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Empezar el año con propósito deportivo es un imprescindible para gran parte de la población. En muchas ocasiones, se rige además por una serie de rituales que elevan la experiencia —y la motivación—: zapatillas nuevas, agenda reorganizada y una determinación que, con suerte, se extenderá más allá de las fronteras de enero.

"¿Has comenzado 2026 con buenos propósitos con el ejercicio? ¡Enhorabuena!", celebra Boticaria García. Sin embargo, en plena efervescencia de estas prácticas, conviene despejar el camino de falsas creencias que, lejos de ayudar, distraen del objetivo.

La primera es casi un clásico del gimnasio: pensar que si no hay agujetas, el entrenamiento no ha servido para nada. "Falso", sentencia. Estas conocidísimas microlesiones no son un medidor de eficacia y, dependiendo de diferentes factores, pueden aparecer o no. Y, aun así, es viable que el rendimiento mejore notablemente.

Se puede entrenar bien, progresar y no levantarse al día siguiente con la sensación de haber sido atropellada por un camión. El cuerpo aprende, se adapta y no siempre avisa con dolor.

Otro mito muy extendido tiene que ver con los suplementos, sobre todo hoy en día, que copan conversaciones, estanterías en los establecimientos pertinentes y consejos en redes sociales.

Hay quien piensa que sin ellos no hay avance posible. De nuevo, falso. Boticaria García lo matiza con claridad: existen complementos "muy recomendables", como la creatina o la proteína en polvo, y cuentan con "evidencia sólida". Pero el orden de prioridades no cambia. La base, insiste, "siempre será la dieta y el entrenamiento". Esta propuesta —de carácter extrano supone una sustitución del deporte ni de la buena alimentación.

El tercer error habitual aparece especialmente en redes sociales: entrenar en ayunas como fórmula mágica para quemar más grasa. La realidad es menos espectacular, ya que no existe una correlación al 100% como tal. Aunque puede que se dé en parte, eso no se traduce de forma automática en un mejor resultado a largo plazo, tal y como explica la divulgadora.

Imagen de archivo de una chica haciendo ejercicio. Foto de Josh Duke en Unsplash

En este aspecto, lo que importa, recuerda, es "el balance energético total". Lo demás son aparentes atajos.

Y, por último, los estiramientos. Durante años se les ha atribuido el poder casi milagroso de evitar las agujetas. Tampoco. "Pueden ayudar a la movilidad y a la flexibilidad", explica, pero no eliminan ni previenen esas microlesiones. Son útiles, sí, pero no hacen desaparecer el dolor muscular tardío.

En resumen, en la fórmula secreta de la práctica de ejercicio, lo que sirve es aplicar la máxima de menos mitos y más constancia. Entrenar sin obsesionarse —complicada labor hoy en día con la presión social, incluida la de las redes— con los resultados, con la nutrición o con la imagen que devuelve el espejo. El sufrimiento no tiene que marcar el camino, sino el disfrute y la desconexión.