La muerte del rey Harald V abre una nueva etapa en la monarquía de Noruega. Tras 35 años al frente de la corona, deja paso a una nueva generación encabezada por soberano, Haakon VIII, la reina consorte, Mette-Marit, y la princesa heredera, Ingrid Alexandra, convertida en una figura clave dentro de la Casa Glücksburg.
En espera del momento de la proclamación de los actuales soberanos y de que la agenda institucional se reorganice tras el funeral de Estado, las tiaras del joyero real adquieren un especial significado, más allá del lujo y la ornamentación.
Cada una de estas joyas guarda un pedazo de la historia de la monarquía y algunas de ellas han acompañado a reinas y princesas durante siglos.
La primera que luzca Mette-Marit ya como reina será de especial importancia por el mensaje que conlleva. Lo mismo sucederá con su primogénita, llamada a ser la próxima jefa de Estado del país en un mapa real que estará lleno de mujeres: ella misma, la princesa Leonor, Victoria de Suecia, Amalia de Holanda y Elisabeth de Bélgica, todas aspirantes al trono.
Repasamos las siete más importantes y lo que simbolizan en la evolución de la institución. Con la llegada de la nueva reina y heredera, pasarán a formar parte de su imagen institucional y algunas debutarán en sus cabezas durante el cumplimiento de sus deberes.
La gran tiara de esmeraldas
La reina Sonia, con la gran tiara de esmeraldas.
Considerada como la más espectacular de la Casa Real y una de las preferidas de la reina Sonia de Noruega, reservada para las grandes ocasiones. En realidad se trata de un parure que incluye collar, pendientes y broche. Combina diamantes con las gemas que le dan nombre, con motivos vegetales y arabescos.
Su origen es discutido. Procede del siglo XIX y la teoría más extendida es que perteneció a la emperatriz Josefina, esposa de Napoleón Bonaparte y que fue creada por el joyero francés Bapst.
Posteriormente, la tiara estuvo vinculada a Augusta de Baviera, esposa de un hijastro de Napoleón III y, tras su muerte, pasó a su hija Amelia. Esta la legaría a su hermana Josefina, que se casó con Oscar I de Suecia.
De este modo, pasaron a la Casa Bernadotte, concretamente a la princesa Ingeborg. Ella hizo algunas modificaciones: quitó las esmeraldas laterales de la diadema para hacer unos pendientes.
Como siempre sucede con estas alhajas, pasó a su hija Märtha, casada con el entonces príncipe heredero Olav de Noruega; y de ella a la princesa Astrid.
Cuando Sonia se unió en matrimonio con Harald, en 1968, comenzó a incorporar la tiara y el resto de las piezas en sus looks reales. La lució en el enlace de Carlos Gustavo y Silvia de Suecia y en la de los actuales reyes, Haakon y Mette-Marit.
En sus últimos retratos oficiales también lleva el parure completo. De momento, Mette-Marit nunca la ha llevado, quizá lo haga pronto.
La tiara de diamantes de Josefina
Sonia, con la tiara de diamantes en su etapa de princesa.
Una importante joya histórica de estilo neoclásico con diamantes montados sobre una base de oro y plata. De cada arco cuelga uno en talla briolette, es de tamaño mediano y bastante ligera.
Como la anterior, está conectada con la familia de Napoleón. El historiador noruego Trond Norén Isaksen considera que perteneció a Josefina de Leuchtenberg, nieta de la emperatriz Josefina. Su viaje hasta llegar a Noruega pasa, nuevamente, por la Casa Real de Suecia.
La viuda del rey Harald la escogió para sus primeros retratos oficiales como princesa heredera tras su boda. Durante las últimas décadas, la ha utilizado en visitas de Estado y en varios enlaces, entre ellos el primero de su hija, la princesa Märtha Luisa —con Ari Behn, de quien se divorció en 2016—.
La tiara Daisy de Mette-Marit
La reina consorte con la tiara el día de su boda y en un banquete de Estado.
La que más valor sentimental tiene para la nueva reina consorte de Noruega, pues fue un regalo del fallecido monarca y su esposa por su boda con el entonces príncipe Haakon. A diferencia de las anteriores, no es una antigua joya heredada, sino una compra que se realizó en 2001. Pero, aun así, tiene su historia.
Se considera que fue fabricada alrededor de 1910 por la joyería londinense Garrard y es de estilo eduardiano. Su nombre, Diamond Daisy Bandeau, se lo debe precisamente a las margaritas de diamantes y es discreta y elegante a la vez.
Mette-Marit la llevó el día de su boda en la catedral de Oslo, el 25 de agosto de 2001, y ha sido protagonista de su look en muchas ocasiones. Sin duda, es su preferida para asistir a bodas de la realeza europea, así como en banquetes de Estado y retratos oficiales.
El parure de amatistas
La Princesa, en un retrato oficial.
A diferencia de otras joyas históricas de la dinastía, este conjunto fue adquirido por Harald de Noruega en la década de los 90 para su esposa. Ella lo incorporó a la colección real para que pudiera ser lucido por otras mujeres de la Casa Glücksburg.
Su originalidad estriba en que se trata de un collar rígido convertible en tiara, formado por amatistas con base de oro blanco y platino. Consta de pendientes, pulseras y un broche a juego. La diadema ha coronado las cabezas de la reina Sonia, Mette-Marit y la princesa Märtha Luisa de Noruega, que lució el parure completo en la boda de Victoria de Suecia.
De momento, la heredera Ingrid de Noruega nunca la ha lucido.
La tiara de la Cruz de Malta
La reina Sonia, en una visita a Eslovenia en 2011.
Realizada por la firma Garrard para la reina Alejandra de Gran Bretaña, la pieza original incorporaba la cruz de Malta de diamantes como motivo diferencial, además de la flor de Lis. Tras su fallecimiento, se la legó a su hija Maud, que la modificó quitándole los ornamentos vegetales.
Pese a su espectacularidad, se puede llevar sólo como diadema simple, porque las cruces son desmontables. El fallecido Harald V la heredó de su abuela y su esposa, la reina Sonia, la ha llevado en sus dos versiones en algunos banquetes de Estado.
La tiara de perlas
En realidad, la pieza originaria no existe porque fue robada en 1995, pero su historia permanece en la réplica que la casa Garrard realizó tras el suceso. La diadema fue un regalo de bodas a la reina Maud en 1896, por parte de sus padres, los futuros reyes Eduardo VII y Alejandra de Inglaterra.
Es de estilo art nouveau, realizada con diamantes rematados con perlas en forma de lágrima. Tiene dos versiones, ya que se puede llevar con la estructura elevada o una opción de menor tamaño retirando la parte superior central.
Esto refleja el rol de quien la porta: la reina Sonia suele usarla con todas las piezas, mientras que, hasta ahora, Mette-Marit se decantaba por la segunda opción. También Märtha Luisa la eligió así para su primera boda en 2002.
La tiara Boucheron
Otra joya muy especial para la monarquía noruega y, sobre todo, para la actual princesa heredera, Ingrid Alexandra, que la recibió como regalo de 18 cumpleaños y posó con ella para sus retratos oficiales.
Su origen data de 1900, cuando el príncipe Carlos de Suecia la adquirió en la Exposición Universal de París para su esposa, la princesa Ingeborg. Buscaba una pieza ligera y cómoda para ella y la encontró en esta diadema formada por arcos y rosetas de platino entrelazados con diamantes de corte brillante.
Se le añadieron perlas fijas y colgantes en forma de botón para aportarle movimiento. La Boucheron Pearl Circle Tiara fue heredada por la princesa Ragnhild, hermana del rey Harald.
Al fallecer en 2011, sus hijos la conservaron y en 2022 decidieron obsequiar a Ingrid Alexandra para respetar los deseos de su madre, que quería que la joya continuara en la línea principal de la sucesión.
A tenor de este repaso, podemos leer entre líneas lo que suceda en esta etapa de los Glücksburg.
Cada vez que Mette-Marit elija la majestuosidad de las esmeraldas de Josefina para un banquete de Estado, o cuando Ingrid Alexandra estrene alguna de las citadas tiaras, no sólo estarán luciendo piezas de alta joyería sino reivindicando la herencia de las mujeres que las precedieron.
