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La llegada de la princesa Leonor a la Universidad Carlos III de Madrid es un acontecimiento que va mucho más allá de lo académico. Previo al comienzo de las clases, que se produjo el lunes 7 de septiembre, ha sido necesario desarrollar todo un protocolo de seguridad que garantice que la vida de la heredera en el campus goce de todas las garantías, sin limitar la rutina de los estudiantes y su libertad.

Todo un reto que implica llevar a cabo un encaje legal milimétricamente estudiado. El panorama actual al que se enfrenta la heredera al trono es muy diferente al que vivió el Rey cuando estudió en la Autónoma. La presencia masiva de teléfonos móviles y el uso de las redes sociales cambia por completo la situación y complica la rutina.

Las preguntas que surgen son variadas: ¿se puede prohibir el uso de los dispositivos?, ¿es posible restringir determinados actos o la libertad de expresión en lo que se refiere a la primogénita de los monarcas? Son cuestiones sobre las que elaborar un sistema que garantice su protección sin alterar el funcionamiento ordinario del campus de Getafe.

En principio, la operación es de 'mínima huella'. En ella, aúnan fuerzas el Servicio de la Casa SM el Rey, el propio centro y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Como sucedió con el entonces príncipe Felipe, se integran de paisano en las instalaciones del centro, sin entorpecer el ambiente universitario ni alterar la rutina académica.

La Policía Nacional vigila los exteriores y el uso de smartphones se regula por la normativa interna de la UC3M, el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) y la Ley Orgánica 1/1982 de protección del derecho al honor y la propia imagen, que prohíbe grabar o tomar fotografías en las aulas sin la autorización expresa del profesor o del resto de los alumnos.

La heredera al trono se ha integrado a la vida diaria del campus como una más. Gtres

Desde Magas, hemos hablado con Javier Guerrero, abogado experto y CEO de Guerrero & Asociados Abogados, para adentrarnos en la letra pequeña de la seguridad de la Princesa en Getafe. No se han instalado arcos de seguridad ni controles de acceso, precisamente para mantener cierta normalidad.

La clave, desde su punto de vista, está en la proporcionalidad: "La solución jurídica más razonable pasa por la coordinación institucional: la Universidad mantiene su autonomía y sus competencias organizativas, mientras que los servicios competentes desarrollan las medidas necesarias para garantizar la seguridad de Leonor".

Registros, ¿sí o no?

Una de las cuestiones que se le plantean al abogado es si estaría ajustada a legalidad la inspección de bolsos y mochilas de los estudiantes en aras de la protección de la heredera al trono. La respuesta es que no pueden ser controles discriminatorios.

"Las facultades de identificación y registro tienen que estar amparadas legalmente y respetar los principios de necesidad, idoneidad y proporcionalidad. La Ley de Seguridad Ciudadana regula determinados supuestos en los que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad pueden requerir de ello, pero no establece una carta blanca para efectuarlo de manera arbitraria", explica.

Libertad de expresión

La presencia de la princesa Leonor en la Universidad Carlos III no suspende ni limita por sí misma las garantías fundamentales de los estudiantes, que continúan plenamente vigentes.

"Los alumnos pueden expresar posiciones críticas con la Monarquía o con cualquier institución del Estado. En una democracia constitucional, la discrepancia y la crítica forman parte de la libertad de expresión. La mera existencia de una protesta contra la institución no constituye, por sí sola, una amenaza ni justifica automáticamente su prohibición o disolución", asegura Guerrero.

Otra cuestión distinta sería que una concentración derivase en conductas violentas, amenazas, delitos o una situación objetiva de riesgo. En ese caso, "entrarían en juego los mecanismos legalmente previstos y las autoridades competentes".

La seguridad puede adoptar las medidas necesarias para proteger a la Princesa, establecer perímetros o modificar determinadas dinámicas cuando exista una razón objetiva y justificada por el ordenamiento jurídico, "pero eso es muy diferente de atribuir a un servicio de escolta una facultad general para restringir o disolver una protesta política", matiza el abogado.

El campus de Getafe cuenta con espacios de ocio y jardines. Gtres

Grabaciones en el aula

Quizá sea este uno de los mayores desafíos. Durante la etapa de la Princesa en el UWC Atlantic College de Gales y en su paso por el Ejército se estableció un 'cordón sanitario' para evitar que se difundieran imágenes suyas, lo que limitó el uso de los dispositivos de sus compañeros.

En el campus de Getafe, la normativa existente prohíbe grabar en audio o vídeo, o fotografiar a profesores o alumnos dentro del aula o en las instalaciones académicas sin la autorización expresa de los implicados.

Además, la difusión no autorizada del contenido tomado dentro del campus (en redes sociales o plataformas de mensajería) constituye una infracción grave según el régimen disciplinario de la universidad, al margen de las posibles responsabilidades civiles o penales.

Por tanto, no se requiere ninguna norma especial para la heredera. Pero... ¿y si alguien se salta estas restricciones?

En este sentido, el abogado asegura que "grabarla deliberadamente dentro de un aula y difundirlo posteriormente puede plantear problemas relacionados con el derecho a la propia imagen, la intimidad y también con las normas internas de la propia universidad".

Sin embargo, eso no quiere decir que cualquier foto constituya automáticamente un delito: "Para determinar una eventual responsabilidad penal habría que analizar exactamente cómo se obtuvo, qué muestra, cuál era el contexto y qué finalidad tenía su difusión".

Leonor es una figura pública, pero eso no convierte su vida universitaria en contenido de libre difusión. "La pregunta esencial sería si existe un auténtico interés público en lo que se publica", explica.

Medidas excepcionales

La actualidad política y social a menudo interfiere en las actividades de los miembros de la Casa Real. Manifestaciones, protestas, alteraciones del orden... La universidad puede verse afectada por estos acontecimientos y la presencia de la futura reina hace que se requiera de una protección más específica.

Si viajamos en el tiempo, cuando el entonces príncipe Felipe comenzó su carrera de Derecho en la Autónoma, la problemática del terrorismo de ETA estaba en auge, lo que obligó a extremar las precauciones. Había escoltas de paisano en la facultad y un control perimetral en los accesos por parte de la Policía y la Guardia Civil.

Ahora, la situación es bien distinta aunque la presencia de seguridad de incógnito en el aula y las zonas comunes persisten. De darse alguna circunstancia que entrañe cierto riesgo, ha de haber, nuevamente, una colaboración entre todos los agentes implicados.

"La Casa de S.M. el Rey, a través de su Servicio de Seguridad, tiene encomendada la misión de actuar de forma inmediata de los miembros de la Familia Real y mantiene la coordinación necesaria con los órganos del Estado competentes en esta materia. Pero eso no significa que sustituya a las autoridades legalmente competentes en materia de orden público", informa el CEO de Guerrero & Asociados Abogados

El Rectorado tiene competencias sobre el funcionamiento y la organización de la institución universitaria, y la vigilancia privada del centro desarrolla las funciones que, por ley, le correspondan.

"Ahora bien, si hablamos de una auténtica alteración del orden público que requiere una intervención policial, la respuesta corresponde a las autoridades y Fuerzas y Cuerpos de Seguridad competentes", asegura.

La princsa Leonor, con el rector de la Universidad Carlos III de Madrid Ángel Arias Hernández y otras autoridades. Casa Real

Encontrar un equilibrio

La llegada de la princesa Leonor a la Universidad Carlos III, por tanto, exige conciliar dos realidades perfectamente compatibles: por un lado, la obligación del Estado de garantizar la seguridad de la heredera de la Corona; por otro, el respeto a la autonomía universitaria y a los derechos fundamentales de toda la comunidad académica.

Al margen de estas cuestiones, la primogénita de Felipe VI y la reina Letizia trata de vivir con total naturalidad esta nueva etapa de su vida, en la que disfrutará de pinceladas de normalidad participando en el día a día universitario. Charlas en los pasillos, visitar la cafetería, trabajos en común, apuntes compartidos...

En este primer curso, dividido en dos cuatrimestres, tendrá asignaturas como Derecho Constitucional, Introducción a la Ciencia Política o Técnicas de Investigación en Ciencias Sociales. Lo habitual es tener tres clases por día, con una duración aproximada de 90 minutos.

Un calendario académico exigente que la Princesa de Asturias afronta como una estudiante más dentro del aula, mientras fuera de ella, el Estado y la Universidad velan por que la seguridad y el derecho a la educación convivan en perfecta simbiosis.