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Es una de esas rutinas que corren de boca en boca, también por redes sociales, como la panacea para estimular la piel y, de paso, quién sabe si adelgazar un poco. Pero, como pasa muchas veces con este tipo de cosas, nunca sabemos si estos beneficios están demostrados o se trata de uno de esos mitos inocuos —pero mitos al fin y al cabo— que muchas tienen en mente.

Empecemos diciendo que mal no te va a hacer. Pero lo mejor es preguntarle a una experta en la materia que lo primero que plantea es una pregunta: "¿Esto sirve para la salud o es un postureo nórdico?". Pues un poco de todo. Tal y como explica Boticaria García, la ciencia nos dice que aplicar agua a baja temperatura mientras nos duchamos "puede activar la circulación, darte un chute de alerta y, en algunos estudios, incluso se ha visto que mejoran el estado de ánimo". Pinta bien...

Nadie duda de que es un método bastante eficaz para despertarte cada mañana, sobre todo en invierno cuando lo único que apetece es calor a tope y no salir del baño en un largo rato —atención al excesivo gasto hídrico—. "Vamos, que despejar te despeja, pero ¿qué pasa con la grasa?", dice la farmacéutica y nutricionista. Ella misma lo explica para que no haya lugar a dudas y la decisión de ducharte con agua fría esté bien meditada. Porque para algunas no es un placer en absoluto.

Acabar con agua fría la ducha, al menos, despeja. iStock

"Es cierto que puede activar la grasa parda, que es la que quema más calorías para producir calor. Pero, ojo, ese efecto es pequeñito. Hablamos de un gasto adicional modesto. No esperes adelgazar solo por eso", matiza. En el fondo, ese agua helada es un estresor para el cuerpo, igual que el ejercicio físico.

"La diferencia es que con la ducha el impacto es breve, limitado, y con el ejercicio, además de activar el metabolismo, fortaleces los músculos, los huesos y el corazón, así que el impacto sobre la salud es mucho mayor. En resumen, esta rutina puede tener beneficios y, desde luego, si te va bien, no debes dejar de hacerlo", asegura.

"Pero si hablamos de la salud y de quemar grasa, no hay color. El deporte siempre es caballo ganador", finaliza. Dicho esto, podemos recoger datos de estudios que han demostrado algunas 'bondades' de esta rutina de dar un remojón con agua fría para finalizar el baño diario.

Un ensayo en Países Bajos vio que quienes lo hacían durante 30-90 segundos durante 30 días seguidos faltaron un 29% menos al trabajo por enfermedad que el resto. Otro estudio de la Universidad Sur de Australia observó que las personas que seguían esta rutina reportaban puntuaciones de calidad de vida ligeramente más altas.

En todo caso, quien quiera sumarse a la ducha fría, lo mejor es empezar poco a poco, con 20 o 30 segundos de agua templada para luego ir aumentando el tiempo y bajando la temperatura. Y no sólo por la mañana, después de hacer ejercicio puede ayudar a sentir menos dolor muscular y a que la recuperación sea más rápida. ¿Te apuntas?