La capacidad de oír no es exactamente igual en todas las personas, y la ciencia sigue desentrañando los factores que explican estas diferencias.
Diversos estudios, como el que ha publicado la revista Nature, han puesto el foco en el sexo biológico como uno de los elementos que más influyen en la sensibilidad auditiva, incluso por encima de la edad. Esto ha reabierto el debate sobre si hombres y mujeres perciben el sonido de manera distinta. La conclusión es que sí existe una diferencia, particularmente por encima de los 2000 Hz.
El doctor Carlos Ruiz Escudero, jefe del Servicio de Otorrinolaringología del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid y de Olympia Centro Médico Pozuelo, explica que la mayor sensibilidad auditiva detectada en ellas —alrededor de dos decibelios por encima de la de ellos— tiene una relevancia limitada en la práctica clínica.
Dr. Carlos Ruiz Escudero, jefe del Servicio de Otorrinolaringología del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid y de Olympia Centro Médico Pozuelo.
“Realmente en la práctica significa poco”, señala, aunque matiza que sí se observa una tendencia general: “Las mujeres oyen un poco mejor y, en general, la conservación de la audición suele ser mayor”.
El especialista se apoya en un estudio que analiza las variaciones auditivas humanas distinguiendo entre factores endógenos y exógenos. Entre los primeros se encuentran el sexo, la edad y la lateralidad (oído derecho o izquierdo), mientras que los segundos abarcan aspectos como el entorno, la población de pertenencia o la salud del lenguaje.
Según los resultados, el sexo biológico es el factor endógeno que más influye en las diferencias auditivas observadas. El trabajo apunta, además, a una posible explicación anatómica: la cóclea de mujeres y hombres no es igual.
En cuanto a los cambios morfológicos que podrían justificar esta mayor sensibilidad, el doctor Ruiz Escudero destaca el papel de las células ciliadas externas, responsables de transformar las vibraciones sonoras en señales nerviosas.
Aunque las pruebas de imagen no muestran diferencias claras entre sexos, sí lo hacen test objetivos como las otoemisiones acústicas transitorias, que miden la actividad de estas células. “Es ahí donde ven que el desarrollo de esas células en la mujer está algo más evolucionado, más desarrollado que en los hombres”, afirma.
Un auxiliar auditivo suele ser un tratamiento común.
El origen de esta divergencia podría remontarse incluso a la etapa prenatal. Tal y como apunta el estudio, niveles más bajos de andrógenos durante el desarrollo podrían estar detrás de esta variación biológica entre la cóclea masculina y la femenina.
Pero ¿significa esto de que las mujeres oyen más y mejor? El doctor es prudente: “Esta es la conclusión que parece haber sacado el estudio, aunque la diferencia es poco significativa en cuanto a cantidad”.
A su juicio, todavía sería necesario evaluar hasta qué punto ellas presentan un mayor desarrollo de las células ciliadas y de las conexiones neuronales con el sistema nervioso central. Además, el propio informe señala que esta mayor sensibilidad podría relacionarse con una mayor prevalencia de hiperacusia en la población femenina.
Respecto a la pérdida auditiva en España, el especialista recuerda que antes de los 65 años afecta aproximadamente a entre el 10% y el 12% de las personas, sin grandes diferencias por sexo. A partir de esa edad —cuando comienza a manifestarse con más frecuencia la presbiacusia— la cifra supera el 50%.
Dentro de este grupo, alrededor de un 20% correspondería a mujeres y un 30% a hombres, lo que indica que “en conjunto, nosotros tenemos algo más de pérdida auditiva a esas edades”.
Síntomas
No oír bien es algo que suele instalarse de forma silenciosa, hasta que comienza a interferir en la rutina diaria. Tal y como explica el doctor Ruiz Escudero, la preocupación aparece “cuando al paciente le afecta en su día a día”, algo especialmente frecuente en las pérdidas neurosensoriales, que tienden a ser progresivas.
De hecho, en muchas ocasiones es el entorno quien detecta antes las señales de alerta: el volumen del televisor aumenta, la vocalización se vuelve menos precisa y seguir una conversación —sobre todo en ambientes ruidosos como restaurantes o eventos— se convierte en un esfuerzo constante. “Al paciente le cuesta entender, sobre todo más que oír”, resume.
A esta situación se suma con cierta frecuencia la aparición de acúfenos, unos ruidos percibidos sin que exista una fuente sonora externa. Se producen, detalla el especialista, por una alteración en la conducción neurosensorial que genera “ruidos autónomos dentro de la vía auditiva”, una molestia que puede llegar a afectar de forma significativa al bienestar del paciente.
Causas
Desde el punto de vista médico, existen dos grandes tipos de pérdida auditiva. Por un lado, la neurosensorial, que afecta al órgano neural de la audición y, en concreto, a las células encargadas de transformar la vibración sonora en señal nerviosa.
Por otro, la conductiva o transmisiva, que altera el mecanismo mecánico mediante el cual la onda sonora se desplaza por el oído. Estas últimas pueden tener causas relativamente comunes —como un tapón de cerumen, una infección, una perforación timpánica o cualquier otra patología del oído medio— que interfieren en ese proceso.
Auxiliar auditivo.
Tratamiento
Los audífonos (también llamados auxiliares auditivos) siguen siendo la opción más habitual, especialmente en las pérdidas neurosensoriales, aunque también pueden emplearse en las conductivas.
Cuando el origen del problema se localiza en el oído medio, la cirugía se presenta como una alternativa eficaz para tratar afecciones del tímpano, la cadena de huesecillos o enfermedades como el colesteatoma o la otosclerosis.
Existen, además, dispositivos que sí requieren intervención quirúrgica, como los implantes de conducción ósea —indicados sobre todo en pérdidas conductivas— y los implantes cocleares, destinados a pacientes con pérdidas neurosensoriales severas.
Estos últimos se utilizan con frecuencia en niños que nacen con una hipoacusia importante, aunque también pueden beneficiar a adultos candidatos.
Consejos
La prevención, sin embargo, sigue siendo una de las mejores herramientas para proteger la audición. El especialista recuerda la conocida regla del “60-60”: no utilizar auriculares por encima del 60% del volumen ni durante más de 60 minutos al día.
A ello se suma la importancia de emplear protección acústica en entornos laborales o en actividades de ocio con altos niveles de ruido y de realizar revisiones periódicas que permitan controlar el estado de la audición y detectar cualquier alteración a tiempo.
