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Es imposible, ¡imposible!, ¿cómo puede ser que a pesar de estar de vacaciones el descanso parece que nunca llega? Este arranque bien podría ser un monólogo interno. O quizás una conversación entre dos amigas a las que ya les queda poca capacidad de gestión.

No obstante, este discurso que ya se está convirtiendo casi en un cliché esconde más detrás de lo que puede parecer en primera instancia. Y no, poco tiene que ver la explicación con las acusaciones que bautizan a los más jóvenes como generación de cristal.

De hecho, la causa la encierra un término que habitualmente se asocia a la primavera: la astenia, que, en este caso, va de la mano del verano.

La farmacéutica y especialista en suplementación Fátima Rachdan aclara lo siguiente: "En la época estival no siempre estamos cansados porque hayamos dormido mal o porque llevemos demasiado ritmo. A veces, simplemente, el cuerpo está trabajando más de lo que parece".

Según la experta, la subida del mercurio tiene mucho que ver con esto, ya que "obliga al organismo a hacer un esfuerzo extra para regular su temperatura interna, lo que puede traducirse en más fatiga, somnolencia, irritabilidad o sensación de debilidad".

Astenia veraniega: la paradoja que explica por qué estás exhausta en vacaciones Cristina Sobrino

El enfermero internista y dietista Rafael Sobrino profundiza en el origen fisiológico:

"Nos encontramos en un proceso en el que el cuerpo se está adaptando a una nueva situación. Los días son más largos, solemos estar más activos y no descansamos tan bien los cambios de rutinas o el calor. Además, esto último hace que tengamos la tensión arterial más baja, por lo que nos encontramos más 'pesados' y un poco apáticos".

El calor, un factor fundamental que acentúa la astenia veraniega. fizkes iStock

¿Les afecta más a ellas?

Es difícil evitar que la brecha de género entre en la conversación. Hace unos meses, durante el periodo navideño, desde Magas se publicó un reportaje que abordaba el concepto de superwoman fatigue en alusión al cóctel explosivo que se da en esas fechas para las mujeres.

El mismo desemboca en cansancio crónico a raíz del desgaste físico y emocional por intentar sostener un ideal de rendimiento total. Durante el verano, cuando son ellas las que se quedan al cargo de los hijos y de las labores del hogar, a pesar de estar de vacaciones ambas partes de la pareja, sucede lo mismo.

Entonces, la psicóloga Carmen Monago, de Lumbre Psicoterapia, explicaba lo siguiente: "En la base del agotamiento actual en la mujer —la superwoman que tiene que poder con todo— se encuentra una educación basada en los cuidados y que la concibe como aquella que es capaz de sostener la familia, la pareja, otros vínculos, la casa y el trabajo. Y además a sí misma".

"Estos perfiles femeninos responden a la carga mental de ellos: recuerdan fechas, cosas pendientes, tareas del hogar... y además son las que escuchan y regulan el estado anímico de ellos", destacaba Monago.

Además, decía que esta supermujer tiende a responsabilizarse de su contexto, mientras que él ejecuta lo que se propone.

Las vacaciones de verano pueden resultar tan relajantes como intensas. Marc Calleja Lopez iStock

No obstante, la brecha de género de la astenia veraniega no sólo se sostiene en fundamentos psicológicos y sociales, sino también en factores hormonales, tal y como explica Rafael Sobrino:

"Gran parte de la cuestión parece que reside ahí: en el caso de ellas estos ejes son más difíciles de regular por diversos condicionantes. Un ejemplo endógeno sería el periodo; si no se tiene regular de base, muchas cosas se van a desajustar en el cuerpo", relata.

Igualmente, el enfermero y dietista también se suma a las declaraciones que hace unos meses dio Monago para este vertical: "Por otra parte, está la carga emocional o de trabajo que puedas tener".

Y añade que es cierto que los hombres "tendemos a exteriorizar menos los problemas por lo general, aunque depende de la persona y la situación".

Una dosis de sentido común

A pesar de que el término de astenia veraniega pueda resultar demasiado nuevo y no se conozca bien cómo gestionar esta sintomatología, sin catalogar como diagnóstico clínico, hay una serie de pautas básicas que pueden ayudar a sobrellevar esto que sucede en el organismo. En concreto, se resumen en cuatro pilares:

Hidratación

La farmacéutica Fátima Rachdan habla de que muchas veces empleamos este término para algo que en realidad es una falta de agua. "Antes de pensar en vitaminas, conviene revisar lo básico", destaca.

El enfermero Rafael Sobrino refuerza este mensaje: "En verano, estar bien hidratados cobra más importancia por las llamadas pérdidas insensibles de H2O corporal, principalmente la sudoración".

Según cuenta, algo tan sencillo como mantenernos hidratados ayuda a descansar bien, funcionar mejor durante el día y "paliar esas posibles bajadas de tensión al tener la cantidad de líquido adecuada en nuestro sistema".

Alimentación

Sería absurdo no destacar lo fundamental que resulta llevar una buena dieta también en esta época del año en la que se suele pecar a la mesa por defecto o por exceso.

En el primer caso, los TCA acechan, ya que las comparaciones están a la orden del día debido, en parte, a una mayor exposición. La amenaza de que la salud mental y por ende la física flaqueen es más que probable.

En el lado opuesto de la balanza, muchos consideran esta estación como aquella que concede vía libre para todo. Al igual que la maleta se llena de 'por si acasos', la nutrición se vuelve más permisiva que nunca y, a veces, el ejercicio también queda de lado.

La dieta mediterránea es una herramienta clave para llevar una buena alimentación. Foto de Sam Moghadam en Unsplash

Sin embargo, Rachdan es firme en su mensaje:

"En verano apetecen platos más frescos, pero eso no debe confundirse con comer poco o mal. Saltárselas, abusar de ultraprocesados fríos o vivir a base de picoteos puede aumentar la sensación de bajón. El cansancio también aparece cuando el cuerpo no recibe materia prima suficiente para funcionar", señala.

Puesta en marcha

Cuando el calor aprieta, la excusa para caer en el sedentarismo parece más accesible que nunca. La subida de temperaturas muchas veces implica sufrir cefaleas y el estado de relajación, bajona o aplatanamiento —como se conoce popularmente— es una realidad.

Sin embargo, no puede ser la razón para llevarse pegado al sofá, la cama o la tumbona todo el día. De hecho, la actividad conlleva todo lo contrario siempre y cuando se dé en horarios adecuados y adaptada a cada persona.

"Moverse ayuda a mantener el tono físico, mejorar el descanso y regular el estado de ánimo. Forzarse bajo temperaturas altas no es disciplina: es mala estrategia", comenta la farmacéutica.

En las garras de Morfeo

Mantener una buena higiene del sueño durante las vacaciones, especialmente en verano, se hace una tarea complicada.

Cuando las sobremesas se alargan y las temperaturas invitan a permanecer despiertos hasta bien entrada la madrugada, la rutina horaria desaparece y eso tiene repercusiones a lo largo de toda la jornada y, por supuesto, en el funcionamiento del organismo.

Por otro lado, el calor no ayuda a precisamente a descansar de forma plácida. Esto entronca de forma directa con la sensación de cansancio que desemboca en esta astenia veraniega.

"Cuando alguien llega a la farmacia diciéndome que está agotado, una de las primeras preguntas debería ser cómo está durmiendo", dice Fátima Rachdan.

Para mantener unos hábitos de sueño sostenibles incluso durante las vacaciones hay una serie de pautas que se pueden seguir:

  1. Tener un horario regular, es decir, ir a dormir y despertarse a horas similares la mayoría de los días. Es un gesto que afianza los ciclos circadianos —el reloj biológico interno que regula las funciones físicas, mentales y de comportamiento del cuerpo a lo largo de 24 horas—.

    Cuando se da una rutina predecible, se segrega melatonina de forma natural al tiempo debido.
  2. Cenar ligero y con un buen margen antes de aterrizar en la cama. Lo idóneo sería dejar unas dos horas entre la comida y el momento de acostarse. Facilita la tarea también el hecho de apostar por platos ligeros y dejar de lado los ultraprocesados.

    La digestión pesada aumenta la temperatura corporal interna, algo que no hace bien cuando la pretensión es el descanso.
  3. Modo off. La desconexión digital, aunque se antoja complicada, es fundamental. Hay que intentar deshacerse de pantallas entre 30 y 60 minutos previamente al momento de ir a la cama.

    La luz azul que emiten los dispositivos bloquea la producción de melatonina y engaña al cerebro, haciéndole creer que todavía es de día. Además, el contenido que se suele consumir es (sobre)estimulante.
  4. En equilibrio. Por otro lado, es esencial cuidar —en la medida de lo posible— la temperatura de la habitación. Lo ideal sería mantenerla entre los 18º y los 21º. Añade a la receta dos calificativos más: oscura y silenciosa.

    Para ello, si el aire acondicionado brilla por su ausencia, sirve airear el espacio a primera hora de la mañana y mantener las persianas bajadas hasta que el sol caiga y comience a refrescar.
  5. Adiós al café, té, bebidas energéticas y alcohol. O al menos hasta luego. Considera dejar de tomarlas seis horas antes del descanso.
  6. Saludo al sol. Aprovecha la luz natural y adapta tu horario a ella por la mañana, especialmente a primera hora. Es la forma más potente para 'despertar' al cerebro, cortar la melatonina y programar el temporizador interno para que por la noche el sueño vuelva a la hora correcta.

¿Y los suplementos?

En los últimos tiempos parece que gran parte de la población ha encomendado su salud a este tipo de complementos. No obstante, no se trata de algo a seguir a pies juntillas. En concreto, Rachdan, farmacéutica especializada precisamente en esta materia, habla de la vitamina C:

"Sí que participa en funciones relacionadas con el metabolismo energético normal y contribuye a reducir el cansancio, pero eso no significa que tomarla sea la solución universal al agotamiento".

Sin embargo, señala que puede ser útil dentro de una estrategia bien planteada, es decir, formando parte de un plan general. "Pero no sustituye al descanso, la hidratación ni una dieta adecuada. En suplementación, el matiz lo es todo: no se trata de tomar más, sino de tomar lo que corresponde", añade.

Los suplementos atienden a su definición, es decir, son una ayuda. La base es una buena alimentación. Foto de Natali Hordiiuk en Unsplash

La consulta

Aunque como se menciona este tipo de sintomatología no se asocia a ninguna enfermedad diagnosticada, ni siquiera en el plano de la salud mental, sí que puede llegarse a un punto en el que haya que acudir a un profesional.

"Si es de continuo y vemos que se alarga durante todo el verano, sería raro. Podría ser astenia debido a un factor puramente fisiopatológico: una anemia, un proceso infeccioso, estar sometido de forma persistente a mucho estrés o un proceso tumoral. Si el cansancio y la pesadez se agudizan mucho, deberíamos preocuparnos porque tal vez no sea sólo esto", comenta el enfermero internista y dietista.

Fátima Rachdan habla también de fatiga intensa, prolongación durante semanas o aparición de mareos frecuentes, palpitaciones, pérdida de peso, fiebre, falta de aire o tristeza persistente como condicionantes que deberían encender las alarmas. "También hay que tener especial cuidado en personas mayores, embarazadas, niños o pacientes crónicos", suma.