterilización adecuada, la presencia de microorganismos y la dificultad para garantizar un control de calidad homogéneo. Por ello, no pueden recomendarse con el mismo nivel de confianza que productos más estudiados, como tampones o copas menstruales", advierte.
Diferentes productos de higiene menstrual.
Los mitos de cada verano
También hay ideas que circulan con una persistencia llamativa, al margen de lo que diga la evidencia. Una de las más arraigadas es que ir a la playa menstruando atrae a ciertos animales, como tiburones.
La doctora Pascual Salvador la desmiente sin rodeos: "No existe evidencia de que haya ningún riesgo especial por bañarse en el mar".
Otra creencia habitual es que el calor lleva a reglas más dolorosas o mayor inflamación. "La intensidad de estos depende de múltiples factores individuales. Algunas pacientes incluso refieren encontrarse mejor gracias a una mayor actividad física, descanso o exposición solar", aclara la ginecóloga.
Lo que sí puede actuar como factor desencadenante son las circunstancias que el verano concentra: la sudoración, los viajes largos, los cambios de rutina, incluso la vida sexual.
En cualquier caso, las vacaciones están para disfrutarlas y no hay que limitar las actividades habituales si se siguen unas medidas básicas de cuidado y prevención, como defiende Pascual Salvador.
En estas fechas, la mejor motivación para elegir un producto menstrual no debe ser la moda ni el miedo, sino la ausencia de molestias, así que nada de obligarse a usar tampones si estos duelen o a llevar compresas si una se siente rara con ellas.
"El ideal es aquel que ofrece comodidad y seguridad y se adapta a las necesidades individuales", concluye la doctora.
Como últimas pautas, de cara a los meses venideros la especialista en Ginecología y Obstetricia recomienda mantener una hidratación adecuada, realizar actividad física moderada, seguir una alimentación equilibrada, dormir bien y evitar permanecer muchas horas con ropa ajustada o húmeda.
