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La palabra cáncer sigue representando un tabú. A pesar de que es habitual —por desgracia— tener casos de esta enfermedad en el entorno familiar o de allegados, tratar el tema sigue siendo duro.

Según comenta la doctora Gema García García, del Servicio de Ginecología del Hospital Quirónsalud Infanta Luisa, es el tercer tumor ginecológico en incidencia y mortalidad, por detrás de los de endometrio y ovario.

No obstante, a pesar de su incidencia "es una de las neoplasias más prevenibles gracias al conocimiento de su etiología estudio de las causas u orígenes de las enfermedades— relacionada con el VPH, la disponibilidad de una vacuna profiláctica eficaz y la existencia de un cribado poblacional para su detección precoz", aclara la experta.

Sin embargo, la profesional comenta que persisten desigualdades importantes en el acceso a los programas de cribado. "Esto unido a las deficiencias en educación sanitaria y la desinformación sobre la vacunación contribuyen a que continúen diagnosticándose casos potencialmente evitables", especifica.

La experta del Servicio de Ginecología comenta que el VPH es la infección sexual más frecuente del mundo —más del 80% de la población la ha sufrido en algún momento de su vida—, siendo la prevención la mejor arma.

La prevención

En la patología de cáncer de cuello de útero, el ya citado virus del papiloma humano se encuentra tras la mayoría de casos, pero aún existe mucho estigma y desinformación.

"A pesar de ser una infección tan frecuente, continúa condicionada por prejuicios relacionados con la transmisión sexual, lo que dificulta su abordaje asistencial y social. Esta desinformación conlleva retrasos en la participación en programas de cribado y en el seguimiento de resultados anómalos, impactando negativamente en el diagnóstico y control de lesiones precursoras", añade la doctora García.

Imagen de archivo de una doctora pasando consultar. Foto de National Cancer Institute en Unsplash

Por otro lado, la OMS tiene como objetivo acelerar la eliminación del cáncer de cuello de útero como problema de salud pública, estableciendo como meta una incidencia anual inferior a 4 casos por cada 100.000 mujeres. Esta tasa, de acuerdo al Ministerio de Sanidad, se pretende alcanzar entre el año 2038 y 2046.

Este objetivo es alcanzable en países con sistemas sanitarios consolidados, como en España, siempre que se logre una alta cobertura vacunal, se implemente un cribado poblacional que incluya también la detección de VPH y sea accesible a todas las mujeres entre 25 y 65 años, y se garantice un seguimiento eficaz de las lesiones precursoras.

La vacunación frente al VPH en ambos sexos, la participación en los programas de cribado para la detección precoz y el seguimiento de las infecciones y las lesiones precancerosas es la mejor forma de prevención.

Factores clave

A pesar de que las medidas preventivas se promocionan cada vez más y se pretenden hacer más accesibles, es una realidad que no todas las mujeres tienen las mismas posibilidades y se generan una serie de desigualdades dependiendo del contexto de cada cual.

"Se dan especialmente en mujeres de mayor edad, menor nivel socioeconómico y residentes en áreas con menos posibilidades de llegar a los programas de cribado", detalla la doctora García.

Estos factores se traducen de forma lógica en menos participación en las estrategias preventivas que se trazan y, por lo tanto, mayor incidencia de diagnósticos en estadios avanzados, que siempre suponen un tratamiento más complejo y agresivo.

Por otro lado, también resulta esencial la aparición de mensajes confusos en redes sociales, donde información y desinformación se tutean, dando lugar a resultados no demasiado deseables y generando un contenido erróneo sobre salud ginecológica.

"Es fundamental ofrecer a las mujeres una orientación basada en la evidencia científica y guiarlas hacia fuentes sanitarias fiables, de modo que se favorezca la toma de decisiones informadas y la adecuada participación en los citados programas", explica la experta.

Imagen de archivo de una madre con su bebé. Foto de Hollie Santos en Unsplash

Igualmente, algo a tener en cuenta hoy en día y muy significativo es el hecho de que el diagnóstico del cáncer de cuello de útero se puede dar también en pacientes jóvenes que se encuentran en etapas vitales clave. Aquí aparece de fondo el deseo de la maternidad, por ejemplo. En este punto, las preguntas se multiplican.

El abordaje en estas pacientes debe ser multidisciplinar, integrando el tratamiento oncológico, la evaluación de estrategias para preservar la fertilidad cuando sea posible y el soporte psicológico especializado

Una mirada al futuro

Ahora, que desde el presente sólo parece que importa el día de mañana, para el que hay que comenzar a trabajar ya, es interesante valorar qué pueden hacer las nuevas herramientas por la prevención y el seguimiento médico de estas patologías.

"La aplicación de la inteligencia artificial en el análisis de la citología puede mejorar la reproducibilidad diagnóstica, facilitar la detección temprana de lesiones cervicales y reducir los tiempos de espera", comenta la profesional.