Elena Pérez
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Este martes, 17 de febrero, Madrid ha acogido una de esas citas que pasan a formar parte de la memoria colectiva del país. Los Reyes han presidido en el Congreso de los Diputados el acto conmemorativo por los 47 años de vigencia de la Constitución de 1978, justo en la semana en la que el texto se convierte oficialmente en el más duradero de la historia de España.

Una jornada solemne, cargada de significado, en la que doña Letizia ha vuelto a mostrar su perfil más institucional y su firme vinculación con los valores democráticos. A su llegada al Palacio de la Carrera de San Jerónimo, Felipe VI y ella han sido recibidos por las principales autoridades del Estado.

Entre ellas, la presidenta del Congreso, Francina Armengol; el presidente del Senado, Pedro Rollán; y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, quien ha participado en el acto junto a todos los ministros de su gabinete. Ya en el Salón de los Pasos Perdidos, han saludado al líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo y a representantes de ambas cámaras.

Este homenaje ha reunido a figuras clave de la historia política reciente del país, como los expresidentes del Gobierno Felipe González y José María Aznar; y Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón y Miquel Roca i Junyent, los dos únicos padres de la Constitución que continúan con vida.

Ambos han querido estar presentes en esta jornada histórica, que reconoce la vigencia de un texto que marcó el inicio de la democracia contemporánea en España.

Felipe VI, fotografiado durante su intervención en el Congreso. Chema Moya EFE

El momento central ha llegado con la intervención de Felipe VI, que ha puesto el foco en el valor democrático de la Constitución y en su papel como marco de convivencia durante casi cinco décadas. "La mayor parte de la memoria y biografía de nuestra sociedad es ya esencialmente constitucional y democrática", ha afirmado el monarca.

El Rey ha insistido en que la clave de su vigencia reside en su origen. "Hoy celebramos la voluntad del pueblo español libremente expresada en las urnas. Esa credencial democrática es la clave de su duración", ha señalado. Y ha concluido con una idea clara: "La mejor manera de conmemorar la Constitución es cumplirla".

Durante toda la intervención, la reina Letizia ha permanecido seria y atenta, siguiendo el discurso de su esposo con gesto de concentración y acuerdo. Su actitud, sobria y plenamente institucional, ha estado a la altura de un momento en el que, pese a la ausencia de discursos, su presencia acompañando a Felipe VI no ha pasado desapercibida.

Tras el acto, el matrimonio real ha formado parte del grupo que ha visitado la exposición Nuestra Constitución más longeva. Un proyecto, un consenso, un país de derechos y libertades, instalada en el propio Congreso de los Diputados. Ha sido en este recorrido donde doña Letizia ha dejado ver una faceta más atenta y cercana.

La Reina se ha detenido en varios puntos de la muestra, observando con detenimiento documentos históricos, imágenes y elementos clave del proceso constituyente. Muy implicada, ha seguido las explicaciones con interés, intercambiando impresiones con las autoridades y responsables de la exposición.

En un momento de la visita, la consorte ha protagonizado un gesto espontáneo al saludar a uno de los cámaras presentes en la sala, tal vez excompañero del sector de los medios en el que una vez trabajó, en una muestra de naturalidad que no ha pasado desapercibida. Un detalle que refleja su cercanía incluso en un entorno marcado por la solemnidad.

Su lenguaje corporal, medido y respetuoso, ha acompañado el carácter simbólico de una jornada que pone en valor el texto que ha vertebrado la democracia española durante casi medio siglo.

Elegancia en clave institucional

Para esta cita, la Reina ha vuelto a demostrar su dominio del lenguaje institucional también a través de la moda. Ha recuperado un traje en azul marino, una tonalidad asociada a la formalidad y la estabilidad. Tejido en tweed, lo componía una chaqueta estructurada de manga francesa, cuello solapa y cintura entallada, y una falda recta de largo midi.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, la presidenta del Congreso, Francina Armengol, y el presidente del Senado, Pedro Rollán, reciben a los Reyes a su llegada para presidir el acto. Fernando Villar EFE

De firma desconocida, no es un conjunto nuevo en su armario: ya lució el año pasado —en un encuentro con el presidente de Egipto—, lo que confirma una vez más su apuesta por la reutilización consciente de prendas clave de su armario, incluso para presidir actos de máximo nivel.

En cuanto a las joyas, ha optado por unos pendientes de diamantes, oro blanco y aguamarinas de la joyería madrileña Aldao. En esta ocasión, ha prescindido de la lágrima colgante, apostando únicamente por la parte superior, en una decisión que aporta mayor discreción al conjunto y se ajusta al carácter del acto.

Ha completado el estilismo con el bolso Mika de Magrit —una de sus marcas de referencia en lo que a este complemento respecta— y unos salones a juego de tacón kitten que terminan de completar su uniforme. El resultado, como siempre cabe esperarse de la royal, ha sido una imagen clásica, muy medida y acorde con el significado de la jornada.